Mi?rcoles, 15 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Rub?n Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lan?s, en la peregrinaci?n diocesana bas?lica Nuestra Se?ora de Luj?n (4 de septiembre de 2010). (AICA)

PEREGRINACI?N DIOCESANA A LA BAS?LICA DE LUJ?N

Queridos hermanos, queridos sacerdotes, queridos di?conos, di?conos permanentes seminaristas religiosas y querido pueblo fiel; todos los que est? aqu? presentes de la di?cesis de Avellaneda-Lan?s y todos los dem?s peregrinos que vienen de distintos lugares que nos reunimos como Iglesia a honrar ya venerar a la Virgen que es la Madre de Dios.

Venimos aqu?, una vez m?s, para agradecerle a Dios por la presencia de Su Madre que es nuestra Madre, la Virgen; vemos en Ella la iniciativa de Dios y esa concreci?n de aquello que es imposible para los hombres, es posible por la intervenci?n de Dios; como Iglesia recurrimos a Mar?a para que nos vuelva a reverdecer y a fortalecer ese sentimiento profundo e ?ntimo de saber que Dios conduce la historia de la humanidad, la historia de los pueblos y gu?a, a trav?s del Esp?ritu Santo, a nuestra querida y amada iglesia. Por eso nos ubicamos y ponemos bajo su protecci?n, la protecci?n de la Virgen, para que Ella nos recuerde, nos sople, nos suscite y nos ense?e a escuchar como disc?pulos a Cristo, y mirando a Cristo cumplamos con la voluntad de Dios; para el creyente nada es imposible, para nosotros nada es imposible.

Estamos recorriendo inicialmente estos primeros cincuenta a?os de di?cesis, el a?o jubilar, d?ndole gracias a Dios porque nos ha bendecido, como Pueblo de Dios, en nuestra porci?n de Avellaneda ? Lan?s. Estamos recorriendo un camino que Dios va tejiendo con su dedo, con el dedo del Esp?ritu Santo, la historia de santidad en nuestro querido pueblo y en nuestras queridas ciudades de Avellaneda Lan?s.

Y hoy venimos a dar gracias queremos reconocer una vez m?s que nosotros fuimos invitados, que tenemos una vocaci?n, que somos llamados, no lo merec?amos, pero Dios irrumpi? en nuestra vida, hizo el misterio del misterio de su presencia, nos llam?, nos abri? el coraz?n, nos ilumin? la mente, nos ense?? a vivir como personas y como cristianos; cada uno tenemos una vocaci?n que escuchar, desarrollar, cumplir y vivir. Como Iglesia diocesana hay distintas vocaciones, distintas pero que todas pertenecen al Pueblo de Dios, que todo pertenece al cuerpo de Cristo y cada uno de nosotros tiene tareas que desarrollar.

Nosotros, los sacerdotes, en primer lugar hemos terminado, con toda la Iglesia en este junio de 2010, el a?o internacional del sacerdocio ministerial; la Iglesia nos ha convocado a trav?s del papa Benedicto XVI y toda la Iglesia ha rezado, ha reconocido y ha pedido por nosotros, por los sacerdotes, para que realmente reconozcamos, desde nuestra fragilidad, que Dios ha querido confiar el misterio mas santo, el misterio m?s sagrado: la Eucarist?a y el perd?n de los pecados, el perd?n de los pecados y la eucarist?a.

El sacerdote, hombre fr?gil, es representante de Dios y tambi?n ?l nos da a Dios misteriosamente. Por eso tenemos que honrar, amar y estimar a nuestros sacerdotes con sus caracter?sticas particulares, con su forma de ser, pero reconocer -como creyentes en la Iglesia- el misterio de Dios a trav?s del sacerdote y pedimos por ellos. Le pedimos a la Virgen por su perseverancia por su salud f?sica, espiritual, intelectual, moral, social y por todas las cosas que cada uno de ellos pueda necesitar. Que la Virgen recuerde -y nos recuerde- que para Dios nada es imposible, por lo tanto, en su nombre, que la Virgen interceda por cada uno de ellos.

Y pidiendo por los sacerdotes ?c?mo nos vamos a pedir por los seminaristas!, ?como no vamos a pedir por su perseverancia para que recuerden siempre el don que han recibido y aquello a que son llamados y que realmente se entreguen confiando en el Se?or!; si el Se?or lo pide es porque el Se?or lo da; tambi?n le pedimos que, en el seno de nuestras familias y de nuestras comunidades, Dios siga suscitando el llamado interior al sacerdocio ministerial, o a la vida religiosa, o a la vida de consagraci?n especial.

Pedimos tambi?n especialmente por las religiosas y los religiosos, ellos, en su vida son una parte importante de la Iglesia. As? como dec?amos que la Iglesia tiene dos pulmones, oriente y occidente, as? tambi?n la vida religiosa es parte important?sima de la Iglesia, porque la vida consagrada es el anticipo de la escatolog?a, es el anticipo del Reino de nuestra Iglesia. Que Dios bendiga la generosidad de cada uno de ellas y de ellos y que tambi?n suscite vocaciones, no por un tiempito nom?s, o por una parte, sino una consagraci?n total al Se?or a trav?s de los votos y de los consejos evang?licos: pobreza, castidad y obediencia.

Como Iglesia, le pedimos tambi?n a la Virgen por nuestra familias, por nuestras comunidades para que cada una de ellas no se encierre en s? misma, que sean capaces de superar las dificultades que vienen de afuera y que vienen de adentro. ?Tantas cosas golpean el seno de nuestras familias incluso hasta leyes que debilitan aquello que es anterior al Estado, que es la familia. Le pedimos al Se?or por nuestras familias, por medio de la Virgen.

Que nuestras comunidades sean abiertas, que nuestras comunidades sirvan, que nuestra comunidades recen, que nuestras comunidades vivan el misterio de Dios, el evangelio.

El mundo est? cambiando vertiginosamente y muchas veces las leyes del mundo son desp?ticas, y el despotismo del que nos habla el Papa fundamentalmente es relativismo; todo es relativo y todo est? reducido a una experiencia, privada e individual, que el derecho positivo no debe hacer referencia al derecho natural, ya que este le da sustento, y as? tantas otras cosas m?s.

Hoy la Iglesia Cat?lica est? como despreciada y desconocida, fundamentalmente porque sostiene un argumento antropol?gico humano-creyente y eso no se tolera; una de las cosas que m?s se le critica a la Iglesia -hay otras que son de excusa-, es que defiende la vida desde su concepci?n; porque la Iglesia defiende la familia integralmente; porque la Iglesia no quiere -por derecho natural y no s?lo por derecho religioso- no acepta el aborto; y en tantos otros campos la Iglesia en su humanismo y en su cristianismo est? viviendo algo que ciertas veces el mundo no tolera, le molesta y le es adverso.

Entonces ?qu? hacemos?, ?nos callamos la boca, nos encerramos en la sacrist?a, nos quedamos en nuestro individualismo, perdemos el don que Dios nos da? Hoy m?s que nunca, el servicio que nosotros prestamos a la Iglesia y al mundo, es saber que ?Dios es el principio de toda vida y que todos nosotros formamos la familia humana!, ?que todos nosotros somos hijos de Dios!, ?que tenemos que respetarnos!, ?amarnos!, ?cuidarnos!, ?protegernos!, ?y ayudarnos!

Por eso le pedimos hoy a la Virgen que mantenga vivo en nosotros el fuego del esp?ritu y de la esperanza, porque si nosotros tambi?n nos alejamos de Dios perdemos el equilibrio y se empobrecen las vinculaciones humanas entre los hombres. Dice el Papa que si Dios se eclipsa, el hombre pierde su equilibrio y se debilita.

Por eso quiero pedirle hoy a la Virgen, a nuestra Madre, que nos ayude a darnos cuenta que tenemos que vivir de la esperanza, que Dios no es ni una idea, ni un nombre, ni una hip?tesis, ?es la realidad!, ?y es Dios quien hace la realidad de toda vida humana!, ?de toda existencia! El mejor servicio que podemos presentar al hombre es creyendo en Dios, viviendo en Dios, confiando en Dios, siendo fiel a Dios y dando a Dios a los dem?s. La Virgen, en su silencio, nos lo ense?a; que tambi?n nosotros, en nuestro silencio interior, hoy tomemos la decisi?n de vivirlo as? y de entregarlo a los dem?s.

Y para terminar, en la iglesia, le pedimos a la virgen que nos ayude a tres cosas; la primera obrar, la segunda pensar y la tercera rezar, si rezamos, si pensamos y si obramos, es lo mejor que le entregamos a la iglesia y al mundo.

Que as? sea.?

Mons. Rub?n Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lan?s?


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Homil?as
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