Martes, 31 de agosto de 2010

ZENIT? En el centenario del decreto "Quam singulari Christus amore" (8 de agosto de 1910) de san P?o X --el Papa beatificado en 1951 y canonizado en 1954--, publicamos la reflexi?n del prefecto de la Congregaci?n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Antonio Ca?izares, presentada en "L'Osservatore Romano". Benedicto XVI afront? este argumento en la audiencia del mi?rcoles pasado (Cf. "San P?o X, modelo de pastor").

?

Se cumplen ahora cien a?os de la promulgaci?n del decreto "Quam singulari", del Papa san P?o X, por el que, siguiendo fielmente las ense?anzas del concilio IV de Letr?n y las de Trento, estableci? la primera comuni?n y primera confesi?n de los ni?os a la edad del uso de raz?n, es decir, en torno a los siete a?os.


Esta disposici?n del santo Papa supon?a un cambio muy importante en la pr?ctica pastoral y en la concepci?n habitual de entonces, que por diversas razones, hab?an retrasado a edades posteriores este acontecimiento tan trascendental para el hombre.


Con este decreto, san P?o X, el gran Papa de la piedad y de la participaci?n eucar?stica, con el deseo de renovaci?n eclesial que inspir? su pontificado, ense?? a toda la Iglesia el sentido, lugar, valor y centralidad de la sagrada comuni?n para la vida de todos los bautizados, incluidos los ni?os.


Con este gesto al mismo tiempo, destacaba y recordaba a todos el amor y la predilecci?n de Jes?s por los ni?os, que adem?s de hacerse ni?o, manifest? su amor hacia ellos con gestos y palabras hasta el punto de decir: "Si no sois como ni?os no entrar?is en el reino de los cielos"; "Dejad que los ni?os se acerquen a m?, no se lo impid?is, porque de ellos es el reino de los cielos". Ellos son siempre amigos muy especiales del Se?or.
Con la misma predilecci?n, con la misma mirada amorosa y con la misma atenci?n y solicitud singular, mira, atiende, cuida y se preocupa la Iglesia de los ni?os. Por esto, ella, como madre amorosa, quiere para sus hijos peque?os, los primeros en el reino de Dios, que, con las debidas disposiciones participen pronto en lo mejor y m?s grande que Jes?s nos ha dejado en memoria suya: su Cuerpo y su Sangre, el Pan de la vida. Por la sagrada comuni?n, Jes?s en persona, Hijo de Dios, entra dentro de la vida de quien lo recibe y pone su morada en ?l. No cabe mayor amor, ni mayor regalo. Esto es un don de amor que vale m?s que todo el resto que pueda darse a la vida de cada hombre. Estar con el Se?or; que el Se?or est? en nosotros, dentro de nosotros; que nos alimente y sacie; que nos tome de la mano y nos gu?e; que nos vivifique y permanezcamos fielmente en comuni?n y amistad con ?l: es sin duda lo m?s grande, lo m?s gratificante, lo m?s gozoso que le puede suceder a uno.

?C?mo retrasar, pues, a los ni?os, este encuentro con Jes?s, que son sus mejores amigos, los especialmente queridos por Dios, el Padre, objeto de especial cuidado de la Iglesia, madre santa?

La primera comuni?n de los ni?os es como el inicio de un camino junto a Jes?s, en comuni?n con ?l: el inicio de una amistad destinada a durar y fortalecerse toda la vida con ?l; comienzo de un camino, porque con Jes?s, unidos sin separarnos, procedemos bien y la vida se hace buena y dichosa; con ?l dentro de nosotros podemos ser sin duda personas mejores. Su presencia entre nosotros y con nosotros es luz, vida y pan en el camino. El encuentro con Jes?s es la fuerza que necesitamos para vivir con alegr?a y esperanza. No podemos, retrasando la primera comuni?n, privar a los ni?os -al alma y al esp?ritu de los ni?os- de esta gracia, obra y presencia de Jes?s, de este encuentro de amistad con ?l, de esta participaci?n singular de Jes?s mismo y de este alimento del cielo para poder madurar y llegar as? a la plenitud.

Todos, especialmente los ni?os, tenemos necesidad del Pan bajado del cielo, porque tambi?n el alma debe nutrirse y no bastan nuestras conquistas, la ciencia, las cosas t?cnicas, por muy importantes que sean. Necesitamos a Cristo para crecer y madurar en nuestras vidas. Esto es m?s importante todav?a en los momentos que vivimos y lo es de modo especial para los ni?os, frecuentemente objeto, por desgracia, de manipulaci?n y de destrucci?n de su grandeza, pureza, simplicidad, "santidad", capacidad de Dios y de amor que les constituye. Los ni?os viven inmersos en mil dificultades, envueltos en un ambiente dif?cil que no les favorece ser lo que Dios quiere de ellos, muchos, v?ctimas de la crisis de la familia. En ese clima a?n les es m?s necesario el encuentro, la amistad, la uni?n con Jes?s, su presencia y su fuerza. Son, por su alma limpia y abierta, los mejor dispuestos, sin duda, para ello.

El centenario del decreto "Quam singulari" es una ocasi?n providencial para recordar e insistir en el tomar la primera comuni?n cuando los ni?os tengan la edad del uso de raz?n, que hoy, incluso, parece anticiparse. No es recomendable, por ello, la pr?ctica que se est? introduciendo cada d?a m?s de alargar la edad de la primera comuni?n. Al contrario, es a?n m?s necesario el adelantarla.

Ante tantas cosas que est?n acaeciendo con los ni?os, y el ambiente tan adverso en el que crecen, no los privemos del don de Dios: puede ser, es la garant?a de su desarrollo como hijos de Dios, engendrados por los sacramentos de la iniciaci?n cristiana en el seno de la santa madre Iglesia. La gracia del don de Dios es m?s poderosa que nuestras obras y que nuestros planes y programas. Cuando san P?o X adelant? la edad de la primera comuni?n, tambi?n insisti? en la necesidad de una buena formaci?n, de una buena catequesis. Hoy debemos acompa?ar este mismo adelanto en la edad con una nueva y vigorosa pastoral de iniciaci?n cristiana. Las l?neas marcadas por el Catecismo de la Iglesia cat?lica y el Directorio general para la catequesis son gu?a imprescindible en esta pastoral nueva o renovada de la iniciaci?n cristiana tan fundamental para el futuro de la Iglesia, la madre que, con el auxilio de la gracia del esp?ritu, engendra y madura a sus hijos por los sacramentos de la iniciaci?n, por la catequesis, y por toda la acci?n pastoral que acompa?a. As? pues, no cerremos hoy nuestros o?dos a las palabras de Jes?s: "Dejad que los ni?os se acerquen a m?, no se lo impid?is". ?l quiere estar en ellos y con ellos, porque "de los ni?os y de los que son como ellos es el reino de Dios".


Publicado por verdenaranja @ 23:26  | Hablan los obispos
 | Enviar