Jueves, 26 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en el D?a de la Asuci?n (15 de agosto de 2010). (AICA)

LA ASUNCI?N DE LA SANT?SIMA VIRGEN?

Queridos hermanos

Celebramos la? solemnidad de la Asunci?n de la Sant?sima Virgen Mar?a al cielo. En la liturgia de hoy, la contemplamos? llena de alegr?a, unida a Cristo en la gloria. Es que la creatura que Dios eligi? como Madre de su Hijo, y que ?l?? nos dio como Madre en la cruz,? est? gloriosa? junto a Dios. Por esto, la Virgen "brilla ante el pueblo de Dios en marcha como se?al de esperanza cierta y de consuelo" (Lumen gentium, 68).?

Tambi?n nos re?ne esta tarde la culminaci?n de la Asamblea del Movimiento arquidiocesano Evangelio de Can?, para renovar sus autoridades, y para reflexionar sobre nuestra fidelidad al llamado del Se?or para ser sus seguidores, particularmente en la vida de laicos. Desde ya deseo que renueven su compromiso de seguir trabajando con entusiasmo, tanto en la formaci?n, como en la vida de familia, y en los diferentes apostolados que asumen con los j?venes.

Volviendo a la Asunci?n de la Virgen, podemos decir que en el transcurso del tiempo, esta certeza se fue manifestando de diversas maneras,? muy queridas para el? pueblo cristiano, hasta que el dogma de la Iglesia la proclam?"en cuerpo y alma en los cielos?, ?y la liturgia la celebr? un?nimemente. De este modo, la devoci?n a Mar?a, en su gloriosa Asunci?n, se hizo m?s honda por medio de esta celebraci?n, expresi?n de nuestra fe, enriquecida con el gozo, la belleza, y las s?plicas que nos permiten descubrir en Ella, una verdadera fuente de esperanza.

Esperanza porque nos acerca y nos abre las puertas de una realidad humanamente desconocida, que es el cielo. Mar?a en su gloriosa Asunci?n entr? al cielo, y el cielo es Dios. Ella nos permite tener presente que el cristiano camina hacia el cielo, y es su destino definitivo, de? gloria y de luz.?

El excluir a Dios de nuestro horizonte, nos lleva a tomar caminos equivocados

Mientras estamos en la tierra experimentamos las tendencias?de excluir a Dios de nuestro horizonte, que nos llevan a tomar caminos equivocados; as? como la confrontaci?n entre el bien y el mal, entre el trigo y la ciza?a, la gracia y el pecado. La Asunci?n de la Virgen, en cambio, es imagen luminosa de esperanza y de victoria contra el? drag?n del Apocalipsis (Ap. 12,3); y es figura de la humanidad que todav?a espera?alcanzar su plenitud.

Por Ella, la esperanza es un futuro que se hace para nosotros creyentes, cierto y verdadero.? En este caso, el futuro? aparece como un elemento muy distintivo: no porque? conozcamos los detalles de lo que nos espera, sino porque podemos saber que nuestra vida no termina en un vac?o, ni en la nada, y que Dios est? con nosotros.

Por este motivo,? dado que el futuro es una certeza en nuestra vida, tambi?n se hace m?s llevadero el presente. Como nos dice el Santo Padre Benedicto XVI ?La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva? (cfr. Spes salvi, 2) y cree en la vida eterna.??

La Virgen vivi? sin temor a la espada que iba a atravesar su coraz?n? ?????

La Sant?sima Virgen tambi?n es motivo de esperanza porque su triunfo refleja la entrega generosa de su vida, que vivi? sin temor a la espada que iba a traspasar su coraz?n, y nos ayuda a superar las pruebas que debemos? afrontar cada d?a; el subjetivismo individual y el ego?smo.???????????????

A veces se vive como si no tuvi?ramos que morir nunca, o como si todo, al fin, se acabara con la muerte; la vida aparece para algunos como si el hombre fuera el ?nico art?fice de su propio destino, o como si Dios no existiera, llegando inclusive? en algunas ocasiones? a negar que haya un lugar? para ?l en el mundo que cre?.?

En una ?poca como la nuestra, la Asunci?n?de la Virgen nos interpela y nos ayuda.

En este sentido, en una ?poca como la nuestra,? la Asunci?n?de la Virgen nos interpela y nos ayuda, m?s a?n nos mueve a verificar si la vida, que cada uno lleva, est? dirigida hacia? Dios, ?y por esto nos invita a cambiarla en caso que no sea as?. Pensemos que la invitaci?n no es solo personal, sino que tambi?n se extiende a la familia, a nuestras comunidades y parroquias,? y a la sociedad en la que vivimos.?

Pidamos a Mar?a que nos ayude a ser fieles a la? esperanza,? buscando en todas las cosas el reino de Dios; que nos ayude? a abrirnos? a la acci?n del Esp?ritu Santo, que? transforme nuestras vidas y? corazones; y que nos ilumine sobre el camino a seguir, teniendo presente el bien, la dignidad de toda persona creada por Dios, y la naturaleza que nos regal?. No olvidemos la caridad, que brota ante todo del amor de Dios, y es un signo de nuestra vida en Cristo.

Sabemos que su elevaci?n al cielo no la aleja nuestra vida y de las necesidades del mundo; por el contrario, Ella puede mirarnos e interceder por nosotros, con la misma solicitud y amor con que movi? suplicante el Coraz?n de Jes?s, para realizar su primer milagro en las bodas de Can?, que le da el nombre a su Movimiento.

Ofrezcamos tambi?n en este d?a el Rosario para que por medio del misterio glorioso de su Asunci?n, crezca en nuestra Arquidi?cesis la piedad mariana y el amor a la Madre de Dios, lejos de todo mal y pecado. Que el Magnificat que proclamamos? en el Evangelio, salido de la fe profunda de Mar?a, encuentre un profundo eco en nuestra vida de disc?pulos, para seguir a Jesucristo y resucitar con ?l; ?y as?? compartir? su gloria.?

Mons. Jos? Luis Mollagan, arzobispo de Rosario?


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Homil?as
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