Lunes, 30 de agosto de 2010

Comentario al evangelio del domingo veintid?s del Tiempo Ordinario ? C, publicado en Diario de Avisos el domingo 29 de Agosto de 2010 bajo el ep?grafe ?DOMINGO CRISTIANO?.

Los verdaderos l?deres

Daniel Padilla

?Cuando escribo estas letras, me vienen a la mente nuestros Indu?rain, Pedrito, Rafa Nadal..., que han dejado muy claro con la fuerza y la sabidur?a de su buen hacer que son el n?mero uno, el as del deporte del que han sido o son l?deres. Y as?, con tales haza?as, se han constituido en ?dolos de multitudes. Pero de ah? lo mejor: tanto la hinchada como la prensa especializada han destacado de ellos otra virtud m?s rara: su sencillez, su no-arrogancia, su humildad. ?Dios se la conserve siempre! Y han dicho de ellos una cosa tan bella y extra?a como ?sta: que "ganan y dejan gana?' y que "pierden y saben perder". No te desilusiones, lector. Aunque este?mos todav?a deslumbrados por sus haza??as, aunque pod?a extenderme a otras satisfacciones en lo deportivo, la m?a no quiere ser una cr?nica deportiva. Es sim?plemente el pr?logo para entrar en el evangelio de hoy, que versa "sobre los pri?meros y los ?ltimos puestos". Escuchen lo que dice el juez ?nico de la gran com?petici?n de la vida: "Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que haya otro convidado de m?s categor?a. Al rev?s, cuando te con?viden, si?ntate en el ?ltimo puesto". La verdad es que hoy resultan extra?as, y seguramente desfasadas, estas recomen?daciones. Vivimos en una sociedad en la que el principal objetivo es triunfar, triun?far en todo: en la pol?tica, en la profesi?n elegida, en el dinero, en la belleza, en el deporte. Toda la propaganda que nos inunda y circunda no tiene otra finalidad que ?sa. Nadie puede salirse de la gran maquinaria de la competitividad. Si alguien se saliera, se convertir?a en un cero a la izquierda. Nada. Y sin embargo, ah? quedan las palabras de Jes?s: "En los banquetes, no busquen los primeros puestos...". ?Qu? quer?a decir? No tra?taba, por supuesto, de reglas referentes al protocolo y la buena educaci?n. A nadie se le oculta, en efecto, que es bueno y saludable, es nuestro deber y obligaci?n, guardar los principios y las normas de convivencia social. Pero ya comprenden que el Jes?s, que, en cierta ocasi?n excus? a sus disc?pulos -"que no se lavaron las manos antes de come?'-, no hab?a venido al mundo para eso. Tampoco trat? de amaestrarnos en una sofisticada estrate?gia diplom?tica con la que, bajo la apa?riencia de perdedores, result?ramos ganadores. Como si nos invitara a ser lobos rapaces vestidos con piel de oveja. Lo cual ser?a entrar en el mundo de la competitividad de una manera mucho m?s taimada. No. Se trata de algo mucho m?s serio, profundo y fundamental: de proceder con verdad ante los ojos de Dios. Es decir: que en ning?n momento pierda el cristiano de vista su menguada esta?tura, las dimensiones microsc?picas de su peque?ez frente al poder infinito de Dios, frente a su inmensa grandeza, frente a su insondable majestad. Ese es el sentido de sus recomendaciones. "Andar en verdad", como defin?a la humilde Santa Teresa. Y rogando a Dios lo que ped?a San Agust?n: "Que te conozca, Se?or y que me conozca". Ese estudio comparativo entre Dios y yo producir? necesariamente en m? la humildad.


Publicado por verdenaranja @ 16:58  | Espiritualidad
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