Domingo, 22 de agosto de 2010

Art?culo de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el diario ?El D?a? (6 de agosto de 2010). (AICA)

DESPU?S DEL MAL PASO

El Senado de la Naci?n, entre el 14 y el 15 de julio ?es decir, entre gallos y media noche? consum? la alteraci?n del orden familiar que hab?a obtenido ya la sanci?n de los diputados y dio cabida en la instituci?n matrimonial a la convivencia de personas del mismo sexo. De ese modo, de un plumazo, se ha cambiado la esencia misma del matrimonio. La etimolog?a de esta palabra alude a la matriz, a la madre, a la maternidad, a su custodia y fortalecimiento; el nombre y el concepto se refieren a una realidad a la vez f?sica y espiritual en la que confluyen naturaleza y cultura para constituir un valor propio de la condici?n humana que est? al servicio de la continuidad de la especie. Corresponde al derecho reconocer y tutelar ese valor, no subvertirlo.

La ley sancionada practica una escisi?n entre el derecho y la moral. Las leyes establecidas por los hombres ?el derecho positivo? no deben contrariar valores morales objetivos y universales que se basan en la naturaleza humana y, en definitiva, en el orden establecido por el Creador. En el acto de promulgar una disposici?n contraria a ese orden la autoridad deja de ser tal y el resultado es una ley inicua, que no tiene car?cter de ley sino m?s bien de violencia. As? lo ense?a la tradici?n cat?lica, expresada con toda claridad por el Beato Juan XXIII en su enc?clica ?Pacem in terris?. Conviene recordar a este prop?sito que legitimidad y legalidad no se identifican. Es posible que se introduzca en el cuerpo legal de una naci?n una disposici?n injusta, pero ese acto formal no le otorga legitimidad.

En el caso que nos ocupa puede decirse que la misma legalidad ha sido afeada por las circunstancias en las que se ha llegado a la sanci?n. Pasar?n a la historia de esa ruinosa modificaci?n del C?digo Civil los aprietes, los telefonazos amenazantes y el oportuno regalo de viajes a China. Han llamado la atenci?n los sospechosos cambios de posici?n, abstenciones o ausencias de diez senadores. El proyecto que ten?a media sanci?n de la C?mara de Diputados mereci? serias objeciones jur?dicas, fundadas en el orden natural, el derecho positivo argentino y los tratados internacionales que amparan el inter?s superior de los ni?os, pero tales reparos no fueron tomados en cuenta. ?El debate ?fue ?tan mediocre ?que hizo ?a?orar ???pocas ???mejores de la cultura pol?tica nacional. Sobresali? por su groser?a, su odio a la Iglesia y el agravio al Sumo Pont?fice el discurso del jefe de la bancada oficialista, una pat?tica expresi?n de obediencia debida. En cambio, merecen un reconocimiento la coherencia y el coraje de quienes votaron por el rechazo de la alteraci?n del matrimonio.

Tres cuestiones fundamentales quedan abiertas a partir de aquel mal paso. En primer lugar, la libertad de la Iglesia. ?Podremos, en adelante, predicar libremente lo que la Biblia, la tradici?n y el magisterio eclesial ense?an acerca de la sexualidad humana y el matrimonio? ?Se nos obligar?, acaso, a formar a los alumnos de nuestros colegios seg?n la nueva valoraci?n de esas realidades esenciales implicada en la modificaci?n establecida por el Congreso, en contra de la doctrina cat?lica y del sentido com?n? Es indudable que la libertad de la Iglesia est? protegida por la Constituci?n Nacional y por instrumentos de Derecho P?blico Internacional, pero ?no pesar? m?s en los hechos el Plan Nacional contra la Discriminaci?n, promovido por un decreto presidencial de 2005, y el ensa?amiento inquisitorial que all? se esboza? Todo puede temerse en un pa?s en el cual no son raras las anomal?as jur?dicas y judiciales.

Una segunda cuesti?n es la libertad de los padres para educar a sus hijos seg?n sus convicciones morales y religiosas. Pienso especialmente en los alumnos que concurren a escuelas de gesti?n estatal. Los contenidos curriculares, en los temas referidos a la concepci?n del hombre, la funci?n sexual y la estructura de la familia, van quedando plasmados en textos oficiales en los que campea el constructivismo gnoseol?gico y ?tico y la ideolog?a de g?nero. Es evidente que se procura inducir un cambio cultural modelando la conciencia de las futuras generaciones argentinas. ?Se requerir? el consentimiento de los padres y se respetar? su decisi?n respecto de la intervenci?n del Estado en un aspecto tan ?ntimo de la formaci?n de sus hijos?

La tercera cuesti?n que queda abierta es la objeci?n de conciencia que con toda raz?n podr?an oponer funcionarios del Registro Civil, jueces y educadores obligados a aplicar la ley en sus respectivos ?mbitos. No existe todav?a un reconocimiento amplio y un marco regulatorio general de este aspecto important?simo de la libertad. Por otra parte, los activistas que han fomentado la alteraci?n del matrimonio, los ide?logos que desde hace tiempo la han planeado y algunos pol?ticos con clara inclinaci?n totalitaria hacen temer la imposici?n de la dictadura del relativismo. Es ?se el posible destino de una democracia que renuncia a valores fundamentales, que son pilares del orden social. Existen memorables experiencias hist?ricas de liberticidio consumado en nombre de la libertad. De una idea perversa de libertad.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata

Publicado en El D?a, 6 de agosto de 2010?


Publicado por verdenaranja @ 19:28  | Hablan los obispos
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