Lunes, 30 de agosto de 2010

ZENIT? publica el mensaje que ha escrito monse?or Francisco Gil Hell?n, arzobispo de Burgos, con el t?tulo "Un bien p?blico llamado hijo".


Un bien p?blico llamado hijo?

Desde hace a?os se han disparado las alarmas de la natalidad en Europa. No en el sentido de que se nos acabe el suelo para acoger los nuevos nacimientos, sino porque ?stos han decrecido de forma alarmante. Y como esto tiene repercusiones seguras y negativas sobre las pensiones, nada m?s l?gico que la Comisi?n Europea se muestre cada vez m?s preocupada por el envejecimiento demogr?fico y su repercusi?n en el estado del bienestar. Hasta el punto de que en su reciente Libro verde no dude en afirmar que "con las tendencias actuales, la situaci?n es insostenible".

Una de las propuestas que ofrece es conseguir que la salida efectiva de la vida laboral se acerque a la edad legal de la jubilaci?n y alargar ?sta hasta los setenta a?os. En Espa?a la edad efectiva est? en 62,6 a?os y el gobierno ya ha anunciado prolongar la edad legar de la jubilaci?n.

Especialistas y dem?grafos han dado tambi?n la se?al de alarma sobre el desequilibrio entre la baja natalidad y la larga esperanza de vida, por una parte, y el estado del bienestar, por otra. Si no se invierte la pir?mide fatalista, las pensiones, la atenci?n a las personas dependientes, y el gasto sanitario y educativo est?n amenazados.

Los programas electorales o gubernamentales pueden prometer cualquier cosa. Pero los datos demogr?ficos son los que son: contundentes y nada flexibles. Y estos datos se?alan que para apuntalar el estado del bienestar se necesita una tasa de fecundidad en torno al 1,9 de hijos por mujer, como ocurre, por ejemplo, en Francia y los pa?ses n?rdicos. En Espa?a tenemos 1,46.

Ciertamente, la inmigraci?n es un factor positivo para la natalidad, pues el 20 por ciento de los nacimientos son de madre extranjera. Pero los dem?grafos saben muy bien que las mujeres emigrantes no son tan numerosas como para variar el ?ndice y, adem?s, que con el paso del tiempo tienden a adoptar nuestros patrones de natalidad m?s reducida.

Seg?n esto, parece que el ?nico remedio es aumentar la natalidad. Es alentador que todas las encuestas coincidan en que las espa?olas dicen que desear?an tener m?s hijos. Toca ahora a los sectores implicados comprometerse con la promoci?n de la natalidad. El Estado dando m?s prestaciones familiares y plazas para la educaci?n infantil; los empleadores, con medidas de conciliaci?n entre trabajo y familia; y las propias familias, con una responsabilidad compartida entre el marido y la mujer para la crianza de los hijos. Como alguien ha dicho, el hijo se ha convertido en "bien p?blico".

En este horizonte, y sin entrar en consideraciones ?ticas, resulta incomprensible la promoci?n del aborto. Porque los ciento quince mil ochocientos doce abortos de 2008 suponen uno de cada cinco embarazos. Dicho en t?rminos m?s cremat?sticos, uno de cada cinco espa?oles que podr?an apuntalar el estado del bienestar no aportar?n sus brazos y su inteligencia para hacer progresar al pa?s.

Es verdad que tambi?n habr?an supuesto un mayor gasto en su infancia y juventud, pero a nadie se le oculta que el aumento de la poblaci?n joven en un pa?s envejecido es siempre un factor positivo. Por lo dem?s, las mujeres que abortan no son las que m?s hijos suelen tener, pues el sesenta y seis por ciento no tienen ninguno y el veintid?s s?lo tiene uno.

En definitiva, se trata, como insisten los dem?grafos, de favorecer que las mujeres tengan hijos m?s j?venes. Para ello es necesario invertir la actual sensibilidad de algunos sectores, muy ideologizados y politizados, que no cesa de bombardear la opini?n p?blica en contra del aumento de la natalidad y a favor del aborto. Todos deber?amos ser m?s conscientes de que tal postura, m?s all? de consideraciones ?ticas, es un atentado contra el estado de bienestar.


Publicado por verdenaranja @ 22:18  | Hablan los obispos
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