Martes, 07 de septiembre de 2010

ZENIT? publica la declaraci?n final del simposio latinoamericano y caribe?o: "Espiritualidad cristiana de la ecolog?a" organizado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) del 21 al 24 de agosto en Buenos Aires.

Nosotros, como disc?pulos misioneros de Jesucristo nuestro Se?or, convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), provenientes de 16 pa?ses de Am?rica Latina y El Caribe, Alemania e Indonesia, reunidos en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, los d?as 21 al 24 de agosto de 2010, en estudio y oraci?n, hacemos llegar nuestra preocupaci?n y reflexi?n a quienes tienen en sus manos el poder de decisi?n, organismos multinacionales, acad?micos, empresarios, comunicadores, l?deres de diversas organizaciones sociales, a nuestras comunidades cristianas y a nuestros pueblos:

1. Nos interpela el proceso creciente de concentraci?n de la propiedad de la tierra en pocas manos, amenazando los territorios de los pueblos. Parte de esta amenaza se debe al avance del uso por industrias extractivas y de producci?n de agrocombustibles, entre otras, porque prevalece una l?gica econ?mica del mero inter?s o beneficio, en desmedro del vivir bien de los pueblos. Nos preocupa la ocurrencia frecuente de actos corruptos en el proceso de concesi?n de territorios y sin la consulta debida a los pueblos que los habitan.

2. La enorme biodiversidad de Am?rica Latina y El Caribe ofrece servicios ambientales para todo el planeta, hecho que trasciende la significaci?n mercantilista actual y que brinda verdaderos beneficios. Esta biodiversidad est? siendo aniquilada irreversiblemente: solamente en Amazon?a, poco m?s del 17% de la selva ha desaparecido y la tasa de extinci?n de especies llega a ser mil veces superior a la hist?rica [1]. Asistimos a una creciente destrucci?n ambiental por deforestaci?n, contaminaci?n debido a residuos industriales y urbanos, miner?a a cielo abierto, monocultivo extensivo, el avance de la desertificaci?n, extracci?n de hidrocarburos, entre otros, que afectan asimismo recursos vitales para los pueblos, como son el agua dulce y provisi?n natural de alimentos, especialmente entre los m?s pobres.

3. ?Los estilos de vida predominantes en una parcela de la humanidad, de consumo desmedido, conllevan a un desequilibrio entre la creciente demanda de recursos naturales, renovables y no renovables, y la disponibilidad de la tierra -junto al riesgo de aniquilaci?n de la biodiversidad- as? como tambi?n, el agotamiento de energ?as de bajo costo que amenazan el desenvolvimiento de las sociedades en el mediano plazo. Diversas cat?strofes ambientales sobre el planeta, tanto naturales como antropog?nicas, en las ?ltimas d?cadas dan prueba de ello. Asimismo estas cat?strofes -tal como el calentamiento global y sus efectos de fen?menos meteorol?gicos severos en el contexto de cambio clim?tico (sequ?as, inundaciones, tormentas, etc.) [2] y la contaminaci?n de aguas y suelos, debido a la producci?n irresponsable, entre otras- y el despojo forzado de territorio provocan la ocurrencia de numerosos desplazados y refugiados ambientales que genera a?n m?s pobreza.

4. ?Unido a ello, la actividad econ?mica predominante en las culturas tecnol?gicamente desarrolladas, bajo la l?gica de la eficiencia, maximizaci?n de la ganancia en pocas manos y socializaci?n de la p?rdida, se caracteriza por el olvido de la dimensi?n sagrada y espiritual de la naturaleza -como parte de la creaci?n amorosa de Dios fuente de Vida- y de la gratuidad de los bienes y servicios ofrecidos por ella (Cf. CIV 37). Se evidencia la falta de responsabilidad en el manejo de las fuentes de energ?a y recursos naturales que se van agotando bajo patrones de producci?n y consumo insustentables que no asumen los costos ambientales presentes que terminan siendo pagados por los pobres y ponen en peligro la supervivencia de generaciones presentes y futuras [3].

5. Frente a esta realidad, reafirmamos nuestra fe en un Dios Creador amoroso de todo lo existente, que es el ?nico Se?or de la tierra (Cf. Sal. 23, 1-2). ?l ha encomendado esta creaci?n a los seres humanos, semblantes de las cualidades de su Creador, para su guarda y su cultivo (Cf. Gn. 2,15). En esto se sustenta el principio del destino universal de los bienes. De ello se deriva la l?gica del don y la gratuidad que ha de regir las relaciones y actividades humanas, entre ellas, la econ?mica, bajo la forma de un uso responsable de los ambientes con el fin de promover y garantizar el bien com?n para todos los seres humanos as? como la Belleza, la Bondad y la Verdad presentes por doquier en el don de la Creaci?n (CIV 50, 51).

6. ?Como seguidores creyentes de Jesucristo, que en su camino por la historia uni? el Cielo y la Tierra restaurando la sacralidad de lo creado, aprendemos que la creaci?n es camino hacia Dios a trav?s de los consejos evang?licos de justicia, paz y reverencia. Aunque hoy por hoy es evidente que ella est? afectada por el pecado que la introdujo en un proceso de sufrimiento comparable a los dolores de un parto, sin embargo la creaci?n conserva la esperanza de participar de la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios. Esta esperanza nos anima y se fundamenta en la fuerza activa del Esp?ritu Santo presente en cada ser humano que espera la redenci?n (Cf. Rom. 8, 18-25). Para ello es necesario tomar conciencia de la singularidad de la persona humana en relaci?n arm?nica con la creaci?n y su Creador, encauzando una nueva espiritualidad c?smica que recupere una sana convivencia con la naturaleza. Promover la conversi?n ecol?gica nos permitir? caer en la cuenta del valor intr?nseco de la creaci?n en la econom?a global de salvaci?n obrada por Dios Padre creador en Jesucristo (Cf. DA).

7. Ante estos desaf?os de la realidad en nuestro continente, necesitamos recuperar la actitud contemplativa. Es nuestra tarea ayudar a despertar en las personas y comunidades una conciencia sensible al cuidado responsable de la naturaleza, como lugar sagrado que provoca sensiblemente el descubrimiento de Dios para nosotros y las generaciones futuras. Junto a los hombres y mujeres de la tierra, el territorio, los ambientes naturales en ellos ubicados y la respectiva biodiversidad, son todos aspectos intr?nsecamente unidos al don de la creaci?n que Dios posibilita y sustenta para el desarrollo integral de la persona humana y de los pueblos de todos los tiempos.

8. Esto nos impele a la preservaci?n de las cualidades que garantizan la prolongaci?n vital y la riqueza de la biodiversidad en la tierra. Para ello todas nuestras tareas eclesiales, catequesis, predicaci?n, celebraciones y dem?s actividades pastorales, t?cnicas, acad?micas y profesionales, deben orientarse a privilegiar la conversi?n ecol?gica como dimensi?n integral de la fe. Asimismo se deben favorecer experiencias de la fraternidad c?smica en contacto con Dios Creador, en la din?mica que anim? a San Francisco de As?s, patrono de la ecolog?a. La espiritualidad popular, la oraci?n personal y comunitaria, las celebraciones lit?rgicas inculturadas, y la profunda vivencia de los sacramentos en clave ecol?gica, son lugares privilegiados para experimentar la acci?n del Esp?ritu de Dios y la iniciativa gratuita de su Amor (Cf. DA 263).

9. En este sentido, constatamos la necesidad de conocer mejor y acoger la sabidur?a milenaria de los pueblos ind?genas de nuestro continente; sobre todo de su experiencia de fe que nos permite aprender de su relaci?n de armon?a y comuni?n con Dios, los seres humanos, la naturaleza y los dem?s seres de la creaci?n. Esto supone cultivar la actitud contemplativa frente a los bienes de la creaci?n como don de Dios.

10. Como Iglesia prof?tica, consideramos que es urgente priorizar una econom?a de las necesidades humanas que sea justa, solidaria y rec?proca (Cf. CIV 35), y de pol?ticas de desarrollo humano integral que respeten el derecho de los pueblos y preserven las cualidades vitales de los ambientes naturales. Para ello es necesario denunciar el impacto negativo de los megaproyectos econ?micos y de infraestructura, as? como promover y exigir el monitoreo empresarial, estatal y civil, esclareciendo las situaciones ilegales e inmorales. Nos urge encontrar mecanismos de incidencia en los poderes p?blicos nacionales e internacionales en defensa de los derechos humanos.

11. Tanto en nuestras comunidades locales, dentro del marco de la misi?n continental de la Iglesia en Am?rica Latina y El Caribe, y especialmente en la familia, iglesia dom?stica, es tarea promover una cultura de la austeridad/sobriedad, sencillez y alegr?a como alternativa saludable, ecol?gica, tanto individual como colectiva, a trav?s de la producci?n org?nica, eco-amigable, y el consumo responsable, el reciclado, el uso adecuadamente aprovechado de bienes, y la educaci?n por el respeto de la naturaleza que posibilite condiciones presentes de justicia social y la vida de las generaciones futuras (Cf. CIV 51).

12. Finalmente reconocemos que el cultivo de la actitud contemplativa, como camino de conversi?n personal que descubre a Dios presente en cada creatura, no es tarea f?cil pero es esencial para una aut?ntica sanidad personal y ecol?gica. Este proceso de cambio de mentalidad de la cultura dominante requiere que se favorezcan experiencias de Dios como ?nico Bien, irresistible, supremo, frente a otras ofertas superfluas de la econom?a consumista. Por tanto, debemos crear o facilitar espacios eclesiales dentro de nuestras grandes urbes que nos permitan redescubrir el paso de Dios en la creaci?n, a trav?s del contacto directo con la naturaleza y el sufrimiento humano, lo cual ser? piedra de toque de nuestra peque?ez y vulnerabilidad.

A la Virgen Mar?a, Nuestra Se?ora de Guadalupe, fiel disc?pula del Se?or y guardiana de los dones de Dios, encomendamos el cuidado maternal de los bienes de la creaci?n. Con ella y como ella nos hacemos testigos portadores del Amor de Dios que se manifiesta en la entera creaci?n, para la vida de toda la humanidad, especialmente los m?s peque?os amados de Dios.

Buenos Aires, 24 de agosto de 2010

Fiesta de San Bartolom?, Ap?stol

NOTAS

[1] Cf. The International Union for Conservation of Nature (IUCN), Global Biodiversity Outlook 3, Montreal (2010), 93p. (http://www.iucn.org).

[2] Cf. IPCC, 2007: Intergovernmental Panel on Climate, Climate Change 2007: The Physical Science Basis. Third assessment report: Contribution of Working Group I. Solomon, S., D. Qin, M. Manning, Z. Chen, M. Marquis, K.B. Averyt, M. Tignor and H.L. Miller (eds.): Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, 996 pp.

[3] Cf. Cf. World Watch Institute, Green Economy Program, (http://www.worldwatch.org/programs/global_economy)?


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