Mi?rcoles, 01 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora en la Coronaci?n de la imagen con el Ni?o de Nuestra Se?ora de la Paz (22 de agosto de 2010). (AICA)

CORONACI?N DE LA IMAGEN CON EL NI?O DE NUESTRA SE?ORA DE LA PAZ

La buena memoria? nos consolida como pueblo, porque da lugar a la esperanza, y en esta nuestra historia, a una esperanza que abri? caminos para recordar con gratitud el pasado, al deseo de vivir con pasi?n el presente y abrirnos con confianza al futuro.

Ante las luchas intestinas entre argentinos, ante la distancia del centralismo porte?o y el reclamo de las provincias, en las cercan?as de Buenos Aires por la insistencia de los pobladores de las Lomas de Zamora, despu?s de casi cuarenta a?os de exponer a las autoridades la petici?n de la fundaci?n del pueblo, de la parroquia y del partido (as? se estilaba en esa ?poca) bajo la advocaci?n de la Virgen de la paz. El 20 de agosto de 1860 se efectuaba la s?ptima petici?n para construir este templo de las lomas de Zamora. En diciembre del mismo a?o el gobernador de la Provincia Bartolom? Mitre puso la piedra fundante y el p?rroco de? San Miguel de Buenos Aires, can?nigo Gabriel Fuentes? bendec?a? las primeras zanjas abiertas para los cimientos.

El Bicentenario de la patria no es s?lo el primer grito de libertad del 25 de mayo de 1810- sino tambi?n el deseo de ir plasmando y consolidando como naci?n la independencia iniciada en 1816. Pastoralmente creemos tambien que ?ayudar? como celebraci?n prolongada durante el pr?ximo sexecenio a seguir recordando y uniendo los acontecimentos ?de los 200 a?os de la revoluci?n de mayo y del Congreso de Tucum?n: nuestra independencia nacional, y los 150 a?os de historia lomense, hasta el 2016.

La costumbre de representar a santa Mar?a virgen? ce?ida con corona regia data ya de los tiempos del Concilio de Efeso (431), lo mismo en Oriente que en Occidente.

?Hoy junto al Se?or la coronamos. ?A tu derecha est? la Reina enjoyada con oro de ofir? reza la escritura. Y la imagen la contemplamos sentada con el ni?o, esta sentada en la c?tedra en el trono, porque esta es su c?tedra, esta es su casa.

Ella sabemos que no necesita de coronas materiales, pero nosotros como hijos suyos, que nos movemos desde ?el sentido, necesitamos el? gesto que nos ayude a contemplar? a la Madre y Reina, para que se proyecte este gran deseo, de que verdaderamente: reine en nuestros corazones, queremos con este gesto que Mar?a reine en nuestros corazones, y que reine como Se?ora de la Paz; que nos ayude a cada uno a ser un poco m?s justos cada d?a.

Uno de los textos marianos m?s antiguos del N. T. Aparece en la carta a los G?latas<!--[1]: ?cuando se cumpli? el tiempo, Dios envi? a su hijo, nacido de mujer? .

Es un texto de la Palabra de Dios que genera en nosotros gran esperanza, no s?lo porque nos habla de que ha llegado el tiempo de la redenci?n, sino tambi?n por las palabras; ?Nacido de mujer?, que nos hace entender dos cosas importantes: que Dios quiso meterse en la familia humana y la incorporaci?n de Mar?a al proyecto salv?fico de Dios.

Pero si gustamos este texto descubrimos tambi?n, no s?lo la afirmaci?n de la maternidad divina de Mar?a, sino el hecho de que ella, desde su t?mida entrada en este amplio escenario b?blico, aparece al lado de un misionero: Jesucristo, se presenta en este texto como el gran enviado de Dios. El verbo ?envi? es un t?rmino cl?sico para indicar La Misi?n; califica claramente al Hijo como enviado del Padre.

Mar?a Sant?sima se asoma entonces al mirador de la historia de la salvaci?n, se manifiesta en p?blico otra vez, asociada al gran misionero, como queriendo significar que uno de los rasgos fundamentales de su figura materna es el de la? misi?n.

Es por eso que la imagen peregrina de Nuestra Se?ora de la Paz, antes de esta coronaci?n, quiso misionar entre su pueblo, tantos testimonios recibidos a su paso por Parroquias y colegios, por las calles y las plazas, los andenes de las estaciones y las peatonales, desde el bullicio de los comercios al silencio de las capillas, es decir, donde se plasma el acontecer de la gente.

Hemos querido en este tiempo rezar en todas las comunidades junto a la Madre, por la paz entre los argentinos, ante la violencia domestica y la callejera, ante la crispaci?n de los mayores y la venganza de los menores, ante el flagelo del alcohol que destruye y las zonas liberadas que intoxican y? fulminan a muchos, para que lucren unos pocos. Seguimos pidiendo por esta justicia demasiado largamente esperada.

Sabemos que en el Evangelio se encuentran muchos pasajes, que concretamente muestran su esp?ritu misionero. En el evangelio de la visitaci?n es como si la Virgen se moviera bajo el impulso del mismo verbo: enviar, el que toc? a Gabriel: y? ?fue enviado, el ?ngel de parte de Dios?. Fue enviado. Es fuerte el mandato de este verbo: y no habi?ndose agotado con la venida del ?ngel a la tierra, descarg? el dinamismo que le quedaba, en Mar?a, que se puso en marcha hacia las monta?as de Judea. Es decir, tambi?n ella fue enviada. En el origen de su viaje resuena este verbo misionero que la Iglesia ha proclamado y ha ejercitado a lo largo de los siglos. Mar?a obedeci? a este impulso misionero, y llevando a Cristo en su seno, se convirti? en su primera custodia, inaugur? las procesiones del ?Corpus Christi? y fue a llevar el anuncio de liberaci?n a los parientes que estaban lejos.

En este y en otros pasajes cada vez que se habla de Mar?a lo relacionamos como la mensajera de la buena noticia. Mar?a es buena noticia que nos trae la buena nueva del Evangelio, por eso el pasaje de la Carta a los G?latas nos presenta toda la fuerza teol?gica de su exordio: al lado de Cristo. Nosotros enviados, queremos salir del refugio seguro del templo, para ser enviados a los que no conocen la Buena Noticia de Jes?s. Porque como enviada por Dios para la salvaci?n del mundo la Iglesia existe para caminar, no para acomodarse.

N?mada como t?, Madre y Reina, pon en nuestro coraz?n una gran pasi?n por llevar el Evangelio a todo hombre. Madre caminante como t?, ll?nanos de ternura hacia los necesitados. Y haz que no nos preocupemos m?s que presentar a Jesucristo, como hiciste t? con los pastores, con los magos de oriente y con otros mil an?nimos personajes que esperaban la redenci?n.

Santa Mar?a Reina de la paz, que seamos una Iglesia misionera que partamos el pan de la Palabra a todo hermano; especialmente, a los que se sienten m?s lejos. Aux?lianos en nuestro deseo misionero, restaura nuestro cansancio, prot?genos de todo peligro, especialmente el de la prepotencia, la comodidad y el mirarnos a nosotros mismos.

Santa Mar?a haznos testigos de la alegr?a, de esa alegr?a sencilla de los que caminan el barrio y se sientan a perder el tiempo con el anciano, el d?bil, el sufriente, de los que se convierten en ministros de la escucha del adolescente crispado y del joven s?lo, de la mujer golpeada o abandonada y del que no cuenta para nuestra eficiente sociedad indiferente. Que ante lo urgente de la caridad nos parezca pobre nuestra generosidad y lenta nuestra acci?n con los ca?dos del camino.

?Madre y Reina de la paz queremos ser agradecidos!

?Gracias por acercarnos a tu hijo!. Gracias porque con tu silencio nos habl?s tan lindo. Gracias porque una y otra vez como cuando acarreabas el agua de la fuente, rog?s a tu hijo por nuestro pueblo. Gracias por tu servicio a la vida. Gracias por ser mujer y por atender las s?plicas de tantas madres, que hoy sienten que el camino se hace cuesta arriba, como el del calvario y encima est? la cruz. Gracias Reina porque sos tan madre que los hombres nos sentimos ni?os frente a tu imagen, y nos haces m?s buenos.

Gracias porque hoy como en Bel?n, la casa del pan, toc?s corazones buenos para compartir el pan. Gracias por tu humildad de reina y tu grandeza de sierva. Gracias porque sos nuestra mediadora en la dif?cil comprensi?n entre los hombres. Gracias por ser madre y Reina de la iglesia, que segu?s amamantando hijos con tu ternura, porque tu manto co-redentor tambi?n a cubierto a nuestros muertos.

Gracias porque nos ense?as a ampararnos a la sombra del Esp?ritu y nos alientas con la Palabra.

Gracias tambi?n por ser Reina de la paz. Conc?denos del Se?or su paz, fruto de la justicia, la que el mundo no puede dar.

Te necesitamos Madre y Reina para que las palabras del Evangelio: El que quiera servirme que me siga, y donde yo est?, all? estar? mi servidor? ?nos alienten a seguir sirviendo en la Iglesia, en la familia, en la comunidad. Que sepamos siempre darte un lugar, en nuestro coraz?n, en nuestra familia, en nuestro pueblo. S? nuestra luz, como nos pide tu Hijo: Caminen mientras tengan luz no sea que las tinieblas, los sorprendan, porque el que camina en tinieblas no sabe a d?nde va. Mientras tengan luz, crean en la luz, y ser?n hijos de la luz.

Que la luz este presente siempre en nuestras vidas, sea presencia de tu Hijo que reina desde la cruz gloriosa. Presencia de la madre que acompa?? al hijo hasta la gloria. Presencia en cada coraz?n que recibe? a Cristo redentor en la fe, lo saluda en la esperanza y lo vive en el amor.

Santa Mar?a reina de la Paz, mujer misionera, que no nos cansemos por los fracasos, l?branos de la resignaci?n de los que se resisten a ser enviados, de los que dicen pero no hacen, y de los tranquilos, que no han sentido en el coraz?n, el resuello de las multitudes que todav?a no conocen a Jes?s.

Santa Mar?a Reina de la Paz te pedimos que intercedas ante los anhelos de pastoral planificada de nuestra Iglesia diocesana, l?branos de la tentaci?n, pues tampoco ella es extra?a a la palabra de m?s, que divide -al individualismo que fragmenta- al derrotismo que agobia, y a la exclusi?n que selecciona dentro del per?metro de sombra que proyecta el campanario.

Te lo pedimos para nosotros, que lejos de las discriminaciones, del ego?smo y del aislamiento, podamos estar siempre del lado de la vida, en el punto donde nace, crece y muere.

Santa Mar?a Reina de la Paz te lo pedimos para nuestra provincia, que trabajemos juntos echando las redes, que aunque pensemos distinto nos arremanguemos juntos, que los intereses partidistas no atomicen las voluntades.

Te lo pedimos para nuestras familias, para que el di?logo, el amor crucificado, la constancia y la ternura dom?stica, hagan de ellas lugar privilegiado del compromiso cristiano y civil.

Te lo pedimos para nuestra patria y para el mundo entero, a fin de que la solidaridad de una mesa m?s grande vaya haci?ndose eco entre los pueblos, deje de vivirse como un compromiso moral m?s y se reconozca como el ?nico imperativo ?tico, donde la paz, fruto de la justicia, se convierta en meta ineludible.

Te rogamos que se lo pidas a ?tu Hijo, por El, con El y en El, Pastor de las almas y Arriero de corazones, enviado del Padre, nacido de mujer. Am?n

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Mons. Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora

Iglesia catedral de Nuestra Se?ora de la Paz, 22 de agosto de 2010?

Notas

1 Gal. 4,4

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Publicado por verdenaranja @ 22:35  | Homil?as
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