Jueves, 02 de septiembre de 2010

Palabras del obispo de Tenerife Monse?or Bernardo ?lvarez Afonso para el programa de las Fiestas 2010 del Sant?simo Cristo de La Laguna, cuyo d?a principal es el 14 de Septiembre.

Mirar al Cristo, contemplar al Hijo de Dios

Con el retorno anual de las Fiestas en Honor del Sant?simo Cristo de la Laguna miles de fieles se congregan ante la venerada imagen de Cristo crucificado para expresar su fe en Aqu?l que "por nosotros y por nuestra salvaci?n" acept? morir en la cruz. En torno a esta fiesta, junto con los actos propiamente religiosos, se organiza una gran variedad de actos culturales, deportivos y l?dicos que ponen de manifiesto la gran devoci?n y proyecci?n social que se ha creado a lo largo de los siglos en torno al "Cristo lagunero".?

Sirvan estas breves palabras, que acompa?an al Programa de la "Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Sant?simo Cristo de La Laguna", como invitaci?n, que me hago a m? mismo y a todos, a centrarnos en el sentido genuino de esta fiesta: MIRAR A CRISTO, evitando el peligro siempre latente de quedarnos en las cosas (en lo externo) y no ir a Dios. La fiesta es en "Honor" del Cristo y a Cristo s?lo se le honra "en esp?ritu y verdad", es decir, de todo coraz?n y guardando sus mandatos: "el que me ama guarda mis mandamientos", nos ense?a el propio Jes?s.?

Al mirar la imagen del Cristo de La Laguna vemos representado a Cristo crucificado, ya muerto, coronado de espinas y con el costado atravesado por la lanza del soldado. Pero hemos de ver m?s all? de la imagen f?sica y descubrir el misterio que se nos muestra en esta bella obra de arte para que, con la fe, adoremos a Aquel a quien la imagen representa y arrepentidos de nuestros pecados nos acojamos a su amor y misericordia,? para as? alcanzar el perd?n y la paz que el ha ganado para todos con su sacrificio redentor.??

Hagamos un poco de memoria hist?rica. Ante el Cristo crucificado podemos preguntarnos: ?Cu?l fue la causa de su muerte? En el juicio previo que le hizo el Sanedr?n jud?o, Jes?s fue condenado a muerte por decir que El era el Hijo de Dios. Luego Pilato, cobardemente, aunque no encontr? en eso motivo de culpa, lo mand? crucificar para no quedar mal. En el relato del evangelio de San Marcos se nos dice que el centuri?n romano, al ver la manera como muri? Jes?s, dijo: "Verdaderamente este hombre era hijo de Dios". Podemos preguntarnos ?Cual fue esa manera de morir que llevo al centuri?n a reconocer en Jes?s al Hijo de Dios, cosa que el sanedr?n no fue capaz de aceptar? ?Qu? vio el centuri?n que no supieron captar los que condenaron a Jes?s??

El centuri?n ha sido testigo de toda la pasi?n de Jes?s, ha visto sus actitudes y reacciones con los que le torturaban y le ha o?do hablar desde la cruz. Ha visto su humildad y paciencia, le ha o?do perdonar a sus enemigos? le ha visto morir diciendo: "Padre, a tus manos encomiendo mi esp?ritu". Ha visto de primera mano, lo que m?s tarde, San Pedro, que no estaba all?, pero que otros le contaron, tal vez el propio centuri?n, dir? en su primera carta: "Cristo sufri? por nosotros, dej?ndonos ejemplo para que sigamos sus huellas.? El, que no cometi? pecado, y en cuya boca no se hall? enga?o; El que, al ser insultado, no respond?a con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se pon?a en manos de Aquel que juzga con justicia" (1Pe. 2,21-23).?

Quiz? el centuri?n, como a nosotros, le costaba entender c?mo era posible que siendo Jes?s el Hijo de Dios acabara de aquella forma: ?Qu? motivo puede haber para que el Hijo de Dios haya sufrido este proceso de humillaci?n y sufrimiento que acaba con su muerte en una cruz???

Antes de la pasi?n Jes?s hab?a dicho: "Yo doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente" (Jn. 17-18). Eso quiere decir que Jes?s, ante la pasi?n y muerte que le infligieron sus enemigos, en lugar de vengarse y devolver mal por mal, por amor a los que le hac?an da?o (y a todos lo que hacen mal) acept? el sufrimiento y la muerte. Amando y perdonando, destruy? el pecado, no a los pecadores. A estos lo cura de su maldad. As? lo ense?a San Pedro: "Cristo, sobre el madero, llev? nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, vivi?ramos para la justicia; con sus heridas hemos sido curados" (1Pe. 2,24).?

La prueba mayor del amor de Dios a los hombres ha sido y es ofrecer el don de su Hijo unig?nito. Jes?s es la revelaci?n del amor de Dios a la humanidad en su persona y en su obra. Esto alcanza su m?xima expresi?n en el abismo de la ignominia, la humillaci?n y el sufrimiento que se ve en la entrega del Se?or hasta morir en la cruz.?

Por eso, ante la pregunta, ?qu? motivo puede haber para que el Hijo de Dios haya padecido la pasi?n y muerte en la Cruz?, s?lo hay una respuesta adecuada: el infinito amor de Dios al hombre. As? nos lo hizo saber el propio Jes?s: "Tanto am? Dios al mundo que dio a su Hijo ?nico, para que todo el que crea en ?l no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por ?l (Jn. 3,16-17). Y el propio San Juan en su? primera carta nos dice: "En esto se manifest? el amor que Dios nos tiene; en que Dios envi? al mundo a su Hijo ?nico para que vivamos por medio de ?l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que ?l nos am? y nos envi? a su Hijo como propiciaci?n por nuestros pecados (1Jn. 4,9-10).?

San Pablo, a su vez, nos ense?a: "La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav?a pecadores, muri? por nosotros (Rom.5,8) y en otro lugar de la misma carta: "El que no perdon? ni a su propio Hijo, antes bien le entreg? por todos nosotros, ?c?mo no nos dar? por gracia todas las cosas? (Rom. 8,32). El conocimiento de este amor de Dios, unido a la conciencia de nuestra debilidad, impulsa al coraz?n creyente a reconocer la necesidad de Cristo en su vida, como lo hizo el papa Pablo VI con esta oraci?n:??

Oh Cristo, nuestro ?nico mediador,
te necesitamos; t? nos eres necesario
para entrar en la comuni?n con Dios Padre,
para llegar a ser contigo,
que eres su Hijo ?nico y Se?or nuestro,
sus hijos adoptivos,
para ser regenerados en el Esp?ritu Santo.?

T? nos eres necesario, oh Redentor nuestro,
para descubrir nuestra miseria moral y para curarla;
para tener el concepto del bien y del mal
y la esperanza de la santidad;
para deplorar nuestros pecados y para obtener su perd?n.?

T? nos eres necesario,
oh hermano primog?nito del g?nero humano,
para reencontrar las verdaderas razones
de la fraternidad entre los hombres,
los fundamentos de la justicia,
los tesoros de la caridad y el bien supremo de la paz.?

T? nos eres necesario,
oh, Cristo, oh Se?or, oh Dios con nosotros,
para aprender el amor verdadero
y para recorrer en la alegr?a y en la fuerza de tu caridad,
nuestro camino fatigoso hasta el momento final,
contigo, amado Se?or,
contigo, esperado Salvador,
contigo, bendito por los siglos. Am?n?

Que Cristo muri? crucificado lo puede ver y aceptar cualquiera, pero reconocer que el Crucificado es ?el Hijo de Dios y que muri? para el perd?n de los pecados solo lo ven los que, como el centuri?n al pie de la cruz, van m?s all? de las apariencias y se dejan iluminar por la luz de la fe. Una fe en Cristo que todos estamos llamados a renovar en profundidad en estos d?as de Fiesta en honor del Sant?simo Cristo de La Laguna: Ver al Cristo, contemplar al Hijo de Dios.

? Bernardo ?lvarez Afonso

Obispo de Tenerife