Mi?rcoles, 08 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Mario Poli, obispo de Santa Rosa, en la solemnidad de Santa Rosa de Lima, patrona de la di?cesis (30 de agosto de 2010). (AICA)

SOLEMNIDAD DE SANTA ROSA??????

?El Libro del Cantar de los Cantares nos acerca al di?logo amoroso entre Dios (el Esposo) y el alma de Rosa (su esposa). El amor que procede de Dios nos lleva a Dios que es Amor (cfr. 1? Jn 4,8). El lenguaje cari?oso y enamorado de este Libro de la Sabidur?a de Israel, nos parece el m?s apropiado para entender algo m?s de la vida y el aut?ntico itinerario m?stico entre Jes?s Amado y la Rosa enamorada. Es un himno al Amor de Dios que transforma a la criatura atray?ndola por la v?a de la gracia y la hace exclamar: ?Yo soy para mi Amado y mi Amado es para m? (Cant. Cant. 6,3).

?Era la bendita Rosa un volc?n siempre encendido del Amor de Dios?-dice uno de sus primeros hagi?grafos-, y consinti? que ese fuego prendiera en ella para dispensarlo durante su vida en las obras de misericordia para con su familia y los pobres, en quienes cre?a obedecer y servir al mismo Jes?s. La esposa fiel perpetu? en una alianza lo que una vez hab?a presenciado en un arrobamiento de su Amado: ?Rosa de mi coraz?n, s? t? mi esposa?. Y la Virgen del Rimac no cesaba de alabar a Dios con el salmo que proclamamos: ?Porque s?lo su Nombre es sublime; su majestad est? sobre el cielo y la tierra, y ?l exalta la fuerza de su pueblo? el pueblo de sus amigos? (Salmo 148).

As?, Rosa, viviendo en su presencia, aliment?ndose de su Palabra, ofreciendo el don de s? en ayunos, sacrificios y privaciones, practicando el amor al pr?jimo y ocult?ndose al mundo para ser vista s?lo por el Amado, respondi? a la elecci?n divina, sin dejar de considerar que era la m?s despreciable del mundo, de tal modo que pensaba que jam?s podr?a corresponder a tanto amor recibido. Tambi?n nosotros le preguntamos a Rosa: ?Ad?nde se dirigi? tu Amado, para que lo busquemos contigo? (Cant. Cant. 6, 1).

Las hermosas palabras de San Pablo a la comunidad de Corinto, nos hacen pensar en Rosa como la mujer discreta, que no se recomendaba a s? misma, sino que glori?ndose s?lo en ?l, su estilo era desaparecer, recorriendo un camino interior de mortificaciones y aceptando toda tribulaci?n como venida de la mano de su Amado, pues entend?a que ?fuera de la Cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo?. La Rosa de Lima, al ofrecerse como una virgen pura -al decir del Ap?stol de las gentes-, su vida se elevaba a semejanza de un incienso agradable, y extend?a por todas partes el suave aroma del conocimiento de Jesucristo: ?No le aman -dec?a nuestra Patrona- porque no saben lo mucho que merece ser amado?.

Como maestra autorizada de la vida espiritual, Rosa nos ha iniciado en el camino de intimidad con Jesucristo crucificado, y nos anima a sumarnos a sus padecimientos para que seamos encontrados servidores fieles, disc?pulos y misioneros de su causa. En su ascenso por el camino de la virtud, experiment? que ?no se adquiere gracia sin padecer aflicciones?, pero tambi?n, confiando en el Dios cercano y familiar, se convirti? en un testigo veraz de la Providencia divina, convencida de que ?la gracia siempre sigue a las tribulaciones?.

Deseosa de comunicar el tesoro que hab?a encontrado nos compart?a: ??Ojal? todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cu?ntas riquezas, gozos y deleites!?

Desde que Rosa sinti? de labios de su Amado: ?busquen el Reino de Dios y su justicia? (Mt. 6, 33), puso esa causa en el centro de sus ideales y no baj? los brazos hasta alcanzarla, aunque debemos decir que ?l la alcanz? primero. La alegr?a que contagiaba Rosa por haber encontrado una perla fina en su vocaci?n cristiana, la ?impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia?. Desde la ermita que levant? con sus propias manos, se sum? para trabajar incansablemente en la misi?n salv?fica de Jes?s: ?instaurar el Reino de su Padre?. Desde su ermita y su humilde y precario hospitalito dom?stico, comprometi? su entrega -sin declamarlo- por una sociedad m?s justa y m?s fraterna.

De ese modo vemos c?mo Rosa se acerc? a su hora pascual, humilde y confiada en quien ?no defrauda?; que no nos abandona ni siquiera en la muerte y m?s all? de ella. En Rosa vemos el cumplimiento de las promesas que esconde la vocaci?n bautismal, porque en el cielo de Dios, en quien la virgen peruana crey? y esper?, hay un lugar para nosotros.

Contemplando la vida de Rosa, nos queda la ense?anza que la vida se acrecienta d?ndola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que m?s disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misi?n de comunicar vida a los dem?s. Ella, por el caminito de la obediencia, el silencio y el sacrificio, nos demostr? que el Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo: ?Quien aprecie su vida terrena, la perder? (Jn 12, 25). Aqu? descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misi?n, y en esto Rosa fue disc?pula y maestra a la vez. (Cfr. Aparecida).

Sabemos de su fe eucar?stica, porque ella tomaba de cada Sacramento del Amor lo que necesitaba para su entrega sin reservas. Y sin moverse de su peque?a celda, Dios le dio la gracia de estar presente en cada Misa celebrada en los templos de Lima.

Conocemos que imitando a su Amado, que no vino a ser servido, sino a servir, lav? los pies de indios, mulatos y negros, hombres y mujeres, y cultiv? una delicada caridad sin excluir a nadie.

No s? si lo merecemos, pero a?oramos humildemente tener la febril pasi?n por la misi?n que alberg? en su coraz?n, pues ella se inmolaba para que la predicaci?n de los misioneros de su tiempo llegara a los lugares m?s remotos de Am?rica del Sur.

Es as?, que entre todas las gracias materiales y espirituales que pedimos en estos d?as, junto a muchas comunidades de La Pampa que rezaron la Novena, nos hemos unido en una sola consigna para rogar que ?Mirando a Santa Rosa nuestra Iglesia -que la tiene por Patrona- sea cada vez m?s Eucar?stica, Servidora y Misionera.?

Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros.?

Mons. Mario Poli, obispo de Santa Rosa?


Publicado por verdenaranja @ 22:22  | Homil?as
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