Lunes, 16 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza, en la solemnidad de Santiago Ap?stol, Patrono de Mendoza (25 de julio de 2010). (AICA)

CAMINEMOS CON SANTIAGO, DISC?PULO Y MISIONERO DE FORTALEZA Y ESPERANZA

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1. La primera lectura alude fugazmente el martirio del Ap?stol Santiago: el rey Herodes lo manda decapitar para calmar la ira que despierta la predicaci?n del nombre de Jes?s.

La comunidad apost?lica vive su fe en medio de una situaci?n de confrontaci?n, de rechazo y de persecuci?n. El poder trata de acallar el anuncio de la fe. La respuesta apost?lica es clara y contundente: ?Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres? (Hch 5,29).

Caminar con Santiago, como expresa el lema elegido para este a?o, significa seguirlo por este camino de testimonio y de valent?a apost?lica. Tambi?n lo hemos destacado en el lema, al se?alar dos virtudes que son t?picas del que asume el anuncio misionero como vocaci?n propia: la fortaleza y la esperanza. Fuertes, con la fortaleza de Cristo crucificado. Pose?dos por la gran esperanza que sostiene el caminar del hombre, incluso en medio del fracaso: la esperanza que es Cristo.

2. En la segunda lectura, es el Ap?stol San Pablo el que confirma este mensaje: la vocaci?n apost?lica acredita su verdad y su validez precisamente cuando el ap?stol se configura con Jes?s, pobre, humillado y perseguido.

Releamos sus palabras: ?Porque nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jes?s, para que tambi?n la vida de Jes?s se manifieste en nuestro cuerpo.? (2 Co 4,7-10).

3. Santiago, junto con su hermano Juan, escuch? en un momento clave de su vida, una pregunta de labios de Jes?s, que conten?a un desaf?o formidable, pero que tambi?n encerraba en ella el misterio de su propia vocaci?n y misi?n, en definitiva el misterio de su verdad como persona.

La pregunta tambi?n la hemos escuchado nosotros, al proclamarse el santo Evangelio: ??Pueden beber el c?liz que yo beber??? (Mt 20,22). Est? dirigida tambi?n a nosotros.

En la tradici?n b?blica, la expresi?n: ?beber el c?liz?, significa: compartir el mismo destino, la misma suerte, comulgar en el camino de la vida.

En realidad, esta invitaci?n a unirse tan ?ntimamente a Jes?s hasta compartir con ?l su suerte final, estaba ya encerrada en aquella palabra perentoria, que el joven Santiago escuch? a orillas del lago, cuando con su hermano, su padre Zebedeo, y otros trabajadores, estaban echando mano a las redes, porque eran pescadores. Jes?s les dijo sencillamente: ?S?ganme? (Mc 1,17).

Esto significa ser disc?pulo de Jes?s: caminar con ?l, vivir en la amistad y comuni?n de vida con ?l, guiados por su Esp?ritu que infunde en nuestros corazones sus mismos sentimientos.

4. Los cat?licos veneramos a los santos como modelos e intercesores. Nos acercamos a ellos como a maestros de vida, que nos ense?an a vivir el Evangelio. Hermanos mayores que nos tienden una mano para ser fieles al estilo de vida de Jes?s en las circunstancias concretas de hoy.

Cada 25 de julio, los cat?licos mendocinos veneramos al Patr?n Santiago, reconociendo en ?l, a un amigo de Jes?s, un maestro de vida seg?n el Evangelio, y a un compa?ero de camino, que ha acreditado la autenticidad de su mensaje con el testimonio de su sangre derramada por Cristo.

Al reunirnos para la procesi?n y la Misa, volvemos a tomar conciencia que la fe en Cristo nos une en una familia. Nos hace Iglesia. Volvemos a tomar conciencia de la misi?n nunca acabada de la Iglesia que es, como los ap?stoles y con ellos, la de anunciar el Evangelio que despierta la fe: ?Dios ama al hombre! ?Cristo nos ha redimido con su Sangre! ?El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Esp?ritu Santo que nos ha sido dado!

Como Iglesia Diocesana de Mendoza, damos gracias a Dios por los frutos de vida que la predicaci?n del Evangelio ha producido en esta hermosa tierra cuyana. Damos gracias por tantos hombres y mujeres de fe que han ofrecido a sus hermanos el testimonio luminoso de la cercan?a de Dios que transforma y humaniza la vida.

Suplicamos tambi?n, unidos al Ap?stol Santiago, la gracia de permanecer fieles a la fe que nos legaron los ap?stoles y que nosotros hemos recibido de nuestros padres; fieles a la fe como norma y estilo de vida, especialmente cuando la cultura dominante se aleja del Evangelio, o intenta domesticarlo adapt?ndolo a los dict?menes del esp?ritu del tiempo.

5. Para concluir, quisiera referirme a la reciente reforma del C?digo Civil que equipara la uni?n de personas del mismo sexo al verdadero matrimonio.

Ante todo, un enorme ?gracias? a todas las personas que, en estas semanas tan intensas, se movilizaron para expresar p?blicamente la riqueza inigualable del amor conyugal del hombre y la mujer. Fueron, en su mayor?a, laicos: padres y madres de familia, pero tambi?n muchos j?venes.

En segundo lugar, quisiera expresar la tristeza y desaz?n que signific?, para un n?mero considerable de ciudadanos, el resultado final en el Senado. Muchos interrogantes quedan abiertos. Tambi?n muchos aprendizajes para el futuro, sobre todo para el ejercicio c?vico del voto.

Por ?ltimo, una valoraci?n de la mencionada ley. Para la conciencia cristiana, se trata de una ley injusta que contrar?a gravemente el orden moral. El fin leg?timo de buscar la igualdad de las personas, ha echado mano de un medio il?cito: borrar la distinci?n y complementariedad de los sexos como rasgo m?s propio y espec?fico del matrimonio. La ley deb?a tutelar, no diluir, este bien.

Los cristianos nos dejamos guiar por las palabras de Jes?s y el criterio apost?lico: ?Den al C?sar lo que es del C?sar, y a Dios lo que es de Dios? (Mt 22,21); ?Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres? (Hch 5,29).

Cuando el Estado traspasa sus l?mites y sanciona una ley injusta, re?ida con el bien com?n y basada en fr?giles consensos, urge escuchar con mayor atenci?n la voz de Dios que sigue testimoniando, en la conciencia y en la misma condici?n humana, la verdad perenne del hombre.

En este contexto, anunciar y vivir la verdad luminosa del matrimonio, obra maestra de la sabidur?a del Creador y elevado por Cristo a la dignidad de sacramento, constituir?, especialmente para los j?venes, un enorme y tambi?n hermoso desaf?o de fortaleza y esperanza.

Contamos con el auxilio de Dios, que es Amor y Verdad, el testimonio de los santos que se santificaron en la vida conyugal, y la intercesi?n poderosa de Mar?a y de nuestro querido Santo Patrono Santiago. As? sea.?

Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza?


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Homil?as
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