Mi?rcoles, 15 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Mart?n de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio en la peregrinaci?n diocesana a la bas?lica de Luj?n (5 de septiembre de 2010). (AICA)

PEREGRINACI?N A LA BAS?LICA DE LUJ?N

Queridos sacerdotes, di?conos, religiosos y religiosas,
seminaristas, ministros y colaboradores de nuestras comunidades parroquiales y capillas,
queridos hermanos y hermanas de la di?cesis de Nueve de Julio:?

En la casa de Dios, donde veneramos de manera especial a la Sant?sima Virgen Mar?a, Nuestra Se?ora de Luj?n, casa que es tambi?n suya, y hasta donde hemos venido desde lejos con todo nuestro amor y el m?s intenso deseo, nos encontramos hoy, Pueblo de Dios, para celebrar la Eucarist?a, participar de la mesa del Se?or, escuchar su Palabra, ofrecer nuestra oraci?n y recogernos en plegaria silenciosa. Traemos nuestras necesidades y nuestro agradecimiento, y entre tantas peticiones y anhelos, con el reconocimiento que debe acompa?ar siempre nuestras plegarias, junto a lo que es personal, queremos incluir lo que pertenece a nuestra Iglesia diocesana: la santidad y el ministerio de nuestros sacerdotes, la vida de las comunidades, los ni?os, los ancianos y enfermos, las familias, los j?venes, y tambi?n las necesidades de nuestra Patria, para que ella encuentre el sendero de la paz y de la amistad social en la justicia y el amor del bien.?

Hemos venido hasta aqu? para celebrar la Eucarist?a. Es el misterio de nuestra fe, el sacrificio del Hijo de Dios y la comuni?n con su Pasi?n y Muerte, que nos libera del pecado y nos abre las puertas de la vida. El cristiano vive de la Eucarist?a, la Iglesia vive de la Eucarist?a, y si nuestra celebraci?n de hoy tiene un? relieve especial ? el lugar, la ocasi?n, la asamblea -, cada celebraci?n en nuestros templos y capillas nos alcanza las mismas gracias, nos introduce en la misma comuni?n, nos concede id?ntica experiencia. ?C?mo participamos en la Eucarist?a? Lo hacemos en primer lugar con fe en la presencia del Se?or Resucitado, ciertos de la verdad de su promesa, atentos a la Palabra que escuchamos y al alimento espiritual que recibimos. Lo hacemos en esp?ritu de comuni?n profunda y sincera, con Dios y con los hermanos. La vida cristiana se sostiene con la participaci?n en este sacramento, y su efecto perdura, en nuestra oraci?n y en nuestra acci?n de gracias, y nos inspira y orienta para mantenernos fieles al Evangelio. Lo hacemos con la certeza de sabernos enviados para la Misi?n, como nos lo dicen nuestros obispos de Am?rica; la misi?n tiene su gran cita y encuentro en la celebraci?n eucar?stica. Los disc?pulos nos encontramos en la Eucarist?a, en ella nos reconocemos, formamos y fortalecemos, de ella tomamos la fuerza y la direcci?n. Hacia ella, tambi?n, nos esforzamos por llevar a todos nuestros hermanos, los invitamos a participar y les alcanzamos la ocasi?n de hacerlo con m?s fruto, con mayor frecuencia. Y la Eucarist?a es el momento y el lugar donde se manifiesta la Iglesia. Lo hace por la caridad, por el testimonio, por la misi?n, pero sobre todo en la celebraci?n misma del Misterio que le ha sido confiado.?

Es a Mar?a, Madre y modelo de la Iglesia a quien venimos a encontrar hoy en este santuario. Templo del Esp?ritu Santo, llev? en su seno al Salvador, y lo acerc? a su pueblo. As? acompa?? a su propio Hijo con su servicio fiel y lleno de amor, como madre expectante en la gestaci?n, como madre sol?cita y previsora en su infancia, como madre discreta y cercana, pero silenciosa, en su vida p?blica, como madre dolorosa al pie de la Cruz. De la misma manera nos acompa?a a nosotros, que tambi?n somos hijos suyos. De ella debemos aprender nosotros, que reconocemos en ella el modelo del verdadero disc?pulo, y formados en su escuela, escuchemos su palabra: ?Hagan lo que ?l les diga?, cumplamos el Evangelio de su Hijo, hagamos su voluntad, continuemos la misi?n a la que envi? a sus ap?stoles y disc?pulos.???

Disc?pulos y misioneros, nos quiere la Iglesia. Mar?a Sant?sima fue la primera disc?pula, perfecta, generosa. A nosotros nos toca ahora prolongar la Misi?n, iluminados por su ejemplo, asistidos por su intercesi?n. Y me parece que en este hermoso camino que ya comenzamos, el itinerario y programa de la Misi?n, tiene que ser muy sencillo, siempre, pero esforzado y comprometido. Es as? que podr?amos esbozar la tarea que nos espera, situ?ndola en tres ?mbitos muy simples, muy cercanos, muy accesibles, sin los cuales no habr? progreso ni resultados. Ellos son la observancia y celebraci?n del D?a del Se?or; un renovado impulso catequ?stico, que alcance tambi?n a las familias de los que son instru?dos en la fe y se preparan para los sacramentos; y la oraci?n por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, y su promoci?n.??

El D?a del Se?or

El tan recordado Juan Pablo II dedic? una Carta apost?lica al D?a del Se?or, es decir al domingo, el primer d?a de la semana, que es memoria de la Resurrecci?n de Jes?s nuestro Salvador. Es el d?a de la Eucarist?a, en el que el Pueblo de Dios se re?ne para escuchar la Palabra solemnemente anunciada y explicada, para participar en la Mesa del Cuerpo y Sangre de Jes?s y en el que experimenta y expresa la maravillosa realidad de formar con ?l un solo Cuerpo y encontrarse en comuni?n con los hermanos que comparten la fe por el Bautismo.?

Es el domingo, por la celebraci?n de la Eucarist?a, que la comunidad de disc?pulos se nutre y fortalece, y se dispone a lanzar a sus hermanos la llamada que los invita a incorporarse al Pueblo de Dios con la pr?ctica de las buenas obras, a renovarse en la comuni?n, a alimentarse con la esperanza de la vida eterna. Nuestra Misi?n parte de la Eucarist?a, con el env?o que concluye cada celebraci?n lit?rgica, y nos muestra que las riquezas espirituales que hemos recibido tienen que ser manifestadas a los hermanos. La Eucarist?a, anticipo del banquete eterno, es el signo visible de nuestra pr?ctica y de nuestra pertenencia. Se trata entonces de un punto fort?simo, de un aspecto ineludible e insoslayable de la vida de cada cristiano, que la Misi?n tiene que poner de relieve con mucho ?nfasis.?

La catequesis y las familias

En nuestro reciente Encuentro Catequ?stico Diocesano insistimos en la catequesis inicial, desde los comienzos de la vida consciente de los ni?os, y que debe abarcar e integrar activamente a los padres y madres de esos mismos ni?os. La catequesis es una tarea important?sima, es la primera acci?n misionera, y sus responsables son, para comenzar, los mismos padres, a quienes ofrece su ayuda la Iglesia con el ministerio de los catequistas. Por eso, son estos ?ltimos quienes tienen el delicad?simo encargo de despertar en los padres el sentido de su responsabilidad catequ?stica y evangelizadora para con sus hijos y para quienes forman su familia y habitan en el hogar.??

Aqu?, a los pies de Mar?a, que dirigi? y acompa?? los principios de la vida de piedad de su Hijo y fue testigo de su encuentro filial con el Padre celestial, invito insistentemente a los padres a preocuparse por la formaci?n religiosa de sus ni?os, a asistirlos en su desarrollo, a aconsejarlos y defenderlos en las dificultades y en las tentaciones. Y encargo, tambi?n de manera muy especial, a los catequistas a que se dispongan y preparen para encontrar el acceso a los padres de los ni?os que catequizan, y los incorporen a la tarea de hacerlos disc?pulos del Evangelio. Este es un campo privilegiado para la Misi?n, y no podemos descuidarlo.?

Las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada

El tercer aspecto que quer?a se?alarles es el de las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada. Todo bautizado es testigo y es misionero, pero el pueblo de Dios necesita que los sucesores de los Ap?stoles, a quienes el Se?or confi? el pastoreo de su Iglesia, tengan aquellos colaboradores que har?n presente entre los fieles los sacramentos que dan la Vida y la Palabra que ense?a e ilumina. Los religiosos son los que eligieron seguir m?s de cerca de Jesucristo, imitando su ejemplo y aplicando sus ense?anzas, con generosidad y entrega, y se convierten por ello en los jalones del camino que conduce al Reino, por su ejemplo y por su acci?n, por su intercesi?n y por su presencia.? La Misi?n, que no es exclusiva responsabilidad de los ministros ordenados, se estructura a partir de la vida eclesial, que es sacramental y por ello jer?rquica, y los fieles precisan de la renovada y cercana asistencia de la gracia.?

Por eso, la catequesis y la pastoral familiar, el servicio ordinario en las parroquias y comunidades, la formaci?n cristiana de los j?venes en los grupos apost?licos y misioneros y en las escuelas cat?licas, tiene que poner en su horizonte la trasmisi?n de la invitaci?n que Dios dirige a las almas generosas con la vocaci?n sacerdotal y religiosa. Y la Misi?n no es solamente una ocasi?n para ello, tiene en la vocaci?n su perfecci?n y cumplimiento, donde el misionado se vuelve, no solo misionero, sino sost?n y causa de la acci?n misionera. La Obra de las Vocaciones, que est? surgiendo en muchas parroquias y comunidades por el celo de los mismos sacerdotes y de muchos fieles comprometidos, tiene que ser extendida y profundizada, especialmente con la oraci?n y el ofrecimiento de la Eucarist?a.?

Con esta perspectiva leemos el precioso pasaje evang?lico de la Misa de hoy, domingo XXIII del tiempo ordinario (Lc 14, 25-33). Seguir a Cristo, es dejar todo lo que, sin ser algo malo ? y no lo es de ninguna manera, puesto que es tambi?n don de Dios -, padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas, y hasta a s? mismo, y tomar la Cruz para seguir a Cristo. Y este esfuerzo, grande y exigente, requiere la mayor generosidad y se basa en la prudencia y la confianza, pues ser disc?pulo es no apoyarse m?s que en Dios. Ser misionero es justamente partir de ah? mismo: saberse portador de un tesoro, maravilloso, valios?simo, y por eso desprenderse de lo accesorio, para poder alcanzar el t?rmino deseado junto a nuestro amado Se?or. Esta es la convicci?n del cristiano, este su grito y anuncio, esta su conducta y testimonio, y pedimos a la Virgen Sant?sima, Nuestra Se?ora de Luj?n, que con su ejemplo nos ense?e y con su intercesi?n nos acompa?e para llevar a buen t?rmino lo que con nuestro bautismo y vocaci?n hemos comenzado.??

Mons. Mart?n de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio?


Publicado por verdenaranja @ 22:28  | Movimientos
 | Enviar