Domingo, 12 de septiembre de 2010

ZENIT? nos ofrece la homil?a pronunciada?el domingo 5 de Septiembre de 2010?por el Papa en la Misa celebrada en el pueblo natal de Le?n XIII, Carpineto Romano, que hoy visit? con motivo del bicentenario del nacimiento de este papa.

?Queridos hermanos y hermanas!

Primero de todo, ?permitidme expresar la alegr?a de encontrarme entre vosotros en Carpineto Romano, tras las huellas de mis amados predecesores Pablo VI y Juan Pablo II! Y feliz es tambi?n la circunstancia que me ha llamado aqu?: el bicentenario del nacimiento del Papa Le?n XIII, Vincenzo Gioacchino Pecci, acaecido el 2 de marzo de 1810 en este bello pa?s. ?Os doy las gracias a todos por vuestra acogida! En particular, saludo con reconocimiento al Obispo de Anagni-Alatri, Mons. Lorenzo Loppa, y el Alcalde de Carpineto, que me han dado la bienvenida al inicio de la celebraci?n, as? como a las dem?s Autoridades presentes. Un pensamiento especial dirijo a los j?venes, en particular a los que han completado la peregrinaci?n diocesana. Mi visita, por desgracia, es muy breve y concentrada exclusivamente en esta celebraci?n eucar?stica; pero aqu? nosotros encontramos todo: la Palabra y el Pan de vida, que alimentan la fe, la esperanza y la caridad; y renovamos el v?nculo de comuni?n que hace de nosotros la ?nica Iglesia del Se?or Jesucristo.

Hemos escuchado la Palabra de Dios, y es espont?neo acogerla, en esta circunstancia, volviendo a pensar en la figura del Papa Le?n XIII y en la herencia que nos ha dejado. El tema principal que emerge de la lectura b?blica es el del primado de Dios y de Cristo. En el pasaje evang?lico, extra?do de san Lucas, Jes?s mismo declara con franqueza tres condiciones necesarias para ser sus disc?pulos: Amarle m?s que a nadie y m?s que a la misma vida; llevar la propia cruz y seguirlo; y renunciar a todas las posesiones. Jes?s ve una gran multitud que lo sigue junto a sus disc?pulos, y con todos quiere ser claro: seguirlo es comprometido, no puede depender de entusiasmos ni de oportunismos; debe ser una decisi?n ponderada, tomada despu?s de preguntarse en conciencia: ?qui?n es Jes?s para m?? ?Es verdaderamente ?el Se?or?, ocupa el primer lugar, como el Sol en torno al cual giran todos los planetas? Y la primera lectura, del Libro de la Sabidur?a, nos sugiere indirectamente el primer motivo de este primado absoluto de Jesucristo: en ?l encuentran respuesta las preguntas del hombre de toda ?poca que busca la verdad sobre Dios y sobre s? mismo. Dios est? m?s all? de nuestro alcance, y sus designios son inescrutables. Pero ?l mismo ha querido revelarse, en la creaci?n y sobre todo en la historia de la salvaci?n, hasta que en Cristo se ha manifestado plenamente a s? mismo y su voluntad. Aun permaneciendo siempre verdadero que ?a Dios nadie le ha visto jam?s? (Jn 1,18), ahora nosotros conocemos su ?nombre?, su ?rostro?, y tambi?n su querer, porque nos lo ha revelado Jes?s, que es la Sabidur?a de Dios hecha hombre. ?As? -escribe el Autor sagrado de la primera Lectura- aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabidur?a se salvaron? (Sb, 9,18).

Este punto fundamental de la Palabra de Dios hace pensar en dos aspectos de la vida y del ministerio de vuestro venerado Conciudadano que hoy conmemoramos, el Sumo Pont?fice Le?n XIII. En primer lugar, cabe se?alar que ?l fue hombre de gran fe y de profunda devoci?n. Esto sigue siendo siempre la base de todo, para todo cristiano, incluido el Papa. Sin la oraci?n, es decir, sin la uni?n interior con Dios, no podemos hacer nada, como dice claramente Jes?s a sus disc?pulos durante la ?ltima Cena (cfr Jn 15,5). Las palabras y los actos del Papa Pecci transparentaban su ?ntima religiosidad; y esto ha encontrado correspondencia tambi?n en su Magisterio: entre sus muy numerosas Enc?clicas y Cartas Apost?licas, como el hilo en una serie, est?n las de car?cter propiamente espiritual, dedicadas sobre todo al incremento de la devoci?n mariana, especialmente mediante el santo Rosario. Se trata de una verdadera y propia ?catequesis?, que marca desde el principio hasta el final los 25 a?os de su Pontificado. Pero encontramos tambi?n los Documentos sobre Cristo Redentor, sobre el Esp?ritu Santo, sobre la consagraci?n al Sagrado Coraz?n, sobre la devoci?n a san Jos?, sobre san Francisco de As?s. A la Familia franciscana Le?n XIII estuvo particularmente ligado, y ?l mismo pertenec?a a la Tercera Orden. Todos estos diversos elementos me gusta considerarlos como facetas de una ?nica realidad: el amor de Dios y de Cristo, al que no se antepone absolutamente nada. Y esta primera y principal cualidad de Vincenzo Gioacchino Pecci la asimil? aqu?, en su Pa?s natal, de sus padres, de su parroquia.

Pero hay tambi?n un segundo aspecto, que se deriva siempre del primado de Dios y de Cristo y se encuentra en la acci?n p?blica de todo Pastor de la Iglesia, en particular de todo Sumo Pont?fice, con las caracter?sticas propias de la personalidad de cada uno. Dir?a que precisamente el concepto de ?sabidur?a cristiana?, que ya ha surgido a partir de la primera lectura y del Evangelio, nos ofrece la s?ntesis de esta configuraci?n seg?n Le?n XIII -no es casualidad que sea tambi?n el incipit de una Enc?clica suya. Todo Pastor est? llamado a transmitir al Pueblo de Dios no verdades abstractas, sino una ?sabidur?a?, es decir un mensaje que conjuga fe y vida, verdad y realidad concreta. El Papa Le?n XIII, con la asistencia del Esp?ritu Santo, es capaz de hacer esto en un uno de los periodos hist?ricos m?s dif?ciles para la Iglesia, permaneciendo fiel a la tradici?n y, al mismo tiempo, midi?ndose con las grandes cuestiones abiertas. Y lo logr? precisamente sobre la base de la ?sabidur?a cristiana?, basada en las Sagradas Escrituras, en el inmenso patrimonio teol?gico y espiritual de la Iglesia Cat?lica y tambi?n en la s?lida y l?mpida filosof?a de santo Tom?s de Aquino, que ?l apreci? en sumo grado y promovi? en toda la Iglesia.

En este punto, tras haber considerado el fundamento, es decir, la fe y la vida espiritual, y por tanto el marco general del mensaje de Le?n XIII, puedo mencionar su magisterio social, hecho famoso e imperecedero por la Enc?clica Rerum novarum, pero rico en otras muchas intervenciones que constituyen un cuerpo org?nico, el primer n?cleo de la doctrina social de la Iglesia. Tomemos el ejemplo de la Carta a Filem?n de san Pablo, que felizmente la Liturgia nos hace leer precisamente hoy. Es el texto m?s breve de todo el epistolario paulino. Durante un periodo de encarcelamiento, el Ap?stol ha transmitido la fe a On?simo, un esclavo originario de Colosas huido del patr?n Filem?n, rico habitante de esa ciudad, convertido en cristiano junto a sus familiares gracias a la predicaci?n de Pablo. Ahora el Ap?stol escribe a Filem?n invit?ndole a acoger a On?simo ya no como esclavo, sino como hermano en Cristo. La nueva fraternidad cristiana supera la separaci?n entre esclavos y libres, y desencadena en la historia un principio de promoci?n de la persona que llevar? a la abolici?n de la esclavitud, pero tambi?n a sobrepasar otras barreras que todav?a existen. El Papa Le?n XIII dedic? precisamente al tema de la esclavitud la Enc?clica Catholicae Ecclesiae, del 1890.

De esta particular experiencia de san Pablo con On?simo, puede partir una amplia reflexi?n sobre el impulso de promoci?n humana aportado por el Cristianismo en el camino de la civilizaci?n, y tambi?n sobre el m?todo y el estilo de esa aportaci?n, conforme a las im?genes evang?licas de la semilla y la levadura: en el interior de la realidad hist?rica los cristianos, actuando como ciudadanos individuales, o de manera asociada, constituyen una fuerza beneficiosa y pac?fica de cambio profundo, favoreciendo el desarrollo de las capacidades internas en la realidad misma. Es ?sta la forma de presencia y de acci?n en el mundo propuesta por la doctrina social de la Iglesia, que apunta siempre a la madurez de las conciencias como condici?n de v?lidas y duraderas transformaciones.

Debemos ahora preguntarnos: ?en qu? contexto naci?, hace dos siglos, quien se convertir?a, 68 a?os despu?s, en el Papa Le?n XIII? Europa sufr?a entonces la gran tormenta Napole?nica, seguida de la Revoluci?n Francesa. La Iglesia y numerosas expresiones de la cultura cristiana se pon?an radicalmente en discusi?n (pi?nsese, por ejemplo, en el hecho de contar los a?os ya no desde el nacimiento de Cristo, sino desde el inicio de la nueva era revolucionaria, o de quitar los nombres de los Santos del calendario, de las calles, de los pueblos...). Las poblaciones del campo no eran ciertamente favorables a estos trastornos, y permanec?an ligadas a las tradiciones religiosas. La vida cotidiana era dura y dif?cil: las condiciones sanitarias y alimentarias muy pobres. Mientras tanto, se iba desarrollando la industria y con ella el movimiento obrero, cada vez m?s organizado pol?ticamente. El magisterio de la Iglesia, en su m?s alto nivel, fue empujado y ayudado por las reflexiones y por las experiencias locales a elaborar una interpretaci?n global y con perspectiva de la nueva sociedad y de su bien com?n. As?, cuando, en 1878, fue elegido al solio pontificio, Le?n XIII se sinti? llamado a llevarla a cabo, a la luz de su extenso conocimiento de alcance internacional, pero tambi?n de tantas iniciativas realizadas ?sobre el terreno? por parte de comunidades cristianas y de hombres y mujeres de la Iglesia.

Fueron de hecho docenas y docenas los Santos y Beatos que, desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX, buscaron y experimentaron, con la creatividad de la caridad, m?ltiples caminos para llevar el mensaje evang?lico al interior de las nuevas realidades sociales. Fueron sin duda estas iniciativas, con los sacrificios y las reflexiones de estos hombres y mujeres las que prepararon el terreno de la Rerum novarum y de los dem?s Documentos sociales del Papa Pecci. Ya desde el tiempo en el que era Nuncio Apost?lico en B?lgica, ?l hab?a comprendido que la cuesti?n social se pod?a afrontar de manera positiva y eficaz con el di?logo y la mediaci?n. En una ?poca de ?spero anticlericalismo y de encendidas manifestaciones contra el Papa, Le?n XIII supo guiar y sostener a los cat?licos en el camino de una participaci?n constructiva, rica de contenidos, firme en los principios y con capacidad de apertura. Inmediatamente despu?s de la Rerum novarum se verific? en Italia y en otros Pa?ses una aut?ntica explosi?n de iniciativas: asociaciones, cajas rurales y artesanas, peri?dicos,... un vasto ?movimiento? que ten?a en el siervo de Dios Giuseppe Toniolo el luminoso animador. Un Papa muy anciano, pero sabio y con visi?n de futuro, podr?a as? introducir en el siglo XX a una Iglesia rejuvenecida, con la actitud correcta para afrontar los nuevos desaf?os. Era un Papa todav?a pol?tica y f?sicamente ?prisionero? en el Vaticano, pero en realidad, con su Magisterio, representaba a una Iglesia capaz de afrontar sin complejos las grandes cuestiones de la contemporaneidad.

Queridos amigos de Carpineto Romano, no tenemos tiempo para profundizar en estas cuestiones. La Eucarist?a que estamos celebrando, el Sacramento del Amor, nos atrae a lo esencial: la caridad, el amor de Cristo que renueva a los hombres y al mundo; esto es lo esencial, y lo vemos bien, casi lo percibimos en las expresiones de san Pablo en la Carta a Filem?n. En esta breve nota, de hecho, se siente toda la dulzura y al mismo tiempo el poder revolucionario del Evangelio; se advierte el estilo discreto y a la vez irresistible de la caridad, que, como he escrito en mi Enc?clica social, Caritas in veritate, ?es la principal fuerza impulsora del aut?ntico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad? (n. 1). Con alegr?a y con afecto, os dejo por tanto el mandamiento antiguo y siempre nuevo: amaos como Cristo nos ha amado, y con este amor sed sal y luz del mundo. As? ser?is fieles a la herencia de vuestro gran y venerado Conciudadano, el Papa Le?n XIII. ?Y as? sea en toda la Iglesia! Am?n. ?Queridos hermanos y hermanas!

[Traducci?n del original italiano por Patricia Navas
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:17  | Habla el Papa
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