Lunes, 16 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero en la Solemnidad de Santiago Ap?stol (Catedral-Bas?lica Nuestra Se?ora del Carmen, 25 de julio de 2010). (AICA)

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO AP?STOL??????????????

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo,

? D?as atr?s nos reun?amos alrededor de este Altar de la Catedral Bas?lica para celebrar a Nuestra Se?ora del Carmen, titular de esta parroquia. Hoy el Se?or nos llama a participar del pan ?nico y partido para recordar el ejemplo de fe, esperanza y caridad, del Ap?stol Santiago, patrono de esta querida di?cesis y de esta provincia civil.

? En aquella festividad de Nuestra Se?ora les habl? de la fe grande de Mar?a y los invitaba a cultivarnos en la fe y testimoniarla en todos nuestros lugares cotidianos, evitando la doble vida -la esquizofrenia- entre la vida espiritual y social-cultural.

? A trav?s del testimonio de Santiago ap?stol, el Mayor, me quer?a detener en otra virtud teologal, como es la esperanza. Una tradici?n, que se remonta a san Isidoro de Sevilla, nos transmite el anuncio de la Buena Noticia en las actuales tierras de Espa?a, las grandes dificultades para implantar la semilla del Reino, y la consolaci?n de Nuestra Madre, la Virgen Mar?a, que se le aparece para fortalecer su esperanza.

? Se puede palpar entre nosotros aquellas palabras que tantas veces repetimos en la oraci?n por la Patria: ?nos sentimos heridos y agobiados? ante las situaciones dif?ciles que atraviesa nuestra naci?n. Al mismo tiempo podemos advertir una necesidad dolorosa y, en cierto sentido, prof?tica de esperanza, como respiro para vivir. Sin esperanza no se vive. La actividad del hombre est? m?s condicionada por la espera del futuro, que por la posesi?n del presente.

? A pesar de las leyes como las votadas la semana pasada, la causa del hombre no s?lo no est? perdida, sino que se encuentra en clara ventaja. Las grandes ideas, que son faros del mundo moderno, no se apagar?n, siempre habr? voces que har?n resonar, como lo pudimos ver en nuestras plazas, que defender?n la dignidad de la persona humana. S?, la dignidad de la persona humana ser? reconocida no s?lo formalmente, sino realmente.

Queridos hermanos y hermanas, cuando llegu? a esta querida di?cesis de Santiago del Estero, hace ya cuatro a?os, les propon?a unos desaf?os pastorales, que algunos de ellos coinciden con los valores no negociables que propuso m?s tarde el Santo Padre Benedicto XVI. No se trat? de inventar un nuevo programa. El programa existe; es el de siempre, recogido por el Evangelio y la tradici?n viva. Hoy, m?s que nunca, me parece bueno recordarlos, ya que no han perdido vigencia; todo lo contrario, necesitan mucho m?s de nuestro empe?o para defenderlos. Necesitamos de la esperanza, de esa esperanza que no defrauda (Rm. 5,5) para afrontar con fortaleza los siguientes desaf?os:

a) La Iglesia como ?casa y escuela de comuni?n?

Recordemos que la tarea de construir la comunidad eclesial, de hacer de Santiago ?casa y escuela de comuni?n? es tarea de todos los cristianos, coordinados y conducidos por los pastores unidos al obispo.

En esta vida de comuni?n con el Se?or y la Iglesia, el presb?tero significa en el seno de su comunidad la presencia de Jes?s que congrega a su pueblo.

Por su parte la vida consagrada tiene una misi?n insustituible, tiene una especial vocaci?n a la comuni?n a trav?s de los carismas de sus institutos religiosos.

En nuestra Iglesia particular todos tienen que tener un lugar. Como padre, pastor y hermano, ?quiero que quepan todos! Que nuestros corazones puedan contemplar el Misterio de la Trinidad y reconocerlo en cada hermano que est? a nuestro lado. ?Qu? sepamos ?dar espacio? a todos nuestros hermanos!

b) La promoci?n de la familia

Otro desaf?o son nuestras familias que se encuentran -como dec?a Juan Pablo II y lo coment? la semana pasada- amenazadas, cada vez m?s, por fuerzas disgregadoras.

La familia, peque?a Iglesia dom?stica tiene que llegar a ser el lugar donde los padres transmitan los valores de la fe y aut?ntica escuela de humanidad.

Mi anhelo es que el Se?or bendiga los hogares,? donde las j?venes generaciones encuentren un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor, y que ?stos sean un ?mbito donde Dios pueda llamar a los hijos a la vida sacerdotal o religiosa; y que los hijos, a su vez, puedan dar una respuesta de entrega generosa.

c) La defensa de la vida, desde el primer momento hasta el ?ltimo instante

Tambi?n la defensa de la vida nos compromete: El ?Evangelio de la vida est? en el centro del mensaje de Jes?s?. Frente a una cultura de la muerte que se quiere imponer en nuestra sociedad, los cristianos no nos podemos quedar de brazos cruzados; tenemos la responsabilidad de elegir a favor de la vida, y de anunciar que la vida es un don de Dios, y que El es su fuente y su meta.

d) Los pobres, enfermos y ancianos como destinatarios privilegiados de la Evangelizaci?n

En la defensa de la vida, los m?s necesitados nos interpelan de modo especial. Como repetimos tantas veces en la liturgia: ?El Se?or manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los peque?os y los pecadores. El nunca permaneci? indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de tu amor??.

Los animo a que nos preguntemos: ?cu?l es nuestra actitud? ?C?mo deber?a ser?

El Santo Padre Benedicto XVI nos responde: ?La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideolog?as. No es un medio para transformar el mundo de manera ideol?gica y no est? al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualizaci?n aqu? y ahora del amor que el hombre siempre necesita?.

Por eso, debemos apostar por el amor. Por un amor activo y concreto hacia cada hombre y cada mujer. Un amor que no excluya a nadie, que tenga la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con todos, que sea un compartir fraterno.

e) La participaci?n activa en la construcci?n del bien com?n

Por ?ltimo, me quiero referir a otro desaf?o que tenemos entre nuestras manos. Es el esfuerzo que debemos poner para interpretar la realidad social a la luz del Evangelio y seguir trabajando para ofrecer nuestra contribuci?n a dar soluciones a diversos temas en la sociedad actual.

? Santiago Ap?stol asumi? con todas sus consecuencias y con gran entusiasmo el seguir a Cristo por los caminos que ?l le se?al?. Puso todas sus fuerzas y su disponibilidad para dar testimonio de Jes?s Resucitado con valent?a, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. Ese Jesucristo que Santiago anunci? no es sue?o, no es utop?a, no es mito; es realismo evang?lico. Y sobre este realismo evang?lico, nosotros, sus disc?pulos-misioneros, fundamos nuestra concepci?n de la vida, de la historia, de la misma civilizaci?n terrena, que nuestra esperanza transciende, pero al mismo tiempo estimula en sus intr?pidas y confiadas conquistas.

? Mar?a, Madre del Consuelo, como hizo en aquel momento con Santiago, el Mayor, se hace eco de la voz de Cristo vencedor y nos susurra sus palabras en nuestros o?dos: ?tengan confianza, Yo he vencido al mundo? (Jn 16, 33); y la del int?rprete evangelista: ?Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe? (Jn 5, 4); entendiendo aqu? por mundo, todo lo que la escena natural de la existencia humana tiene de caduco y de malo.

El ?reino? de Jes?s era distinto de c?mo lo hab?an podido imaginar los hombres. Este ?reino? comenz? en aquella hora y ya nunca tendr?a fin. Por eso t? -Mar?a- permaneces con los disc?pulos como madre suya, como Madre de esperanza. Junto a Santiago ap?stol te decimos ?Santa Mar?a, Madre de Dios, Madre nuestra, ens??anos a creer, esperar y amar contigo. Ind?canos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y gu?anos en nuestro camino? As? sea.?

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero

Notas:

CEA, Navega Mar Adentro, 83.
JUAN PABLO II, Ecclesia in America, 39
Cfr. JUAN PABLO II, El Rosario de la Virgen Mar?a, 6
Cfr. CEA, Navega Mar Adentro, 97.
JUAN PABLO II, Enc?clica Evangelium Vitae, 1.
Plegaria Eucar?stica V/c.
BENEDICTO XVI, Enc?clica Dios es amor, 31.
Cfr. PABLO VI, Un grito prof?tico de esperanza para el mundo, Radiomensaje pascual, 11-IV-1971.
Cfr. BENEDICTO XVI, Enc?clica Salvados en la esperanza, 50.

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Publicado por verdenaranja @ 22:25  | Homil?as
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