Domingo, 05 de septiembre de 2010

Comentario al evangelio del domingo veintitr?s del Tiempo Ordinario, publicado en Diario de Avisos el domingo 5 de Septiembre de 2010 bajo el ep?grafe ?DOMINGO CRISITANO?.

La ciencia de calcular

Daniel Padilla

Calcular es un arte. Y una ciencia. Y una profunda sabidur?a que define al hombre prudente. Cuando vimos en televisi?n, en la inauguraci?n de los ya lejanos Juegos Ol?mpicos de Barcelona, lo bien que hab?a calculado el arquero la distancia y la trayectoria de su flecha para encender la llama ol?mpica, todos nos quedamos admirados de su arte. Cuando comprendemos que detr?s de cada acci?n de cualquiera de nuestros deportistas, frente a nuestra impaciencia, existe mucho de c?lculo al detalle, nos damos cuenta, s?lo entonces, de su arte, su ciencia y su sabidur?a. Es importante, por tanto, calcular. Hay lugares en el evangelio en los que Jes?s condena al calculador. ?Se acuerdan de aquel hombre que abarrot? sus graneros de cosecha y calcul? que all? ten?a bienes suficientes para tumbarse a comer, beber y darse buena vida. Pues calcul? mal. Lo dijo Jes?s. Y lo mismo dijo de aquel administrador que calcul? que, rebajando los albaranes de los deudores, podr?a granjearse amigos para el d?a de ma?ana. Pero vean ahora la otra cara. En el evangelio de hoy nos dice Jes?s que "si uno quiere construir una torre, debe primero sentarse a calcular los gastos, no vaya a ser que no le llegue para terminarla". Y, del mismo modo, deber? proceder un rey que emprenda una batalla. "Ha de calcular si podr? enfrentarse con diez mil soldados a quien viene con veinte mil". Hay c?lculos, por lo tanto, buenos y absolutamente necesarios. Y aqu? es justamente donde Jes?s llegaba al meollo de su discurso. Ser seguidor suyo no es cosa de improvisaci?n y de hagamos un brindis al sol!. El seguidor de Cristo es alguien que tiene que construir una torre y tiene que emprender una batalla. Para ello, es menester ponerse a calcular. Y lo primero que ver? claro en ese c?lculo es que hay que arrojar mucho lastre por la borda. Es decir, tendr? que desprenderse -o, al menos, relativizar- todo aquello que, en un momento, puede entorpecer sus pasos de caminante-seguidor de Cristo. Lo dijo ?l mismo bien claramente: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, no puede ser disc?pulo m?o". Y "quien no cargue con su cruz detr?s de m?, no puede ser disc?pulo m?o". El gran error, por lo tanto, que se suele colar en nuestras cuentas es ?se: que solemos empe?arnos en compaginar la cruz con el placer; que mezclamos alegre e irresponsablemente seguimiento de Cristo con seguimiento del mundo; queremos construir una torre sin privarnos de nada; so?amos en ganar todas las batallas sin bajarnos de la guagua. Y no, amigos. Ahora que estamos comenzando un nuevo curso y todos volvemos a replantearnos nuestros pasos de seguidores de Jes?s, comprobaremos la solidez de nuestra andadura cristiana recordando las palabras suyas: "El reino de los cielos padece la violencia y solamente los que saben hacerse violencia a s? mismos lo consiguen". O, si prefieren elegir las ?ltimas palabras del evangelio de hoy: "El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser disc?pulo m?o".


Publicado por verdenaranja @ 9:58  | Espiritualidad
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