S?bado, 21 de agosto de 2010

Homil?a de Mons. Stanovnik, arzobispo de Corrientes, durante la Misa de San Cayetano (Santuario de San Cayetano, 7 de agosto de 2010). (AICA)

MISA DE SAN CAYETANO

Hoy la Iglesia se alegra al recordar a san Cayetano ?el santo del pan y del trabajo?. Es un santo que sentimos muy amigo de Dios y, al mismo tiempo, muy amigo y cercano a nosotros, sus peregrinos y devotos. Hoy, en todo el pa?s, una multitud de creyentes peregrina a los lugares sagrados, donde se venera a este hombre de Dios que hizo tanto bien a la sociedad de su tiempo, a la Iglesia y a mucha gente necesitada. Hoy nos hemos acercado a ?l nosotros, para confiarle nuestras necesidades, principalmente esas que son tan b?sicas para la vida ?como son el pan y el trabajo? para vivir con la dignidad como hijos de Dios y hermanos en Jes?s, y como ciudadanos con nuestros deberes y derechos. ?Cu?ntas cosas le confiamos a san Cayetano! Ante su imagen, a veces despu?s de una prolongada y sacrificada espera, y cumpliendo la promesa que le hab?amos hecho, aliviamos nuestra alma agradeci?ndole tantas cosas buenas que nos vienen por su intermedio, y a la vez, le suplicamos que nos ayude en tantas emergencias que agobian nuestra vida.

Ma?ana haremos la tradicional Peregrinaci?n de los Trabajadores, que se realizamos todos los a?os el domingo m?s pr?ximo que le sigue a fiesta de san Cayetano. Pero, como podemos observar, este a?o el 7 cay? en d?a s?bado y el domingo m?s pr?ximo es ma?ana. Sin embargo, esta proximidad no es un obst?culo, sino una ocasi?n para pensar hoy en nuestro santo, destacando en ?l sobre todo su amor a Dios y, ma?ana, detenernos para ver c?mo ese amor lo llev? a comprometerse con sus semejantes, sobre todo con los m?s necesitados y los pobres.

Recordemos algunos datos de su biograf?a. Cayetano naci? doce a?os antes de la llegada de los europeos a este continente y falleci? unos 40 a?os antes de la fundaci?n de la ciudad de Corrientes. Eso sucedi? entre los siglos XV y XVI. Su familia era noble y rica, lo que le permiti? estudiar derecho. A nuestro santo le toc? vivir una sociedad en crisis. Al darse cuenta de la enorme tarea que supon?a comprometerse en cambiar algo, opt? por el camino del sacerdocio y se integr? a un grupo de sacerdotes austeros y con grandes ideales, pero al poco tiempo ?l mismo fund? un nuevo grupo de cl?rigos, llamados teatinos, que existen todav?a hoy y entre nosotros atienden la parroquia de Empedrado. Cayetano conoci? y sufri? la crisis de la sociedad y de la Iglesia de su tiempo. Ante la realidad de una sociedad corrupta, no opt? ni por el anarquismo social, ni tampoco se refugi? en los bienes de su familia para asegurar su futuro y pasarla bien. Por otra parte, frente a muchos eclesi?sticos que viv?an desordenadamente su vida, no se escandaliz? desgarr?ndose hip?critamente sus vestiduras, ni tampoco se apart? de ellos.

Veamos c?mo reaccion? Cayetano ante una sociedad corrupta y en una Iglesia, que en muchos aspectos, era infiel a su misi?n. Para verlo, lo mejor es recurrir a una confesi?n suya, brev?sima, que ?l coloca al comienzo de una carta dirigida a su amiga. Dice as?: ?Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa?. ?Qu? vemos en esta confesi?n de Cayetano? Ante todo, descubrimos a una persona humilde que empieza juzg?ndose a s? misma. Pero esa conciencia no lo lleva a cerrarse en s? mismo ni a desesperarse, sino a confiar en la entra?able misericordia de Dios. Por eso, sintiendo la amistad de los santos, escribe a continuaci?n as?: ?me conf?o a los que han servido al Se?or con perfecci?n, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre?. Esta conciencia de ser pecador y su confianza en el amor de Dios, no lo abandon? nunca. En realidad, esa consideraci?n humilde de su persona le permiti? acercarse a sus semejantes y realizar grandes obras en bien de la sociedad y de la Iglesia. Con una persona as?, Dios puede realizar una profunda transformaci?n y as? lo hizo. En cambio, una persona soberbia, incapaz de juzgarse a s? misma, se a?sla de los dem?s y de Dios. Frente a esto, nuestro santo nos ense?a algo muy b?sico y esencial: hay que pedir la gracia de reconocerse pecador y necesitado de perd?n. ?l mismo sol?a repetir a sus compa?eros: ?Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a s? mismo?. Esta m?xima vale tambi?n para la sociedad, porque nadie puede dar lo que no tiene. Si se quiere reformar la sociedad, hay que empezar por las personas y, sobre todo, por aquellos a los que se les ha confiado alguna autoridad. La palabra de Dios nos invita a confiar en ella, como lo hizo san Cayetano. ?l crey? en la Palabra de Dios, ?como lo escuchamos hoy en la primera lectura? donde dice tengan confianza en el Se?or, ?l les dar? el gozo duradero y la misericordia, porque es compasivo, perdona los pecados y nos consuela cuando estamos afligidos (cf. Eclo 2,8-9). Dios nos convierte a ?l y a los otros si realmente lo deseamos y le permitimos que lo haga.

Nosotros, devotos de san Cayetano, nos equivocar?amos mucho si peregrin?ramos s?lo para acercarnos a ?l y pedirle por nuestras necesidades sin estar sinceramente dispuestos a reconocernos pecadores y suplicar a Dios el perd?n de nuestros pecados. Un principio b?sico para sanarse y recuperar la salud es reconocer la enfermedad. Esto tambi?n es un acto de humildad que nos acerca a la verdad, nos cura y nos hace libres para amar y servir. El pan y el trabajo son un don de Dios que se hace realidad en aquellas personas y comunidades que est?n dispuestas a reconciliarse con Dios y a compartir sus capacidades y recursos con sus hermanos. Son personas, como san Cayetano, que superaron la adicci?n de acumular bienes y poder s?lo para s? mismos, y descubrieron que hay una felicidad muy superior en la invitaci?n de Jes?s, que hoy escuchamos en el Evangelio: ?H?ganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladr?n ni destruye la polilla?. San Cayetano nos ense?a que lo primero es reconocer humildemente ante Dios nuestro pecado, para que su perd?n nos devuelva la amistad con ?l. Esa comuni?n nos da fortaleza para cumplir la voluntad de Dios, que est? siempre a favor de la vida del ser humano y de su plena realizaci?n.

Hay otra ense?anza que nos deja Cayetano y que encontramos en esa carta que le escribe a su amiga. All?, en tono de advertencia, le dice: ?no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco servir?a sin tu cooperaci?n; antes que nada es asunto tuyo?? Cayetano le dice a su amiga que la ayuda de los santos de poco servir?a si uno no se hace cargo de la propia vida, es decir, si no asume las responsabilidades y obligaciones que tiene. En otras palabras, Cayetano advierte que Dios no ayuda al perezoso o al pertinaz que no quiere cambiar de vida. Por eso, en esa carta prosigue su reflexi?n as?: ?si quieres que Cristo te ame y te ayude, ?malo t? a ?l y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, ?l siempre estar? atento a tus necesidades?. Es decir, coloca a los santos en segundo lugar y pone a Cristo y su voluntad en el centro. Por eso, la mayor?a de las im?genes que se conservan de san Cayetano lo muestran con Jes?s en sus brazos y algunas con el crucifijo. En todos los casos, la imagen del santo nos ense?a que debemos colocar a Cristo en el centro de nuestra vida. ?l es la m?xima revelaci?n del entra?able amor que Dios nos tiene. Por eso: ?feliz el hombre que teme al Se?or?, como respond?amos hoy a las estrofas del salmo. De verdad, dichoso aquel que se siente amado por Jes?s, porque su amor le ayudar? a poner su coraz?n all? donde est? el verdadero tesoro.

En conclusi?n, manifestar nuestra devoci?n a san Cayetano peregrinando hasta su santuario es una gran oportunidad que Dios nos brinda para convertirnos a su amor y prometerle que vamos a cambiar de vida, sobre todo, decirle que estamos sinceramente dispuestos a asumir nuestras responsabilidades y obligaciones cristianas con Dios y con la Iglesia, y cumplir con honestidad aquellas que corresponden a nuestra condici?n de ciudadanos. Imitemos a San Cayetano que am? intensamente a Cristo, a la Iglesia y a los pobres. Que su poderosa intercesi?n nos alcance, sobre todo, la gracia de un progreso constante en el amor a Cristo y su ejemplo nos estimule a amar m?s a la Iglesia y a comprometernos en el servicio a los pobres y m?s necesitados. S?lo as? podemos so?ar con un bicentenario en justicia y solidaridad, y con nuestra Iglesia centenaria y jubilosa m?s parecida a Jes?s, m?s testimonial, m?s alegre y m?s misionera. As? sea.

Mons. Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes?


Publicado por verdenaranja @ 22:27  | Homil?as
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