Viernes, 03 de septiembre de 2010

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigi? el mi?rcoles 25 de Agostode 2010 a los peregrinos congregados en el patio y en las afueras del Palacio Apost?lico de Castel Gandolfo, para la audiencia general.

Queridos hermanos y hermanas,

en la vida de cada uno de nosotros hay personas muy queridas, a las que nos sentimos particularmente cercanas, algunas est?n ya en los brazos de Dios, otras comparten a?n con nosotros el camino de la vida: son nuestros padres, los familiares, los educadores; son personas a las que hemos hecho el bien o de las que hemos recibido el bien; son personas con las que sabemos que podemos contar. Es importante, sin embargo, tener tambi?n ?compa?eros de viaje? en el camino de nuestra vida cristiana: pienso en el director espiritual, en el confesor, en las personas con las que se puede compartir la experiencia de fe, pero pienso tambi?n en la Virgen Mar?a y en los santos. Cada uno deber?a tener alg?n santo que le fuese familiar, para sentirle cercano con la oraci?n y la intercesi?n, pero tambi?n para imitarlo. Quisiera invitaros, por tanto, a conocer m?s a los santos, empezando por aquel cuyo nombre llev?is, leyendo su vida, sus escritos. Estad seguros de que se convertir?n en buenos gu?as para amar cada vez m?s al Se?or y ayudas v?lidas para vuestro crecimiento humano y cristiano.

Como sab?is, yo tambi?n estoy unido de modo especial a algunas figuras de Santos: entre estas, adem?s de san Jos? y san Benito, de quienes llevo el nombre, y de otros, est? san Agust?n, a quien tuve el gran don de conocer, por as? decirlo, de cerca a trav?s del estudio y la oraci?n, y que se ha convertido en un buen ?compa?ero de viaje? en mi vida y en mi ministerio. Quisiera subrayar una vez m?s un aspecto importante de su experiencia humana y cristiana, actual tambi?n en nuestra ?poca, en la que parece que el relativismo sea, parad?jicamente, la ?verdad? que debe guiar el pensamiento, las decisiones, los comportamientos.

San Agust?n fue un hombre que nunca vivi? con superficialidad; la sed, la b?squeda inquieta y constante de la Verdad es una de las caracter?sticas de fondo de su existencia; pero no la de las ?pseudo-verdades? incapaces de dar paz duradera al coraz?n, sino de esa Verdad que da sentido a la existencia y es la ?morada? en la que el coraz?n encuentra serenidad y alegr?a. El suyo, lo sabemos, no fue un camino f?cil: crey? encontrar la Verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesi?n de las cosas, en las voces que le promet?an la felicidad inmediata; cometi? errores, atraves? tristezas, afront? fracasos, pero nunca se detuvo, nunca se content? con lo que le daba solamente buscaba un indicio de luz; supo mirar en lo ?ntimo de s? mismo y se dio cuenta, como escribe en sus Confesiones, de que esa Verdad, ese Dios que buscaba con sus fuerzas era m?s ?ntimo a ?l que el mismo, hab?a estado siempre a su lado, nunca le hab?a abandonado, estaba a la espera de poder entrar de forma definitiva en su vida (cfr III, 6, 11; X, 27, 38). Como dec?a comentando el reciente film sobre su vida, san Agust?n comprendi?, en su inquieta b?squeda, que no era ?l quien hab?a encontrado la Verdad, sino que la propia Verdad, que es Dios, le persigui? y le encontr? (cfr L?Osservatore Romano, jueves 4 de septiembre de 2009, p. 8). Romano Guardini, comentando un pasaje del cap?tulo tercero de las Confesiones, afirma: san Agust?n comprendi? que Dios es ?gloria que nos pone de rodillas, bebida que extingue la sed, tesoro que hace felices, [??l tuvo] la pacificadora certeza de quien finalmente ha comprendido, pero tambi?n la bienaventuranza del amor que sabe: esto es todo y me basta? (Pensatori religiosi, Brescia 2001, p. 177).

Siempre en las Confesiones, en el Libro noveno, nuestro santo recoge un coloquio con su madre, santa M?nica ? cuya memoria se celebra el pr?ximo viernes, pasado ma?ana. Es una escena muy hermosa: ?l y su madre est?n en Ostia, en un albergue, y desde la ventaba ven el cielo y el mar, y trascienden cielo y mar, y por un momento tocan el coraz?n de Dios en el silencio de las criaturas. Y aqu? aparece una idea fundamental en el camino hacia la Verdad: las criaturas deben callar para que se produzca el silencio en el que Dios puede hablar. Esto es verdad tambi?n en nuestro tiempo: a veces se tiene una especie de miedo al silencio, del recogimiento, de pensar en los propios actos, en el sentido profundo de la propia vida, a menudo se prefiere vivir solo el momento fugaz, esperando que traiga felicidad duradera; se prefiere vivir, porque parece m?s f?cil, con superficialidad, sin pensar; se tiene miedo de buscar la Verdad, o quiz?s se tiene miedo de que la Verdad nos encuentre, nos aferre y nos cambie la vida, como le sucedi? a san Agust?n.

Queridos hermanos y hermanas, quisiera decir a todos, tambi?n a quien est? en un momento de dificultad en su camino de fe, a quien participa poco en la vida de la Iglesia o a quien vive ?como si Dios no existiese?, que no tengan miedo de la Verdad, que no interrumpan nunca el camino hacia ella, que no cesen nunca de buscar la verdad profunda sobre s? mismos y sobre las cosas con los ojos internos del coraz?n. Dios no dejar? de dar Luz para hacer ver y Calor para hacer sentir al coraz?n que nos ama y que desea ser amado.

Que la intercesi?n de la Virgen Mar?a, de san Agust?n y de santa M?nica nos acompa?e en este camino.

[En espa?ol dijo]

Saludo a los grupos de lengua espa?ola, en particular a los fieles de la Parroquia de Santa Mar?a la Mayor, de And?jar, as? como a los dem?s peregrinos venidos de Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que os familiaric?is con la vida y los escritos de los Santos, pues os ayudar?n a amar cada vez m?s al Se?or y a crecer como personas y como cristianos.

[Llamamiento]

Mi pensamiento se dirige a Mogadiscio, desde donde siguen llegando noticias de crueles violencias y que ayer se convirti? en escenario de una nueva masacre. Estoy junto a las familias de las v?ctimas y de todos los que, en Somalia, sufren a causa del odio y de la inestabilidad, sigui? diciendo a los fieles congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo. Deseo que, con la ayuda de la comunidad internacional, no se ahorren esfuerzos para restablecer el respeto de la vida y de los derechos humanos.

[Saludo a los peregrinos que no pudieron entrar en el patio del Palacio Apost?lico]

Queridos amigos,

gracias por vuestra presencia y vuestro entusiasmo. Os auguro una buena jornada, buenas vacaciones y mucha alegr?a en estos d?as c?lidos. Que el Se?or os ayude y os acompa?e siempre. Os doy mi bendici?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Habla el Papa
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