Mi?rcoles, 11 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Francisco Polti, obispo de santiago del estero, en la solemnidad de Nuestra Se?ora del Carmen, patrona de la parroquia catedral bas?lica (16 de julio de 2010). (AICA)

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SE?ORA DEL CARMEN

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo, el Hijo de Dios y de la Virgen Mar?a:

Como Pueblo de Dios que peregrina en Santiago del Estero, signo de unidad, nos acercamos a la Mesa del Altar presidida por Jesucristo, el Sumo y Eterno Sacerdote, de quien recibimos el pan de la Palabra y el pan de la Eucarist?a.

En esta ocasi?n nos llegamos a la Catedral para venerar a Nuestra Se?ora del Carmen, Patrona de esta parroquia y de esta querida ciudad capital de Santiago del Estero. Ella es la Madre de Dios y nuestra Madre, que siempre camina al lado de todo hombre y mujer de buena voluntad.

Mar?a, por su maternidad divina, es la mujer privilegiada, adornada con grandes dones. Ante todo, la Virgen Madre de Dios y de la Iglesia, se destaca por la fe. ?Acaso la vida de Mar?a no est? completamente impregnada de fe? El saludo de Isabel lo confirma: ?Dichosa la que ha cre?do? (Lc. 1,45). Es el mayor elogio que se le puede hacer a Ella, cuya vida discurre totalmente en la esfera de la fe. En esta homil?a me quer?a detener en esta virtud de Nuestra Se?ora, ya que Mar?a se convierte para cada uno de nosotros, queridos hermanos, en maestra de fe.

En estos d?as hemos podido comprobar, como afirma nuestro objetivo diocesano, que nuestra fe se encuentra amenazada, debido a que se contrapone la fe a la raz?n, cuando en realidad se implican y se necesitan mutuamente.

Dios dot? al hombre y a la mujer con la capacidad de pensar, y espera que cada uno de nosotros hagamos uso de este don. Hay dos formas de abusar de la capacidad de pensar. Una, es no utilizarla. Una persona que no ha aprendido a hacer uso de su poder de raciocinio acepta, como verdad evang?lica, todo lo que lee en los diarios, revistas, televisi?n y dem?s medios de comunicaci?n social; no obstante resultar indudable la inexactitud de las noticias. En otras palabras, esta persona que no piensa prefiere que le den hechas sus propias opciones.

En el otro extremo est?n el hombre y la mujer que de la raz?n hacen un dios verdadero. Es la clase de persona que no creer? en nada que no pueda ver y comprender. Nada es cierto, a menos que ?tenga sentido? para ?l, a menos que tenga buenos resultados aqu? mismo y en este momento.

Es cierto que la virtud de la fe misma -la ?capacidad? de creer- es una gracia, un don de Dios. Pero la fe adulta est? basada en el razonamiento; no es una derrota de la raz?n,

Nuestra fe est? amenazada y hoy es tiempo de batirse en un desaf?o de afirmaci?n de la fe, una fe espiritual y doctrinal, intacta y un?voca, aparentemente anacr?nica e incomprensible, pero irradiante de verdad y expresable con una pluralidad de lenguaje siempre fresco; un desaf?o -dec?a el Papa Pablo VI- que tiene como contrincante al mundo secularizado, gigantesco y contorsionado, de nuestros d?as.

Nuestra fe en Jesucristo implica el ser consciente de que hay valores, como afirmaba el Santo Padre en su primera Enc?clica ?Dios es amor?, que no son negociables: ?el matrimonio constituido por un hombre y una mujer, la vida desde el primer instante de su concepci?n hasta su muerte natural, la educaci?n de los hijos por parte de sus padres, y el Bien com?n?.

En estas jornadas pudimos observar como la familia se encuentra amenazada por fuerzas disgregadoras, tanto de ?ndole ideol?gica como pr?ctica, que hacen temer el futuro de esta fundamental e irrenunciable instituci?n y, con ella, por el destino de toda la sociedad. Por tanto, hoy m?s que nunca, tenemos la gran necesidad de conocer nuestra fe y la gran necesidad de testimoniar nuestra fe.

Necesidad de conocer nuestra fe

Esta confusi?n de los sistemas ideol?gicos nos obligan a cada uno de nosotros, como disc?pulos-misioneros de Jesucristo, como un deber fundamental a instruirnos en todo lo tocante a las verdades de la religi?n. Es una necesidad imperiosa que conozcamos mejor nuestra fe.? La formaci?n religiosa no debe terminar con la edad infantil, ni con la catequesis de la iniciaci?n cristiana; debe progresar con la vida hasta la edad adulta, como nos recuerda el Concilio Vaticano II. Es necesario hasta la ?ltima hora la escucha atenta y sensible de la Palabra de Dios.

Necesidad de testimoniar nuestra fe

Todo seguidor de Jesucristo est? obligado a dar testimonio de su fe; profesando la propia fe con los actos, con el ejemplo, con la palabra.

Debemos estar atentos a no caer en el? peligro de la esquizofrenia de la vida de fe. Puede sucedernos que separemos nuestra vida social-familiar, de la vida de hijos de Dios, de la vida cristiana; que nos olvidemos de que somos cristianos las 24 hs. del d?a, y que todo lo que hacemos debe estar impregnado de la fe.

Asimismo, como afirmaba el Papa Benedicto XVI ante un grupo numeroso de j?venes: ?la fe y oraci?n no resuelven los problemas pero permiten afrontarlos con nueva luz y con nueva fuerza, de manera digna del hombre, y tambi?n de un modo sereno y eficaz. Si contemplamos la historia de la Iglesia, veremos que es rica en figuras de santos y beatos que, precisamente partiendo de un dialogo intenso y constante con Dios, iluminados por la fe, supieron hallar soluciones creativas, siempre nuevas, para dar respuesta a necesidades humanas concretas en todos los siglos: la salud, la educaci?n, el trabajo, etc.

Acudimos, una vez m?s, a Nuestra Se?ora del Carmen, mujer de fe, para que nos consiga de su Hijo Jesucristo, el aumento de nuestra fe, la fortaleza para conocer y vivir de la fe y nos ayude a ser valientes para testimoniar, con nuestras palabras y acciones, la ?nica y verdadera fe de Jesucristo, el Se?or de la vida y de la historia. As? sea.

?

Notas:

Cfr. PABLO VI, La renovaci?n eclesial, idea clave del Concilio, 4-VIII-1971.

BENEDICTO XVI, Dios es amor.

?Cfr. JUAN PABLO II, Santo Rosario de la Virgen Mar?a, 6.

?Cfr. CONCILIO VATICANO II, Christus Dominus, 14.

?BENEDICTO XVI, Encuentro del Papa con los j?venes en Sulmona, 11-VII-2010.

?


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Homil?as
 | Enviar