Jueves, 19 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, para el domingo XVIII durante el a?o (1 de agosto de 2010). (AICA)

?VENGAN Y ACLAMEN AL SE?OR, QUE ES LA ROCA QUE NOS SALVA?

Hoy la liturgia nos sit?a en el tema de las realidades terrenas: vida, trabajo, dolor, alegr?as, pobreza, riquezas y otras y frente al comportamiento del cristiano frente a ellas. En la primera lectura (Eclo.1,2; 2,21-23) el Se?or declara que las realidades terrenas son ?vanidad?. Estas ?son inconsistentes y pasan con la fugacidad del viento: ?vanidad de vanidades y todo es vanidad?. La vida es breve, su trabajo y sabidur?a pueden a lo m?s procurarle un buen pasar, especialmente si se trata de gozos y riquezas, pero un d?a todo esto pasar? ya que la vida del hombre es breve y est? destinada a la muerte. Nadie puede quedarse en la tierra eternamente y por eso los bienes terrenos deben ser considerados como pasajeros, como pasajera es nuestra vida.

El hombre est? destinado a trabajar, a esforzarse por crecer y hacer de su vida una vida m?s digna. Su trabajo y su patrimonio pueden a lo m?s procurarle un buen pasar en la tierra; pero un d?a se ver? obligado a abandonarlo todo. Cabe preguntarnos entonces ?Para qu? sirven el agobio, las preocupaciones y el dolor, que conlleva el trabajo? El libro del Eclesi?stico nos hace observar que la vida terrena vivida sin Dios? y sin estar dirigida a un fin superior es totalmente vana e in?til. Tengamos presente que el Antiguo Testamento nos habla de la inmortalidad del hombre. Sobre todo el Libro de la Sabidur?a nos da una respuesta a este problema. Pero s?lo el Nuevo Testamento nos da la respuesta definitiva: todas las realidades terrenas ?tienen un valor en relaci?n a Dios y por lo tanto deben ser empleadas seg?n el orden querido por ?l.

San Pablo nos dice: ?ya que hab?is resucitado con Cristo, buscad los bienes de all? arriba?aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra? (Col 3,1-2). El cristiano sabe que su destino no est? solamente en esta tierra, que todas las cosas de la tierra tienen un valor en relaci?n a Dios y que a?n atendiendo a los deberes de la vida presente, su coraz?n debe estar dirigido al fin ?ltimo: la vida eterna en la eterna comuni?n con Dios. Los bienes terrenos no pueden darle al hombre la felicidad eterna y que s?lo en Dios puede hallar. Por consiguiente en el uso de los bienes terrenos deber? ser moderado, caritativo y sabr? mortificarse en sus pasiones, en sus deseos desordenados, en su codicia, (Ib. 5). Esto ciertamente es necesario para morir al pecado que lo aparta de Dios y para vivir ?con Cristo en Dios.

El Evangelio (Lc.12,13-21) nos aclara el sentido de la vida cristiana, cuando Cristo rechaza intervenir en la partici?n de una herencia. El ha venido a dar la Vida Eterna y no a ocuparse de bienes transitorios que no pueden dar el sentido definitivo a la existencia del hombre. ?Mirad, dice Jes?s, guardaos de toda clase de codicia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no est? asegurada por sus riquezas? (Ib. 15). Y propone la par?bola acerca de un hombre necio que tuvo tan buena cosecha que ya no ten?a silos para almacenarla y se propuso construir nuevos graneros y gozar de sus bienes. En ese momento es llamado por Dios y oye que le dice: ??lo que has almacenado, para quien ser??. El hombre se hab?a dicho a s? mismo: ?hombre t?mbate, come bebe, y date buena vida?. Se puede apreciar claramente que Dios est? ausente completamente de su vida y de sus planes y lejos de depender de ?l pone toda su seguridad en sus bienes. El pecado de este hombre est? en haber acumulado riquezas con el objeto ?nico de gozarlas ego?stamente, sin pensar en las necesidades del pr?jimo, ni en sus deberes para con Dios. Se dec?a a si mismo: ?tienes bienes acumulados para muchos a?os? (Ib. 19), pero aquella misma noche le fue quitada la vida y se encontr? ante Dios con las manos vac?as, carente de obras buenas, v?lidas para la eternidad. Y la par?bola concluye: ?as? suceder? con el que amasa riquezas para s? y no es rico ante los ojos de Dios? (Ib. 21).

La vida cristiana nos ense?a que todo lo que tenemos le pertenece en alguna medida a Dios, pues por su intermedio se consiguen los bienes tanto de la tierra como los del cielo. Pero todo lo que se consigue en esta tierra est? destinado al servicio de la caridad y del bien com?n. La codicia de bienes terrenos y el ego?smo en su utilizaci?n no entran en los planes de Dios. Dios da y Dios quita seg?n sus planes. Pero no olvidemos que cuando Dios da lo hace para que tengamos siempre presente la caridad en nuestra relaci?n con el pr?jimo y el amor desinteresado frente a las necesidades del hermano.

Mar?a, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, danos sabidur?a para saber utilizar bien los bienes de la tierra y as? poder gozar de los bienes del cielo.?

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Homil?as
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