Martes, 17 de agosto de 2010

Discurso inaugural de la XXII Exposici?n de Libro Cat?lico, pronunciado por monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata (Buenos Aires, 26 de julio de 2010). (AICA)

NECESIDAD Y URGENCIA DE LA BUENA LECTURA

La cita anual que nos congrega al inaugurar la Exposici?n del Libro Cat?lico nos invita a recordar el valor de la buena lectura para la formaci?n personal del cristiano. Valor significa, en esta afirmaci?n, aptitud, utilidad, eficacia; para ser exactos y actuales, habr?a que a?adir, junto al valor la necesidad y aun la urgencia.

Hay una raz?n esencial para ponderar el recurso a los buenos libros: el lugar que corresponde a la vida de la inteligencia en el interior de la vida de la fe. Conviene recordar que la fe tiene un contenido teor?tico, intelectual: es conocimiento, contemplaci?n de la verdad divina en las verdades que nos ha revelado Dios, a quien adherimos con plena convicci?n porque la gracia mueve nuestra voluntad a prestar ese obsequio. La repercusi?n afectiva de semejante adhesi?n viene despu?s, como tambi?n la coherente proyecci?n de la fe en la conducta. Cada disc?pulo de Cristo ha de empe?arse, seg?n su condici?n y sus posibilidades lo permitan, en conocer cada vez mejor el contenido de la revelaci?n tal como la Iglesia lo interpreta, expone y transmite. En sus Reflexiones sobre La condici?n de la inteligencia en el catolicismo escrib?a Tom?s D. Casares acerca de las verdades de la fe: lo que importa es poseer vitalmente sus ense?anzas y hacer que nos posean en todo nuestro ser, desde la disciplina de los sentidos hasta el ordenamiento de la voluntad y la iluminaci?n de la inteligencia. Se trata de que el cat?lico asiente toda la vida de su inteligencia en el conocimiento de los misterios revelados que nos descubren el orden sobrenatural al cual estamos ordenados.

Otra raz?n, si se quiere circunstancial, indica la urgencia de alimentar el conocimiento de la fe: es la situaci?n religiosa y cultural en la que se encuentra hoy el creyente en cualquier lugar del mundo. Es sabido ?aunque no figure habitualmente en los noticieros ni se hable de ello en los peri?dicos? que el cristianismo es perseguido implacablemente en algunas regiones. Pero existe otro tipo de persecuci?n, m?s insidiosa que aquella que enfrenta a los fieles con la posibilidad del martirio de sangre. Es la difusi?n de una cultura anticristiana que va horadando las convicciones de fe, sobre todo en la gente sencilla, y que incluye actitudes de desprecio y ataques que intentan desacreditar a la Iglesia y desplazar su influjo en la vida de la sociedad. Lo que est? ocurriendo actualmente en la Argentina ilustra claramente esta situaci?n. Entre nosotros se est? desarrollando un nuevo kulturkampf, una guerra cultural an?loga a la que se vivi? en la d?cada de 1880: cen?culos pseudointelectuales, c?rculos pol?ticos y el ambiente oficial mismo parecen comprometidos en un programa sistem?tico para liquidar lo que resta de cultura cristiana en la sociedad argentina. No son los citados los ?nicos agentes de ese proceso: para aludir s?lo a dos fuentes digamos que las universidades lo alimentan desde hace d?cadas y los medios de comunicaci?n, en su mayor?a, lo aceleran hasta l?mites in?ditos de degradaci?n, arremetiendo impunemente contra el sentido com?n, la decencia elemental y el buen gusto. La confusi?n es la nota de la ?poca: confusi?n intelectual y moral; amparados en ese brumoso clima los ejecutores de la guerra cultural contra las verdades, sentimientos y realidades cat?licas se dicen cat?licos y probablemente se creen tales, y se atreven a dar lecciones a la Iglesia y a su magisterio.

Sin embargo, existe un peligro m?s grave para el catolicismo. Recientemente, en la solemnidad de los santos Ap?stoles Pedro y Pablo, lo ha se?alado el Papa Benedicto XVI: El da?o mayor, de hecho, lo sufre? [la Iglesia] por lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, corrompiendo la integridad del Cuerpo m?stico, debilitando su capacidad de profec?a y de testimonio, empe?ando la belleza de su rostro. Digamos de paso que este fen?meno de corrupci?n interior resulta letal cuando se verifica en el clero, en los centros acad?micos y en otros ?mbitos eclesiales de formaci?n, en las publicaciones eruditas o en las que llegan a los fieles, producidas por editoriales cat?licas.

La necesidad y la urgencia de formarse mediante buenas lecturas ha de referirse al ampl?simo espectro de disciplinas y temas que cubre el libro cat?lico. Para comenzar, corresponde aludir a las publicaciones que exponen la doctrina sagrada: comentarios b?blicos, tratados teol?gicos, s?ntesis catequ?sticas, exposiciones sobre diversos temas que reflejan las verdades de la fe. La sinton?a con la gran tradici?n eclesial y con la ense?anza del magisterio es un punto clave para identificar al libro cat?lico. Porque hay que cuidarse de una cierta teolog?a que no es genuina inteligencia de la fe, sino cr?tica que mina la certeza de las verdades fundamentales, siembra la duda y vac?a al misterio cristiano de su contenido sobrenatural tanto en el campo dogm?tico como en el moral. Lo mismo se puede decir de una corriente de interpretaci?n b?blica que, aplicando sin discernimiento el m?todo hist?rico-cr?tico, practica una disecci?n de la Sagrada Escritura como si fuera un mero documento literario del pasado. ?D?nde encontrar entonces la Palabra de Dios?

Otro cap?tulo importante de la formaci?n es el de la espiritualidad. Contamos con una inmensa biblioteca asc?tico-m?stica integrada por obras de los Padres de la Iglesia, de los grandes doctores, de los santos y maestros del esp?ritu, muchas de ellas verdaderos cl?sicos de la espiritualidad cat?lica, tanto de oriente cuanto de occidente. No podemos conformarnos con las aguas turbias de un pietismo sentimental, de la autoayuda psicologista o los devaneos gn?sticos tipo ?New Age? cuando podemos saciar nuestra sed de Dios en los limpios y refrescantes manantiales que brotan incesantemente de la Roca de la tradici?n bajo el influjo del Esp?ritu Santo, que hace nuevas todas las cosas. No habr?a que olvidar la vida de los santos, sobre todo de los m?s recientes y por eso m?s cercanos a nosotros, modelos de seguimiento de Cristo y de aut?ntica humanidad.

Hace falta, adem?s, una nueva apolog?tica que devuelva serenidad y firmeza a la fe de los creyentes, que muchas veces trastabilla ante el embate de objeciones pseudocient?ficas, de prejuicios racionalistas y de leyendas negras. Ese arsenal anticat?lico se difunde en una especie de vulgata period?stica que corre a los cristianos poco preparados con la vaina de falsos supuestos y medias verdades. La vieja apolog?tica ten?a limitaciones y defectos, pero cumpli? su servicio; ahora necesitamos una nueva que asuma los m?todos que compete utilizar y los datos seguros de las ciencias de la naturaleza y del hombre. Este trabajo est? todav?a por hacerse, pero en algunos campos quiz? haya adelantados que ?como dice Vittorio Messori, que probablemente es uno de ellos? sean respetuosos de todos y al mismo tiempo s?lidos en el mostrar las razones por las cuales el creyente no es un cr?dulo, porque el Evangelio es verdadero.

En la actualidad, la Iglesia es el ?nico reaseguro del futuro del hombre, porque s?lo en la visi?n cristiana del mundo queda salvaguarda la aut?ntica concepci?n de la persona humana y de su dignidad. La cuesti?n antropol?gica es la clave para resolver los problemas m?s inquietantes de la bio?tica, para orientar el orden familiar, econ?mico, pol?tico y social, los procesos educativos y las consecuencias del desarrollo tecnol?gico. El cat?lico debe formarse hoy una idea clara de la naturaleza humana y de los valores objetivos y universales fundados en ella y en definitiva en la sabidur?a y el poder de su Autor. En realidad, el misterio del hombre s?lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (Gaudium et spes, 22). Nos acusan de retr?grados cuando nos oponemos a las leyes inicuas que pretenden una reingenier?a de la sociedad contrariando al orden natural. Al sostener el respeto de este orden estamos preparando el futuro, la reconstrucci?n de lo que destruyen los ide?logos, utopistas y pol?ticos aprovechados. Estamos defendiendo la integridad del hombre y su futuro. Un cat?lico no puede ignorar este lance crucial, ni eludir el compromiso imprescindible que se le impone. Tambi?n para estos temas apasionantes debemos apelar a la ayuda de los buenos libros.

Algo de todo esto, bastante, se podr? hallar en los anaqueles de esta Exposici?n.?

Mons. ?H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Hablan los obispos
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