Martes, 17 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Juan Rub?n Mart?nez, obispo de Posadas, para el domingo 17? durante el a?o (25 de julio de 2010). (AICA)

SOBRE LA ORACI?N

En este domingo el Evangelio de San Lucas (11, 1-13), sigue proponi?ndonos el tema de la oraci?n. Uno de los disc?pulos le pide a Jes?s, su maestro: ?Se?or ens??anos a orar?. En realidad ellos quer?an aprender aquello que hac?a su Maestro: ?Un d?a Jes?s estaba orando en cierto lugar?. Muchos textos b?blicos y sobre todo San Lucas nos hablan de la oraci?n de Jes?s. El Se?or, sub?a a la monta?a para orar (Mt. 14,23), incluso cuando todo el mundo le busca (Mr. 1,37). En general su oraci?n estaba ligada a su misi?n. San Lucas nos presenta a Jes?s en oraci?n antes de cada acontecimiento importante, como en este domingo que Jes?s estaba en oraci?n, antes de ense?ar a rezar el Padre Nuestro a sus disc?pulos.

Todos los bautizados estamos llamados a ser hombres y mujeres de oraci?n. Pero cada uno tenemos que ligar nuestra espiritualidad, devoci?n y oraci?n a la vocaci?n y misi?n que tenemos.

En nuestra Di?cesis, en Posadas, tenemos la gracia de tener el Monasterio contemplativo de las Hermanas de la Sagrada Familia. Ellas tienen una vocaci?n y misi?n ligadas ?ntimamente a la oraci?n personal y lit?rgico-comunitaria. Los consagrados y sacerdotes tenemos que vivir la comuni?n con Dios, para ser instrumentos de la comuni?n con los hermanos, ser pastores y para esto es necesario orar como Jes?s, el buen Pastor. Pero en esta reflexi?n quiero referirme especialmente a la oraci?n de los laicos, que son la mayor?a del pueblo de Dios. Su oraci?n no puede ser igual a la de los monjes o a la de los sacerdotes. Quiero que reflexionemos sobre un texto de San Francisco de Sales en su gran libro ?Introducci?n a la vida devota?, que aunque fue escrito a principios del siglo XVII, tiene mucha actualidad: ?La devoci?n se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno. Dime, si ser?a l?gico que los obispo quisi?ramos vivir entregados a la soledad, al modo de los monjes; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio m?s que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el d?a en la Iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que ata?en a las necesidades del pr?jimo. Una tal devoci?n ?no ser?a algo rid?culo, desordenado e inadmisible? Y, con todo, esta equivocaci?n absurda es de lo m?s frecuente? La devoci?n ?la oraci?n- mientras sea aut?ntica nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa?. La verdadera oraci?n no complica, sino que nos permite hacer bien las ocupaciones propias de nuestra vocaci?n y misi?n.

Esto puede ayudarnos a reflexionar sobre la necesidad de oraci?n en los laicos que por su propia vocaci?n est?n ligados a tantas situaciones que muchas veces parecen contraponerse a las cosas de Dios. Es err?neo pensar que la espiritualidad y la oraci?n est?n ligadas solamente a los momentos en que estamos en el templo. Si creemos esto corremos el riesgo de estar generando una ruptura entre la fe y la vida cotidiana.

Quiz?s tengamos que aprender a orar las situaciones como lo hace tanta gente con sencillez y espontaneidad. Con una jaculatoria o bien tocando una imagen, invocando a nuestro Padre Dios, como en el ?Padre Nuestro? o bien elevando una petici?n, como los pobres que piden, porque se saben necesitados.

Si bien es necesario que los laicos tengan alg?n rato de oraci?n personal, o bien, de adoraci?n eucar?stica, retiro espiritual o participaci?n en los momentos comunitarios y lit?rgicos, es indispensable que oren desde las situaciones que les toca vivir a diario. Siempre nos encontramos con alegr?as, tristezas, desenga?os, sufrimientos propios y ajenos, todo esto podemos elevarlos a Dios como agradecimiento, alabanza o petici?n. Por eso en el Evangelio de este domingo, el Se?or nos propone la par?bola ?del amigo insistente?, en el contexto del tema de la oraci?n. Nos promete que quien pide con insistencia ?Le dar? todo lo necesario? (Lc. 11,8).

Es cierto que no es f?cil reflexionar sobre la oraci?n, en un tiempo que se olvida a Dios. Quiz? por eso mismo tenemos que recordar que el hombre o la mujer que oran no solo alimentan su vida espiritual, sino que sobre todo se humanizan.

?Un saludo cercano y hasta el pr?ximo domingo!?

Mons. Juan Rub?n Mart?nez, obispo de Posadas?


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Homil?as
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