Lunes, 13 de septiembre de 2010

Castel Gandolfo (Agencia Fides) – Esta ma?ana, en la Sala de los Suizos del Palacio Apost?lico de Castel Gandolfo, el Santo Padre Benedicto XVI recibi? en audiencia a los Obispos de reciente nombramiento que participan en el Seminario de actualizaci?n promovido por la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos (ver Fides 6/9/2010), y les dirigi? un discurso que reportamos aqu? de modo integral.

Queridos hermanos en el Episcopado,


Me alegra acogeros y os saludo con grande afecto, con ocasi?n del curso de actualizaci?n que la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos ha promovido para vosotros, Obispos de reciente nombramiento. Estas jornadas de reflexi?n en Roma, para profundizar las tareas de vuestro ministerio y para renovar la profesi?n de vuestra fe sobre la tumba de san Pedro, son tambi?n una singular experiencia de la colegialidad, fundada en la ordenaci?n episcopal y la comuni?n jer?rquica. Esta experiencia de fraternidad, de oraci?n y de estudio junto a la Sede Apost?lica haga crecer en cada uno de vosotros la comuni?n con el Sucesor de Pedro y con vuestros Hermanos, con los que compart?s la solicitud por toda la Iglesia. Agradezco al Cardenal Ivan Dias por sus cordiales palabras, como tambi?n al Mons. Secretario y al Mons. Secretario Adjunto que, junto con los colaboradores del Dicasterio, han organizado este simposio.


En vosotros, queridos Hermanos, llamados desde hace poco al ministerio episcopal, la Iglesia pone no pocas esperanzas, y os acompa?a con la oraci?n y el afecto. Yo tambi?n os quiero asegurar mi espiritual cercan?a en vuestro cotidiano servicio al Evangelio. Conozco los desaf?os que deb?is afrontar, especialmente en las comunidades cristianas que viven la propia fe en contextos no f?ciles, donde, adem?s de diversas formas de pobreza, se verifican a veces formas de persecuci?n por la propia fe cristiana. A vosotros corresponde la tarea de alimentar su esperanza, compartir sus dificultades, inspir?ndoos en la caridad de Cristo que consiste en la atenci?n, ternura, compasi?n, acogida, disponibilidad e inter?s por los problemas de la gente, por quienes estamos dispuestos a dar la vida (cf Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2008, n. 2).


En toda vuestra tarea os sostiene el Esp?ritu Santo, que en la Ordenaci?n os ha configurado con Cristo, sumo y eterno Sacerdote. En efecto, el ministerio episcopal s?lo se comprende a partir de Cristo, fuente del ?nico y supremo Sacerdocio, del que el Obispo es hecho part?cipe. ?l, por lo tanto, “se esforzar? en adoptar un estilo de vida que imite la k?nosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jes?s, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como ?l, cercano a todos, desde el m?s grande al m?s peque?o” (Juan Pablo II, Exhort. ap. Pastores gregis, 11). Pero para imitar a Cristo es necesario dedicar un tiempo adecuado para “estar con ?l” y contemplarlo en la intimidad orante del coloquio de coraz?n a coraz?n. Estar frecuentemente en la presencia de Dios, ser hombre de oraci?n y de adoraci?n: a esto est? llamado el Pastor en primer lugar. A trav?s de la oraci?n, ?l, como dice la Carta a los Hebreos (cf 9,11-14), se hace v?ctima y altar, para la salvaci?n del mundo. La vida del Obispo debe ser una oblaci?n continua a Dios por la salvaci?n de su Iglesia y, en especial, por la salvaci?n de las almas que le han sido confiadas.


Esta oblaci?n pastoral constituye tambi?n la verdadera dignidad del Obispo: que deriva del ser siervo de todos, hasta dar la propia vida. El episcopado, en efecto – al igual que el presbiterado – nunca se debe malinterpretar siguiendo categor?as mundanas. Es servicio de amor. El Obispo est? llamado a servir a la Iglesia con el estilo de Dios hecho hombre, siendo cada vez m?s plenamente siervo del Se?or y siervo de la humanidad. Es sobre todo servidor y ministro de la Palabra de Dios, que es tambi?n su verdadera fuerza. El deber primario del anuncio, acompa?ado de la celebraci?n de los sacramentos, especialmente de la Eucarist?a, brota de la misi?n recibida, como subraya la Exhortaci?n apost?lica Pastores gregis: “Aunque el deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de sus hijos, lo es por un t?tulo especial de los Obispos que, en el d?a de la sagrada Ordenaci?n, la cual los introduce en la sucesi?n apost?lica, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a los hombres y hacerlo invit?ndoles a creer por la fuerza del Esp?ritu o confirm?ndolos en la fe viva” (n. 26). De esta Palabra de salvaci?n, el Obispo debe nutrirse abundantemente, poni?ndose en escucha continua de ella, como dice San Agust?n: “Aunque somos pastores, el pastor escucha con temor no s?lo cuanto es dirigido a los pastores, sino tambi?n lo que es dirigido al grey” (Discurso 47, 2). Al mismo tiempo, la acogida y el fruto de la proclamaci?n de la Buena Nueva est?n estrechamente vinculados a la cualidad de la fe y de la oraci?n. Los que est?n llamados al ministerio de la predicaci?n deben creer en la fuerza de Dios que brota de los Sacramentos y que los acompa?a en la tarea de santificar, gobernar y anunciar; deben creer y vivir lo que anuncian y celebran. Al respecto, resultan actuales las palabras del Siervo de Dios Pablo VI: “Hoy m?s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condici?n esencial con vistas a una eficacia real de la predicaci?n” (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76).


Se que las Comunidades a vosotros confiadas se encuentran, por as? decir, en las “fronteras” religiosas, antropol?gicas y sociales, y, en muchos casos, son una presencia minoritaria. En estos contextos la misi?n de un Obispo es particularmente dif?cil. Pero es justamente en dichas circunstancias que, a trav?s de vuestro ministerio, el Evangelio puede mostrar toda su fuerza salvadora. No deb?is ceder al pesimismo y desaliento, porque es el Esp?ritu Santo el que gu?a a la Iglesia y le da – con su soplo poderoso – la valent?a de perseverar y de buscar nuevos m?todos de evangelizaci?n, para alcanzar ?mbitos hasta ahora inexplorados. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva precisamente porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de forma convincente que Cristo es el ?nico Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio sigue siendo v?lido hoy as? como lo fue al comienzo del cristianismo, cuando se obr? la primera gran expansi?n misionera del Evangelio.

Queridos Hermanos en el Episcopado, es en la potencia del Esp?ritu Santo que ten?is la sabidur?a y la fortaleza para lograr que vuestras Iglesias testimonien la salvaci?n y la paz. ?l os guiar? por los caminos de vuestro ministerio episcopal, que conf?o a la maternal intercesi?n de Mar?a Sant?sima, Reina de los Ap?stoles. Por mi parte, os acompa?o con la oraci?n y con una afectuosa Bendici?n Apost?lica, que imparto a cada uno de vosotros y a todos los fieles de vuestras Comunidades. (Agencia Fides 11/9/2010)


Publicado por verdenaranja @ 19:12  | Habla el Papa
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