Mi?rcoles, 25 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Marcelo Ra?l Martorell, obispo de puerto Iguaz?, en la Festividad de Santa Mar?a del Iguaz? (15 de agosto de 2010). (AICA)

FIESTA PATRONAL DIOCESANA: SANTA MAR?A DEL IGUAZU???????????

Queridos hermanos, hemos venido en peregrinaci?n hasta este Santuario para celebrar la fiesta de nuestra Madre, Santa Mar?a del Iguaz?. Hemos caminado, peregrinando para pedir perd?n por nuestros pecados y para dar gracias a Dios por tantos bienes y tantos dones concedidos por intercesi?n de nuestra Madre. Pedimos perd?n y damos gracias con el deseo de que a trav?s de la Virgen podamos identificarnos m?s y m?s con Cristo Nuestro Se?or. Hemos venido a encontrarnos en la intimidad de nuestro coraz?n con el Se?or Nuestro Dios, festejando a Mar?a, su madre y nuestra madre.

Son ?stos d?as dif?ciles para nosotros como Iglesia, pues estamos viviendo tiempos en que la sociedad se ve quebrada y la Iglesia de Dios acosada y denunciada; tiempos en el que muchos no quieren mirar el bien espiritual y social que a lo largo de los siglos la Iglesia ha ido esparciendo en medio de la sociedad con la predicaci?n del Evangelio, la entrega de Jes?s Sacramentado, la atenci?n de las conciencias en el perd?n de los pecados, la atenci?n de los m?s pobres como el ejercicio propio de la caridad y de su fidelidad al Evangelio de nuestro Se?or Jesucristo, muy diferente de otros servicios a los pobres que solamente son acciones moment?neas y pasajeras que tienen como fin la b?squeda de votos y los triunfos electorales. La Iglesia sirve a los pobres con el desinter?s del amor de Jesucristo, muy lejos de la utilizaci?n y manipulaci?n de los pobres por medio de ideolog?as que solamente son pantallas para conseguir sus fines pol?ticos.

Asistimos a circunstancias sociales que expresan un gran odio a Jesucristo y a su Iglesia. Hoy se ataca a la Iglesia tratando de restarle credibilidad. Y se lo hace de tal manera que pareciera que un delito o esc?ndalo es delito y esc?ndalo solamente cuando lo comete un sacerdote, el cual es divulgado una y otra vez por los medios de comunicaci?n hasta convertirse en una obvia ridiculez. Pero que no por rid?culo deja de hacer da?o a la fe de sus hijos. No se trata de negar la existencia de pecado en la Iglesia, lo cual lamentablemente es verdad debido a la pobreza y fragilidad humana de algunos sacerdotes y por lo cual debemos pedir perd?n con sinceridad. El pecado ha existido y existir? debido a nuestra naturaleza proclive al pecado, pero si bien la Iglesia conoce el pecado, tambi?n conoce la gracia de la conversi?n que la lleva a expresar como Mar?a en el Magnificat que Dios? ha obrado y obra maravillas en el mundo y en su historia, pero sobre todo en el coraz?n de los hombres, transform?ndolo y haci?ndolo capaz de santidad, locura y ?xtasis al entrar en contacto con El y capaz de sobriedad en la forma de ver al mundo, tal como lo dice San Pablo en su Carta a los Corintios: ?si hemos perdido el juicio lo hicimos por Dios y si somos sensatos es por vosotros? (2 Cor. 5,13).

Mar?a alaba a Dios por las maravillas que obr? entre nosotros, especialmente por la venida del Salvador. Pero si prestamos atenci?n al c?ntico, veremos que hay un giro rotundo en el accionar de Dios frente a este mundo: derrib? de sus tronos a los poderosos, exalt? a los humildes y pobres que reconocen al Se?or de la Vida, despidi? sin nada a los que ten?an por dios a las riquezas de este mundo y los dej? con las ?manos vac?as. De un lado est?n los soberbios, llenos de s? mismos, saciados con sus propias manos y del otro est?n los humildes y pobres, hijos solamente de Dios y necesitados de El en medio de sus impotencias y necesidades humanas. El magn?ficat expresa la gran verdad de que la justicia de Dios es y ser? -ayer, hoy y ma?ana- la que da saciedad a las almas, pues dice que aquellos que aman y temen a Dios, ?ellos ver?n a su Se?or!

Pero, es necesario leer bien este c?ntico para no caer en el error porque Mar?a ni vivi? un cambio social radical, ni una revoluci?n social. El rey sigui? en su trono, los ricos siguieron con sus riquezas, los pobres con su pobreza y Mar?a y Jos? incluso tuvieron que huir a Egipto. Y entonces nos preguntamos: ?d?nde ha ocurrido este cambio? Este cambio ocurri? en el silencio del interior del coraz?n del hombre. Se trata de un cambio que tiene lugar en la persona que tiene fe y que por su fe recibe los dones del amor de Dios, con los que confortar? su alma y saciar? la sed de su coraz?n. Se trata de un cambio que llevar? decirse a si mismo y al mundo que ?s?lo Dios basta? y en ese grito de amor, pregonar que todo poder y toda gloria ser?n dados a Dios, que se vivir? el mundo bajo el mandato divino de la caridad como mandato del Evangelio, que la participaci?n de los bienes ser? como la imagen m?s perfecta de la Eucarist?a y que se vivir? un mundo m?s justo como expresi?n de la ?justicia de Dios?.

El Magn?ficat afronta de un modo simple el problema tan nuevo y tan viejo de la pobreza y la riqueza. Y lo afronta desde la ?fe?. Existen ciertamente otros modos pol?ticos y sociales de enfrentar el problema, a los cuales la Iglesia prest? siempre su colaboraci?n desde el aporte riqu?simo de su fe, una fe que debemos predicar y vivir en el ?mbito de la conversi?n y de la fidelidad a Dios y a la Iglesia misma. Solamente desde esta mirada de fe seremos capaces de apoyar todo bien social y construir los valores c?vicos y el ?Bien Com?n? en un servicio desinteresado a los hombres y en especial a los m?s pobres y humildes, que -como lo canta el Magnificat- son los preferidos de Dios Nuestro Se?or y de Mar?a, la Virgen Madre.

?Como desear?amos que no hubiesen m?s pobres y que todos estuvi?ramos saciados! Pero aun entonces proclamar?amos con m?s fuerza junto a Mar?a el c?ntico del Magnificat, pues vemos que en los lugares m?s ricos de la tierra ?y sobre todo en estos lugares- la fe y el amor a Dios van despareciendo, porque desaparecen del coraz?n de estos hombres el sentido humilde de la necesidad de Dios y de su Providencia. Hoy contemplamos con dolor la descristianizaci?n de un occidente que va detr?s de la opulencia y el dinero, sin darse cuenta, que todo bien viene de Dios y que el mismo Dios y Se?or es el que da y el que quita.

Nuestra misma Patria corre el peligro de endiosar las cosas materiales y de perder a Dios de su horizonte. En el orden moral y social hemos visto la injusticia de leyes recientes que la sociedad no desea, y m?s, hemos visto a los mismos hijos de la Iglesia ?imponernos? estas ?leyes. Debemos orar por ellos para que redescubran que la ?verdad? debe ser el objetivo de su vida y de su misi?n. Por otra parte, los cristianos no olvidemos al momento de votar, qui?nes fueron los que de verdad se jugaron por el Evangelio y el Bien Com?n, especialmente por el bien de las familias y del futuro de nuestros j?venes y ni?os.

El Magn?ficat no agradece a Dios solamente la venida del Redentor, sino que es un c?ntico de agradecimiento por toda verdad y toda justicia, por todo el amor y todo el bien que llega al coraz?n del hombre con la venida del Salvador. Por esta raz?n el Magn?ficat puede ser tan actual hoy tanto para los pa?ses ricos como para los m?s pobres y en especial para ?nosotros, hijos de esta Patria golpeada e inveraz.

Pidamos perd?n -yo y ustedes- a Dios, Nuestro Se?or, por nuestros pecados e infidelidades, por nuestros silencios y omisiones. Demos gracias por el don del perd?n y tambi?n por el don de la inteligencia que nos hace ver la gracia del amor a la verdad y que nos hace descubrir la presencia de Dios en la historia y en la vida. ??Locura frente al Evangelio y sobriedad para juzgar al mundo!, como dec?a San Pablo.

Que Santa Mar?a del Iguaz? nos proteja de todo mal, nos d? el pan y el trabajo de cada d?a y nos haga pobres y humildes de coraz?n para reconocer a Dios como Padre y Se?or de la vida y de la historia. Am?n.??

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 22:49  | Homil?as
 | Enviar