Lunes, 06 de septiembre de 2010

Mensaje del Papa para la pr?xima Jornada Mundial de la Juventud, que se realizar? en Madrid, Espa?a, del 16 al 21 de agosto de 2011, sobre el tema ?Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe? (cf. Col 2,7). (Fides)

"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2, 7)

Queridos amigos

Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. All? vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Esp?ritu de Dios actu? con fuerza, creando una intensa comuni?n entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos j?venes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la pr?xima Jornada Mundial de la Juventud, que tendr? lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la hist?rica ca?da del Muro de Berl?n, la peregrinaci?n de los j?venes hizo un alto en Espa?a, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus ra?ces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: ?Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe? (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Adem?s, quisiera que todos los j?venes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Se?or Jes?s resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.

1. En las fuentes de vuestras aspiraciones m?s grandes

En cada ?poca, tambi?n en nuestros d?as, numerosos j?venes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiraci?n de construir relaciones aut?nticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que m?s ocupan la mente de los j?venes. S?, la cuesti?n del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida m?s grande. Al pensar en mis a?os de entonces, sencillamente, no quer?amos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Quer?amos lo que era grande, nuevo. Quer?amos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso depend?a tambi?n de nuestra situaci?n. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por as? decir, "encerrados" por el poder dominante. Por ello, quer?amos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir m?s all? de lo habitual est? en cada generaci?n. Desear algo m?s que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ?Se trata s?lo de un sue?o vac?o que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad est? creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agust?n ten?a raz?n: nuestro coraz?n est? inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida m?s grande es un signo de que ?l nos ha creado, de que llevamos su "huella". Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo ?nico y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegr?a y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegr?a: ?sin el Creador la criatura se diluye? (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio ? como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia ?, se constata una especie de "eclipse de Dios", una cierta amnesia, m?s a?n, un verdadero rechazo del cristianismo y una negaci?n del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que m?s profundamente nos caracteriza.

Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Se?or Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escrib?a el ap?stol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener ra?ces y bases s?lidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sinti?ndose as? profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, j?venes, ten?is el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta peque?a necesita un apoyo s?lido hasta que crezcan sus ra?ces, para convertirse en un ?rbol robusto, capaz de dar fruto.

2. Arraigados y edificados en Cristo

Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres t?rminos que san Pablo utiliza en:?Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe? (cf. Col 2, 7). Aqu? podemos distinguir tres im?genes: "arraigado" evoca el ?rbol y las ra?ces que lo alimentan; "edificado" se refiere a la construcci?n; "firme" alude al crecimiento de la fuerza f?sica o moral. Se trata de im?genes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que se?alar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, est?n en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.

La primera imagen es la del ?rbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las ra?ces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las ra?ces, ser?a llevado por el viento, y morir?a. ?Cu?les son nuestras ra?ces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro pa?s son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra m?s. El profeta Jerem?as escribe: ?Bendito quien conf?a en el Se?or y pone en el Se?or su confianza: ser? un ?rbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa ra?ces; cuando llegue el est?o no lo sentir?, su hoja estar? verde; en a?o de sequ?a no se inquieta, no deja de dar fruto? (Jer 17, 7-8). Echar ra?ces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De ?l viene nuestra vida; sin ?l no podr?amos vivir de verdad. ?Dios nos ha dado vida eterna y esta vida est? en su Hijo? (1 Jn 5,11). Jes?s mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es s?lo creer en la verdad, sino sobre todo una relaci?n personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relaci?n personal con ?l, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ?qu? sentido tiene mi vida, qu? finalidad, qu? rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ?nimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cu?l ser? nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qu? afectos hay que desarrollar? En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tom? conciencia de que el Se?or me quer?a sacerdote. Pero m?s adelante, despu?s de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirig?a hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ?es ?ste de verdad mi camino? ?Es de verdad la voluntad del Se?or para m?? ?Ser? capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposici?n de ?l, a su servicio? Una decisi?n as? tambi?n causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero despu?s tuve la certeza: ?as? est? bien! S?, el Se?or me quiere, por ello me dar? tambi?n la fuerza. Escuch?ndole, estando con ?l, llego a ser yo mismo. No cuenta la realizaci?n de mis propios deseos, sino su voluntad. As?, la vida se vuelve aut?ntica.

Como las ra?ces del ?rbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, as? los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), as? como una casa est? construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrah?n. Nuestro padre en la fe obedeci? a Dios, que le ped?a dejar la casa paterna para encaminarse a un pa?s desconocido. ?Abrah?n crey? a Dios y se le cont? en su haber. Y en otro pasaje se le llama "amigo de Dios"? (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fi?ndose de ?l y poniendo en pr?ctica su Palabra. Jes?s mismo reprende a sus disc?pulos: ??Por qu? me llam?is: "?Se?or, Se?or!", y no hac?is lo que digo?? (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcci?n de la casa, a?ade: ?El que se acerca a m?, escucha mis palabras y las pone por obra? se parece a uno que edificaba una casa: cav?, ahond? y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremeti? el r?o contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba s?lidamente construida? (Lc 6, 47-48).

Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que "cav? y ahond?". Intentad tambi?n vosotros acoger cada d?a la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con ?l a vuestro lado ser?is capaces de afrontar con valent?a y esperanza las dificultades, los problemas, tambi?n las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentar?n propuestas m?s f?ciles, pero vosotros mismos os dar?is cuenta de que se revelan como enga?osas, no dan serenidad ni alegr?a. S?lo la Palabra de Dios nos muestra la aut?ntica senda, s?lo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que hab?is recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirti?ndoos en adultos en la fe. No cre?is a los que os digan que no necesit?is a los dem?s para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Se?or el haberla recibido y haberla hecho vuestra.

3. Firmes en la fe

Estad ?arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe? (cf. Col 2, 7). La carta de la cual est? tomada esta invitaci?n, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la ?poca, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos j?venes, tiene numerosas analog?as con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un "para?so" sin ?l. Pero la experiencia ense?a que el mundo sin Dios se convierte en un "infierno", donde prevalece el ego?smo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegr?a y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilizaci?n del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comuni?n, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atra?dos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

El ap?stol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosof?as que lo ignoran, consider?ndolo "necedad" (1 Co 1, 23), muestran sus l?mites ante las grandes preguntas presentes en el coraz?n del hombre. Por ello, tambi?n yo, como Sucesor del ap?stol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entreg? en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasi?n, soport? nuestros sufrimientos, carg? con nuestros pecados, nos consigui? el perd?n y nos reconcili? con Dios Padre, abri?ndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que m?s atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos m?s pobres y en dificultad.

Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negaci?n de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el "s?" de Dios al hombre, la expresi?n m?xima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del coraz?n de Jes?s abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jes?s, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvaci?n. S?lo ?l puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

4. Creer en Jesucristo sin verlo

En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del ap?stol Tom?s cuando acoge el misterio de la cruz y resurrecci?n de Cristo. Tom?s, uno de los doce ap?stoles, sigui? a Jes?s, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuch? sus palabras, vivi? el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Se?or se aparece a los disc?pulos, pero Tom?s no est? presente, y cuando le cuentan que Jes?s est? vivo y se les ha aparecido, dice: ?Si no veo en sus manos la se?al de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo? (Jn 20, 25).

Tambi?n nosotros quisi?ramos poder ver a Jes?s, poder hablar con ?l, sentir m?s intensamente a?n su presencia. A muchos se les hace hoy dif?cil el acceso a Jes?s. Muchas de las im?genes que circulan de Jes?s, y que se hacen pasar por cient?ficas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis a?os de estudio y meditaci?n, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jes?s, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Se?or, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jes?s mismo, apareci?ndose nuevamente a los disc?pulos despu?s de ocho d?as, dice a Tom?s: ?Trae tu dedo, aqu? tienes mis manos; trae tu mano y m?tela en mi costado, y no seas incr?dulo, sino creyente? (Jn 20, 27). Tambi?n para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jes?s, meter, por as? decir, la mano en las se?ales de su Pasi?n, las se?ales de su amor. En los Sacramentos, ?l se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos j?venes, aprended a "ver", a "encontrar" a Jes?s en la Eucarist?a, donde est? presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Se?or manifiesta su misericordia ofreci?ndonos siempre su perd?n. Reconoced y servid a Jes?s tambi?n en los pobres y enfermos, en los hermanos que est?n en dificultad y necesitan ayuda.

Entablad y cultivad un di?logo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Cat?lica; hablad con ?l en la oraci?n, confiad en ?l. Nunca os traicionar?. ?La fe es ante todo una adhesi?n personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado? (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 150). As? podr?is adquirir una fe madura, s?lida, que no se funda ?nicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podr?is conocer a Dios y vivir aut?nticamente de ?l, como el ap?stol Tom?s, cuando profes? abiertamente su fe en Jes?s: ??Se?or m?o y Dios m?o!?.

5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos

En aquel momento Jes?s exclama: ??Porque me has visto has cre?do? Dichosos los que crean sin haber visto? (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Ap?stoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del di?logo con ?l, est? vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucarist?a nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jes?s nos ha revelado: ?Cada creyente es como un eslab?n en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros? (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 166). Agradezcamos siempre al Se?or el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).

En la historia de la Iglesia, los santos y m?rtires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de s? mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el ap?stol Juan: ??qui?n es el que vence al mundo sino el que cree que Jes?s es el Hijo de Dios?? (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cu?ntos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido art?fices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo m?s humano, un mundo seg?n Dios; se han comprometido en diferentes ?mbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien s?lo para nosotros mismos, sino que es el bien m?s precioso que tenemos que compartir con los dem?s. En la era de la globalizaci?n, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo L?zaro, muerto desde hac?a cuatro d?as, Jes?s, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: ?Si crees, ver?s la gloria de Dios? (Jn 11, 40). Tambi?n vosotros, si cre?is, si sab?is vivir y dar cada d?a testimonio de vuestra fe, ser?is un instrumento que ayudar? a otros j?venes como vosotros a encontrar el sentido y la alegr?a de la vida, que nace del encuentro con Cristo.

6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid

Queridos amigos, os reitero la invitaci?n a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegr?a, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elecci?n de creer en Cristo y de seguirle no es f?cil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren v?as m?s f?ciles. No os desanim?is, buscad m?s bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este a?o, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las di?cesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro depender?, sobre todo, de la preparaci?n espiritual, de la oraci?n, de la escucha en com?n de la Palabra de Dios y del apoyo rec?proco.

Queridos j?venes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no s?lo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en Espa?a se est? preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las di?cesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que est?n trabajando con generosidad en la preparaci?n de este evento. El Se?or no dejar? de bendecirles. Que la Virgen Mar?a acompa?e este camino de preparaci?n. Ella, al anuncio del ?ngel, acogi? con fe la Palabra de Dios; con fe consinti? que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su "fiat", su "s?", recibi? el don de una caridad inmensa, que la impuls? a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la pr?xima Jornada Mundial pod?is crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oraci?n y os bendigo de coraz?n.

Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguraci?n del Se?or.

BENEDICTUS PP XVI

[01149-04.01] [Texto original: Italiano]


Publicado por verdenaranja @ 11:31  | Habla el Papa
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