Viernes, 27 de agosto de 2010

ZENIT? nos ofrece la catequesis pronunciada el? mi?rcoles, 11 de agosto?de 2010, por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General celebrada en el patio interior del palacio apost?lico de Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy, en la Liturgia recordamos a santa Clara de As?s, fundadora de las Clarisas, luminosa figura de la cual hablar? en una de las pr?ximas Catequesis. Pero esta semana -como ya hab?a indicado en el ?ngelus del domingo pasado- hacemos memoria tambi?n de algunos Santos m?rtires, tanto de los primeros siglos de la Iglesia, como san Lorenzo, Di?cono, san Ponciano, Papa, y san Hip?lito, Sacerdote; como de un tiempo m?s cercano a nosotros, como santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, patrona de Europa, y san Maximiliano Mar?a Kolbe. Querr?a entonces hablar brevemente sobre el martirio, forma de amor total a Dios.

?En qu? se basa el martirio? La respuesta es simple: en la muerte de Jes?s, en su sacrificio supremo de amor, consumado en la Cruz para que pudi?ramos tener la vida (cf Jn 10,10). Cristo es el siervo sufridor del que habla el profeta Isa?as (cf Is 52, 13-15), que se ha dado a s? mismo en rescate por muchos (cf Mt 20,28). ?l exhorta a sus disc?pulos, a cada uno de nosotros, a tomar cada d?a la propia cruz y seguirle en el camino del amor total a Dios Padre y a la humanidad: ?el que no toma su cruz y me sigue detr?s no es digno de m?. El que encuentre su vida, la perder?; y el que pierda su vida por m?, la encontrar? (Mt 10,38-39). Es la l?gica del grano de trigo que muere para germinar y llevar vida (cf Jn 12,24). Jes?s mismo ?es el grano de trigo venido de Dios, el grano de trigo divino, que se deja caer en la tierra, que se deja quebrar, romper en la muerte y, precisamente a trav?s de ello, se abre y puede llevar fruto a la inmensidad del mundo? (Benedicto XVI, Visita a la Iglesia luterana de Roma [14 de marzo de 2010]. El m?rtir sigue al Se?or hasta el fondo, aceptando libremente morir por la salvaci?n del mundo, en una prueba suprema de fe y de amor (cf Lumen Gentium, 42).

Una vez m?s, ?de d?nde nace la fuerza para afrontar el martirio? De la profunda e ?ntima uni?n con Cristo, porque el martirio y la vocaci?n al martirio no son el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios, son un don de Su gracia, que hace capaces de ofrecer la propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia, y as? al mundo. Si leemos las vidas de los m?rtires, quedamos estupefactos por la serenidad y el coraje al afrontar el sufrimiento y la muerte: el poder de Dios se manifiesta plenamente en la debilidad, en la pobreza de quien se conf?a a ?l y pone s?lo en ?l la propia esperanza (cf 2Cor 12,9). Pero es importante destacar que la gracia de Dios no suprime o sofoca la libertad de quien afronta el martirio, sino que al contrario la mejora y la exalta: el m?rtir es una persona sumamente libre, libre frente al poder, al mundo; una persona libre, que en un ?nico acto definitivo da a Dios toda su vida, y en un supremo acto de fe, de esperanza y de caridad, se abandona en las manos de su Creador y Redentor; sacrifica su propia vida para ser asociado totalmente al Sacrificio de Cristo en la Cruz. En una palabra, el martirio es un gran acto de amor en respuesta al inmenso amor de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, como dec?a el mi?rcoles pasado, probablemente nosotros no estamos llamados al martirio, pero ninguno de nosotros est? excluido de la llamada divina a la santidad, a vivir de una manera elevada la existencia cristiana y esto implica tomar la cruz de cada d?a sobre uno mismo. Todos, sobre todo en nuestro tiempo en que parecen prevalecer ego?smo e individualismo, debemos asumir como primer y fundamental compromiso el de crecer cada d?a en un amor m?s grande a Dios y a los hermanos para transformar nuestra vida y transformar as? tambi?n nuestro mundo. Por intercesi?n de los Santos y de los M?rtires pidamos al Se?or que inflame nuestro coraz?n para ser capaces de amar como ?l nos ha amado a cada uno de nosotros.

[A continuaci?n, el Papa salud? a los peregrinos en diversas lenguas. En espa?ol, dijo:]

Saludo a los peregrinos de lengua espa?ola. En particular a los grupos de fieles venidos de Espa?a, M?xico y otros Pa?ses Latinoamericanos. Queridos hermanos: Dios nos llama a todos a la santidad. Nos llama a seguir m?s de cerca de Cristo, esforz?ndonos en transformar este mundo con la fuerza del amor a Dios y a los hermanos. Fij?ndonos en el ejemplo de los santos y los m?rtires, pidamos al Se?or que inflame nuestros corazones, para que seamos capaces de amar como ?l nos ha amado. Que Dios os bendiga.?

[Traducci?n del italiano por Patricia Navas
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:06  | Habla el Papa
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