Mi?rcoles, 25 de agosto de 2010

ZENIT? nos ofrece la homil?a pronunciada?el domingo 15 de Agosto de 2010?por el Papa Benedicto XVI, al presidir la Misa en la parroquia pontificia de Santo Tom?s de Villanueva en Castel Gandolfo, en la Solemnidad de la Asunci?n de la Virgen.

Eminencia, Excelencia, Autoridades,
Queridos hermanos y hermanas,

hoy la Iglesia celebra una de las m?s importantes fiestas del a?o lit?rgico dedicadas a Mar?a Sant?sima: la Asunci?n. Al t?rmino de su vida terrena, Mar?a fue llevada en alma y cuerpo al Cielo, es decir, a la gloria de la vida eterna, en la comuni?n plena y perfecta con Dios.

Este a?o se celebra el sexag?simo aniversario desde cuando el Venerable papa P?o XII, el 1 de noviembre de 1950, defini? solemnemente este dogma, y quisiera leer ? aunque es un poco complicada ? la forma de la dogmatizaci?n. Dice el papa: ?de tal modo la augusta Madre de Dios, arcanamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad con un mismo decreto de predestinaci?n, Inmaculada en su Concepci?n, Virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa Socia del Divino Redentor, que ha tra?do un triunfo pleno sobre el pecado y sobre sus consecuencias, al final, como suprema coronaci?n de sus privilegios, obtuvo el ser preservada de la corrupci?n del sepulcro y, vencida la muerte, como antes su Hijo, el ser elevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo, donde resplandece como Reina a la derecha de su Hijo, Rey inmortal por los siglos? (Const. ap. Munificentissimus Deus, AAS 42 (1950), 768-769).

?ste es, por tanto, el n?cleo de nuestra fe en la Asunci?n: nosotros creemos que Mar?a, como Cristo su Hijo, ya ha vencido la muerte y triunfa ya en la gloria celestial en la totalidad de su ser, ?en alma y cuerpo?.

San Pablo, en la segunda lectura de hoy, nos ayuda a arrojar un poco de luz sobre este misterio partiendo del hecho central de la historia humana y de nuestra fe: es decir, el hecho de la resurrecci?n de Cristo, que es ?la primicia de los que han muerto?. Inmersos en Su Misterio pascual, hemos sido hechos part?cipes de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Aqu? est? el secreto sorprendente y la realidad clave de toda la historia humana. San Pablo nos dice que todos fuimos ?incorporados? en Ad?n, el hombre primero y viejo, todos tenemos la misma herencia humana a la que pertenece: el sufrimiento, la muerte, el pecado. Pero a esta realidad que todos nosotros podemos ver y vivir cada d?a a?ade una cosa nueva: nosotros estamos no solo en esta herencia del ?nico ser humano, comenzado con Ad?n, sino que somos ?incorporados? tambi?n en el hombre nuevo, en Cristo resucitado, y as? la vida de la Resurrecci?n est? ya presente en nosotros. Por tanto, esta primera ?incorporaci?n? biol?gica es incorporaci?n en la muerte, incorporaci?n que genera la muerte. La segunda, nueva, que se nos da en el Bautismo, es ?incorporaci?n? que da la vida. Cito de nuevo la segunda Lectura de hoy; dice San Pablo: ?Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y tambi?n por medio de un hombre viene la resurrecci?n. En efecto, as? como todos mueren en Ad?n, as? tambi?n todos revivir?n en Cristo, cada uno seg?n el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que est?n unidos a ?l en el momento de su Venida (1Cor 15, 21-24)?.

Ahora, lo que san Pablo afirma de todos los hombres, la Iglesia, en su Magisterio infalible, lo dice de Mar?a, en un modo y sentido precisos: la Madre de Dios se inserta hasta tal punto en el Misterio de Cristo que es part?cipe de la Resurrecci?n de su Hijo con toda ella misma ya al final de su vida terrena; vive lo que nosotros esperamos al final de los tiempos cuando ser? aniquilado ?el ?ltimo enemigo?, la muerte (cfr 1Cor 15, 26); vive ya lo que proclamamos en el Credo ?Espero en la resurrecci?n de los muertos y en la vida del mundo futuro?.

Por tanto nos podemos preguntar: ?cu?les son las ra?ces de esta victoria sobre la muerte anticipada prodigiosamente en Mar?a? Las ra?ces est?n en la fe de la Virgen de Nazaret, como atestigua el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Lc 1,39-56): una fe que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la acci?n divina, seg?n cuanto le anuncia el arc?ngel. La fe, por tanto, es la grandeza de Mar?a, como proclama gozosamente Isabel: Mar?a es ?bendita entre las mujeres?, ?bendito es el fruto de su vientre? porque es ?la madre del Se?or?, porque cree y vive de forma ?nica la ?primera? de las bienaventuranzas, la bienaventuranza de la fe. Isabel lo confiesa en su alegr?a y en la del ni?o que salta en su seno: ?Feliz de ti por haber cre?do que se cumplir? lo que te fue anunciado de parte del Se?or? (v. 45). ?Queridos amigos! No nos limitemos a admirar a Mar?a en su destino de gloria, como una persona muy alejada de nosotros: ?no! Somos llamados a mirar lo que el Se?or, en su amor, ha querido tambi?n para nosotros, para nuestro destino final: vivir a trav?s de la fe en la comuni?n perfecta de amor con ?l y vivir as? verdaderamente.

Al respecto quisiera detenerme en un aspecto de la afirmaci?n dogm?tica, all? donde se habla de asunci?n a la gloria celestial. Todos nosotros hoy somos bien conscientes de que con el t?rmino ?cielo? no nos referimos a un lugar cualquiera del universo, a una estrella o a algo parecido: no. Nos referimos a algo mucho m?s grande y dif?cil de definir con nuestros limitados conceptos humanos. Con este t?rmino ?cielo? queremos afirmar que Dios, el Dios que se ha hecho cercano a nosotros no nos abandona ni siquiera en la muerte y m?s all? de ella, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la eternidad; queremos afirmar que en Dios hay un lugar para nosotros. Para comprender un poco m?s esta realidad miremos a nuestra propia vida: todos nosotros experimentamos que una persona, cuando muere, sigue subsistiendo de alguna forma en la memoria y en el coraz?n de aquellos que la conocieron y amaron. Podr?amos decir que en ellos sigue viviendo una parte de esa persona, pero es como una ?sombra? porque tambi?n esta supervivencia en el coraz?n de los propios seres queridos est? destinada a terminar. Dios en cambio no pasa nunca y todos nosotros existimos por raz?n de Su amor. Existimos porque ?l nos ama, porque ?l nos ha pensado y nos ha llamado a la vida. Existimos en los pensamientos y en el amor de Dios. Existimos en toda nuestra realidad, no s?lo en nuestra ?sombra?. Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se fundan precisamente en esto: en Dios, en Su pensamiento y en Su amor, no sobrevive s?lo una ?sombra? de nosotros mismos, sino que en ?l, en su amor creador, somos guardados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la eternidad.

Es su Amor que vence la muerte y nos da la eternidad, y es este amor lo que llamamos ?cielo?: Dios es tan grande que tiene tambi?n sitio para nosotros. Y el hombre Jes?s, que es al mismo tiempo Dios, es para nosotros la garant?a de que ser-hombre y ser-Dios pueden existir y vivir eternamente uno en el otro. Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguir? existiendo s?lo una parte que nos viene, por as? decirlo, arrancada, mientras las dem?s se arruinan; quiere decir m?s bien que Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que somos. Y Dios acoge en su eternidad lo que ahora, en nuestra vida, hecha de sufrimiento y amor, de esperanza, de alegr?a y de tristeza, crece y llega a ser. Todo el hombre, toda su vida es tomada por Dios y, purificada en ?l, recibe la eternidad. ?Queridos Amigos! Yo creo que esta es una verdad que nos debe llenar de profunda alegr?a. El Cristianismo no anuncia solo una cierta salvaci?n del alma en un impreciso m?s all?, en el que todo lo que en este mundo nos fue precioso y querido ser?a borrado, sino que promete la vida eterna, ?la vida del mundo futuro?: nada de lo que es precioso y querido se arruinar?, sino que encontrar? plenitud en Dios. Todos los cabellos de nuestra cabeza est?n contados, dijo un d?a Jes?s (cfr Mt 10,30). El mundo definitivo ser? el cumplimiento tambi?n de esta tierra, como afirma san Pablo: ?la creaci?n misma ser? liberada de la esclavitud de la corrupci?n para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios? (Rm 8,21). Por tanto se comprende que el cristianismo de una esperanza fuerte en un futuro luminoso y abra el camino hacia la realizaci?n de este futuro. Nosotros somos llamados, precisamente como cristianos, a edificar este mundo nuevo, a trabajar para que se convierta un d?a en el ?mundo de Dios?, un mundo que sobrepasar? todo lo que nosotros mismos podr?amos construir. En Mar?a Asunta al cielo, plenamente part?cipe de la Resurrecci?n de su Hijo, contemplamos la realizaci?n de la criatura humana seg?n el ?mundo de Dios?.

Oremos al Se?or para que nos haga comprender cu?n preciosa es a Sus ojos toda nuestra vida; refuerce nuestra fe en la vida eterna; nos haga hombres de la esperanza, que trabajan para construir un mundo abierto a Dios, hombres llenos de alegr?a que saben entrever la belleza del mundo futuro en medio de los afanes de la vida cotidiana y con esta certeza viven, creen y esperan.

?Amen!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:11  | Habla el Papa
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