Viernes, 10 de septiembre de 2010

ZENIT? Publica al Evangelio del pr?ximo domingo, 12 de septiembre, XXIV del tiempo ordinario (Lucas??15, 1-32), redactado por monse?or Jes?s Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apost?lico de Huesca y de Jaca.?

Evangelio del domingo: ?Es usted un pr?digo?

Estamos ante una de las p?ginas evang?licas m?s sobrecogedoras, en las que como dec?a Charles P?guy, Dios parece que ha perdido la verg?enza. Ante la pregunta sobre la misericordia, Jes?s describe una par?bola, que simb?licamente representa a los dos tipos de personas que estar?n en torno a su vida: los publicanos y pecadores por un lado, y los fariseos y letrados por otro. Pero el protagonismo no re cae en los hijos ni en sus representados, sino en el padre y en su misericordia.

Publicanos y pecadores (el hijo menor): Este hijo siempre hab?a sido medidor de su destino: decidir? marcharse y regresar, haciendo para ambos momentos un discurso ante su padre. Sorprende la actitud del padre descrita con intensidad por una lista de verbos que desarman los discursos de su hijo, y que indican la tensi?n de su coraz?n entra?able: "cuando estaba lejos, su padre lo vio; y echando a correr, se le ech? al cuello y se puso a besarlo" (Lc 15,20). Es el proceso-relato de la misericordia. Y el error de aquel hijo menor, que le condujo a la fuga hacia los espejismos de una falsa felicidad y de una esclavizante independencia, ser? transformado por el padre en gozo y encuentro, en alegr?a inesperada e inmerecida. La ?ltima palabra dicha por ese padre, que es la que queda sobre todas las pen?ltimas dichas por el hijo, es el triunfo de la misericordia y la gracia.

Fariseos y letrados (el hijo mayor). Triste es la actitud de este otro hijo, aparentemente cumplidor, sin esc?ndalos... pero resentido y vac?o. No pec? como su hermano, pero no fue por amor al padre, sino a s? mismo, a su imagen, a su fama. Cuando la fidelidad no produce felicidad, es se?al de que no se es fiel por amor sino por inter?s. El se hab?a quedado con su padre, pero hab?a puesto un precio a su gesto, que le imped?a quedarse como hijo. Teni?ndolo todo, se quejaba de la falta de un cabrito. Quien vive calculando, no puede entender, ni siquiera ver, lo que se le ofrece gratuitamente, en una cantidad y calidad infinitamente mayor de cuanto se puede esperar.

Acaso cada uno de nosotros seamos una variante de esta par?bola, y tengamos parte de la actitud del hijo menor y parte de la del mayor. Lo importante es que en la andanza de nuestra vida podamos tener un encuentro con la misericordia. Hay muchas maneras de vivir lejos del Padre Dios, y muchos modos de des preciar su amor estando junto a ?l, porque podemos ser un hijo perdido o un hijo hu?rfano. La trama de esta par?bola es la de nuestra posibilidad de ser perdona dos. El sacramento de la Penitencia es siempre el abrazo de este Padre que vi?ndonos en todas nuestras lejan?as, se nos acerca, nos abraza, nos besa y nos invita a su fiesta. Esta es la revoluci?n de Dios, que de modo desproporcionado y gratuito, con su propia medida, no quiere resignarse a que se pierda uno solo de sus hijos queridos.


Publicado por verdenaranja @ 11:39  | Liturgia
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