Lunes, 23 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo em?rito de Resistencia, para la homil?a del domingo 19? durante el a?o (8 agosto 2010). (AICA)

?EST?N PREPARADOS, CON LAS L?MPARAS ENCENDIDAS?????

Lc 12,32-48

?1. El Evangelio le?do el domingo pasado, sobre el rico insensato, que no supo atesorar para el cielo, se contin?a en San Lucas con la ense?anza de Jes?s sobre la confianza en la Providencia. Este a?o se omite su lectura, pues la haremos el pr?ximo en la versi?n de San Mateo. As? llegamos al pasaje de hoy: Lc 12,32-48, cuyo primer p?rrafo (vv. 32-34) engancha con la ense?anza mencionada.

Jes?s expone a continuaci?n tres par?bolas sobre la vigilancia para esperar su vuelta definitiva: a) el due?o de casa que se fue a una fiesta de bodas; b) el ladr?n; c) el se?or que tarda en llegar. Las tres constituyen el mensaje central de hoy: ?Est?n preparados, ce?idos y con las l?mparas encendidas? (Lc 12,35). Tienen como elemento com?n que el Se?or llega de improviso. Y pueden resumirse en la moraleja de la par?bola del ladr?n: ?Ustedes tambi?n est?n preparados, porque el Hijo del hombre llegar? a la hora menos pensada? (v. 40).??

I. ?El administrador fiel y previsor?
Vigilar es cuidar al pr?jimo y procurar su bien

2. Comencemos por la par?bola tercera. Al contrario de lo que algunos podr?an pensar, ?vigilar? no es para Jes?s estar insomne o desvelado. ?Vigilar? es cumplir el propio deber, realizando a conciencia el servicio que nos corresponde prestarle al pr?jimo. En la par?bola aparece un administrador fiel y previsor que cuida bien a los peones que trabajan en el campo de su se?or, y cuando llega la hora de la comida, tiene preparada la raci?n de trigo que le corresponde a cada uno.

La par?bola se completa con una anti-par?bola: el administrador abusador que, en ausencia de su se?or, ?se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse? (v. 45).

3. La verificaci?n de esta par?bola en la vida cotidiana no es dif?cil. Basta abrir los ojos para ver cu?nta gente alrededor nuestro cumple a conciencia su propio deber y lo hace con competencia y amor. Son legi?n, que hacen el bien calladamente. Gracias a ellos subsiste la Rep?blica. Es bueno que cada uno lo verifique. En mi caso: el personal del Seminario y de la Facultad de Teolog?a, el de la Parroquia San Juan Mar?a Vianney, el de los pocos comercios que frecuento, el de la Cl?nica San Camilo. No dudo que el Se?or est? satisfecho, y ellos pueden sentirse felices, pues, adem?s de la alegr?a de hacer el bien, ?l los premiar? m?s all? de toda medida: ??Feliz aqu?l a quien su se?or, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo har? administrador de todos sus bienes? (v.43-44).

4. Lamentablemente, tambi?n es realidad la antipar?bola. ?Cu?ntos se dedican a maltratar al pr?jimo! Lo hacen de manera sutil, enga?ando. Suelen tener mucho poder: programadores de la TV que, con el pretexto de que a la gente le gusta, le van lavando la cabeza y el coraz?n de todo principio de honestidad (cuanto m?s chabacano es el programa, mejor); sindicalistas que, esgrimiendo el derecho de sus afiliados, luchan con cualquier medio para acumular un poder desmesurado para defender sus privilegios, sin importarles nada de la desigualdad que sufren los dem?s trabajadores; pol?ticos que practican la pol?tica neroniana del pan y circo, para que ?no se avive la gilada?, como llaman con desprecio al pueblo. Todos ellos no tienen idea del bien com?n. S?lo buscan su inter?s personal o sectorial. Frente a ellos, conviene abrir los ojos, pero no irritarse, ni perder la paz del esp?ritu: ?Ellos son como paja que se lleva el viento. Por eso no triunfar?n los malvados en el juicio? (Sal 1,4-5).??

II. Dios mismo es el premio de los justos
??l los har? sentar a la mesa y se pondr? a servirlos?

5. La primera par?bola se parece a la tercera, pues los protagonistas son semejantes. En ambas el se?or est? ausente y hay servidores que esperan su regreso. Pero difieren en el premio; o, tal vez, la primera lo explicita mejor. Mientras que en la par?bola tercera el premio es promover al administrador fiel y ?hacerlo administrador de todos sus bienes? (v. 44), en la primera, el se?or ?los hace sentar a su mesa y se pone a servirlos? (v. 37).

6. ?sta es una de las par?bolas de Jes?s m?s bellas y consoladoras. Y no porque me crea muy fiel en su espera. Sino porque s? que ?l es de infinita misericordia. Y estoy seguro que, si persevero en su servicio, no me negar? un puesto a su mesa. Y que ?l mismo me servir?. ?Algo m?s bello que ser servido por el mismo Se?or del universo?

7. Esto no es pura alegor?a. Ni cosa a cumplirse s?lo ma?ana. Desde ya ?l mismo nos sirve a su mesa. ?Qui?n nos da la existencia? ?Qui?n nos anuncia el Evangelio, y nos da las ganas de descubrir cada d?a una nueva veta del mismo, e intentar vivirlo? ?Qui?n nos da el Esp?ritu Santo, gracias al cual llamamos Padre a Dios, y consideramos a los dem?s como hermanos, incluso a los que nos hacen da?o?

8. Es maravilloso ser servido por tal Se?or. Y ma?ana lo har? a cara descubierta. A servirlo, entonces, ahora con fidelidad, reconoci?ndolo en nuestros hermanos los hombres.?

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, obispo em?rito de Resistencia?


Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Homil?as
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