Lunes, 13 de septiembre de 2010

Alocuci?n televisiva de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa ?Claves para un mundo mejor? (4 de septiembre de 2010). (AICA)

SER CAT?LICO ES SER DISC?PULO MISIONERO

Hoy quiero retomar dos l?neas del Documento de Aparecida. Recuerden ustedes que se trata de aquel texto que recoge las conclusiones de la V? Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebr? en Brasil, hace poco m?s de dos a?os.

Me parece que son las dos l?neas esenciales, que es bueno retomar peri?dicamente para que no caigan en el olvido.

La primera es que en ese Documento se perfila la identidad de los cat?licos con esta f?rmula tan bella: cada uno es, y debe ser, un disc?pulo misionero de Jesucristo.

La segunda es el impulso misional que esa Conferencia quiso dar a la Iglesia y que se registra en el Documento con la propuesta final de una misi?n continental.

Estas dos tem?ticas est?n fuertemente ligadas entre s?. Tomemos el tema de la misi?n. No se trata solamente de organizar misiones, como se realizan en parroquias o en capillas, en distintas regiones de una di?cesis, sino que se trata, ante todo, de otorgar a la actividad pastoral ordinaria de la Iglesia un estilo y un aliento misionero.

Todo tendr?a que ser enfocado desde all?, sin perjuicio de que en determinados momentos y en determinados lugares se realicen misiones espec?ficas. Existe una pedagog?a y una metodolog?a tradicional de misiones populares que es preciso retomar siempre como se viene haciendo.

Es importante destacar que la Iglesia se reconoce como misionera. No es una novedad. Lo ha sido siempre. En el fondo, el impulso misionero que queremos dar hoy a las comunidades cristianas entronca con el env?o primero, originario, ?de Jes?s.

La idea del cristiano como disc?pulo misionero viene de aquel env?o de los Ap?stoles, antes de la Ascensi?n, cuando el Se?or les dice: vayan por todo el mundo y hagan que todos los pueblos sean disc?pulos m?os. Eso no lo puede hacer un misionero si no es, ante todo, un disc?pulo.

Vayamos entonces al otro tema. El Documento de Aparecida no ha separado disc?pulo por un lado y misionero por el otro. Uno puede ser un disc?pulo pero no tener conciencia de que el discipulado exige compartir el don recibido y el don recibido es la persona de Jes?s, la gracia de la Salvaci?n, el pertenecer a la Iglesia, el vivir como hijos de Dios. El Documento ha querido unir esos dos t?rminos. Todo disc?pulo es misionero. Tampoco nadie puede ser misionero sino es un seguidor de Jes?s. El disc?pulo es el que va detr?s del Maestro, el que lo ha tomado a Jes?s como Maestro, aprende de ?l y vive en comuni?n con ?l.

No es posible que la Iglesia actualice continuamente su vocaci?n misionera si cada uno de sus miembros no se reconoce a s? mismo como disc?pulo misionero, si no profundiza lo que significa el discipulado y si no se prepara para la misi?n.

Esta participaci?n en la misi?n total de la Iglesia puede tener caracter?sticas muy distintas. Muchos, a partir de su car?cter de miembros de un movimiento de formaci?n o de apostolado o de su participaci?n en un grupo misionero en la parroquia; otros con su permanencia en la vida de la Iglesia a trav?s del culto dominical u otra participaci?n, pero tiene que saber que en su familia, en su barrio, en las distintas actividades que lo implican en el orden temporal, tiene que compartir el don de la fe que ha recibido y debe hacerse, de alg?n modo, misionero.

Ahora, desde el punto de vista sistem?tico, si queremos hablar de una organizaci?n pastoral, no es posible que la Iglesia, hoy d?a, relance fuertemente la misi?n, en el contexto cultural tan complicado del mundo actual, si no forma disc?pulos misioneros. Y esta idea de que cada cristiano es un disc?pulo misionero es algo que va a costar mucho encarnar en la realidad concreta de la vida de la gente.

En muchas parroquias y comunidades cristianas existe todav?a un dinamismo que retiene a sus miembros en la propia vida interna, en la que reciben la atenci?n religiosa que necesitan; mucha gente se refiere centr?petamente al centro parroquial. Hay que ir complementando ese movimiento con un impulso centr?fugo; la comunidad cristiana no espera que la gente se acerque para solicitar un servicio religioso, sacramental, sino que sale en busca de los alejados, de los indiferentes. Cada parroquia, cada comunidad cristiana debe comprenderse a s? misma como un centro misionero.

?Pero qu? es lo que va a misionar? ?De d?nde va a misionar? Lo har? de la abundancia de vida, de la abundancia de su discipulado.

Estas son nociones catequ?sticas y espirituales b?sicas, si ustedes quieren, pero es preciso recordarlas siempre y pensar mucho en ellas.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Hablan los obispos
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