S?bado, 28 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes, para la fiesta de la Asunci?n de la Virgen Mar?a (15 de agosto de 2010). (AICA)

ASUNCI?N DE LA VIRGEN MAR?A?????????????

Veamos qu? importancia tiene el mensaje de esta fiesta para nosotros como personas, como Iglesia y como cristianos en el mundo.

Como personas

La Asunci?n de la Virgen en cuerpo y alma al cielo nos se?ala que todo lo que tiene que ver con el cuerpo y la corporalidad del hombre, no es algo marginal, sino es parte integral de nuestra persona. El alma no la podemos entender como independiente de nuestro cuerpo, sino como el principio animador que se manifiesta y realiza a trav?s de nuestra condici?n f?sica. Y tambi?n la gracia que Dios infunde en nosotros, abarca todo nuestro ser. Cuando la Llena de Gracia contest? al ?ngel: ?Que se haga en m? seg?n tu palabra?, sinti? el efecto no solamente en su esp?ritu, sino permiti? la encarnaci?n del Verbo eterno en su seno. Por eso, la Iglesia compara a la Virgen con la Carpa del Encuentro, que albergaba el Arca de la Alianza, donde Dios garantizaba su presencia. El invisible manifiesta en ella su gloria. De ah? el cuidado que nosotros debemos a nuestro cuerpo, que es templo del Esp?ritu Santo. La dignidad de la persona no es solamente cuesti?n de buenas intenciones, sino tambi?n de conductas respetuosas para con nosotros mismos. La transformaci?n del cristiano es un proceso continuo que deja sus huellas en nosotros. ?Reflejamos?, dice el ap?stol, ?como en un espejo, la gloria del Se?or, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez m?s glorioso, por la acci?n del Se?or, que es Esp?ritu? (2 Cor 3, 18). El hecho que el cuerpo de no pocos santos no haya sufrido la corrupci?n, podemos entender como una se?al con que Dios los distingue como ejemplos, en los cuales el Esp?ritu Santo pudo hacer su obra.

Como Iglesia

Mar?a no es solamente ejemplo que nos orienta sino, asunta al cielo, ?con su m?ltiple intercesi?n contin?a obteni?ndonos los dones de la salvaci?n eterna? (LG 62). Unida indisolublemente a la Iglesia, su invocaci?n reafirma la misi?n mediadora de la misma. Lo que afirmamos de la Virgen, lo entendemos a la vez como propio de la Iglesia. La que es la Madre de Cristo, cabeza de la Iglesia, es tambi?n Madre de su Cuerpo m?stico que somos los bautizados. Como ella lo dio al mundo y los hombres pod?an acercarse a ?l, as? la? Iglesia como sacramento del Resucitado,? es el signo visible que lo hace presente ante los hombres. La que ha ?sido inmaculada desde el inicio de su vida hasta el final, y quedado incorrupta despu?s de su muerte,?? ahora ya participa en la resurrecci?n, como su Hijo. En ella se confirma como anticipo la promesa? de la transformaci?n que aguarda a todos los miembros de la Iglesia, cuando el Se?or vuelva. Santa y siempre necesitada de conversi?n, la Iglesia est? en el mundo para transformarlo. Sin ella, el mundo estar?a perdido. Esto, a pesar de nuestros defectos,? el pueblo lo siente y lo expresa, cuando peregrina a los santuarios de la Virgen, donde busca y encuentra? la Iglesia Madre.

Como cristianos en el mundo

Finalmente, la Asunci?n con cuerpo y alma de la Virgen, evoca la exhortaci?n del Concilio Vaticano II ?a los cristianos, ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el esp?ritu evang?lico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aqu? ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al m?s perfecto cumplimiento de todas ellas seg?n la vocaci?n personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales, como se ?stos fuesen ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que ?sta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m?s graves errores de nuestra ?poca? (GS 43).

Pidamos a ?nuestra Madre, que nos alcance un coraz?n atento a lo que su Hijo nos pide, y la fortaleza de ponerlo por obra aqu?, con la mirada puesta en el cielo.?

Mons. Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes?


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Homil?as
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