Jueves, 16 de septiembre de 2010

ZENIT?? publica el discurso que dirigi? Benedicto XVI el martes 7 de Septiembre de 2010?por la tarde, Benedicto XVI, al final del concierto en el que se interpret? el R?quiem de Wolfgang Amadeus Mozart (Misa de R?quiem en re menor K 626) en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

El concierto fue interpretado por la Orquesta de Padua y del V?neto, dirigida por el maestro Claudio Desderi, y por el coro "Academia de la voz" de Tur?n, dirigida por la maestra Sonia Franzese.

Queridos amigos:

Doy las gracias de coraz?n a la Orquesta de Padua y del V?neto y al coro "Academia de la voz" de Tur?n, dirigidos por el maestro Claudio Desderi, y a los cuatro solistas por habernos ofrecido este momento de alegr?a interior y de reflexi?n espiritual con una intensa interpretaci?n del R?quiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Junto a ellos, doy las gracias a monse?or Marcelo S?nchez Sorondo, secretario de la Academia Pontificia de las Ciencias, por las palabras que me ha dirigido, as? como a las instituciones que han contribuido a la organizaci?n de este acontecimiento. Sabemos bien que Mozart, cuando era muy joven, en sus viajes por Italia con su padre, se detuvo en varias regiones, entre las cuales se encontraban tambi?n el Piamonte y el V?neto, pero sobre todo sabemos que pudo aprender de la viva actividad musical italiana, caracterizada por compositores como Hasse, Sammartini, Padre Martini, Piccinni, Jommelli, Paisiello, Cimarosa, por citar a algunos de ellos.

Permitidme, sin embargo, que exprese una vez m?s el afecto particular que me une, podr?a decir desde siempre, a este sumo m?sico. Cada vez que escucho su m?sica no puedo dejar de volver con la memoria a mi iglesia parroquial, donde cuando era un muchacho, en los d?as de fiesta, resonaba una de sus "misas": en el coraz?n sent?a que me alcanzaba un rayo de la belleza del Cielo , y esta sensaci?n sigo experiment?ndola tambi?n hoy cada vez, escuchando esta gran meditaci?n, dram?tica y serena, sobre la muerte. En Mozart, todo est? en perfecta armon?a, cada nota, cada frase musical; es as? y no podr?a ser de otra manera; incluso los opuestos quedan reconciliados es la?mozart'sche Heiterkeit, la "serenidad mozartiana" todo lo envuelve, en cada momento. Es un don de la Gracia de Dios, pero es tambi?n el fruto de la fe viva de Mozart que, especialmente en la m?sica sacra, logra reflejar la respuesta luminosa del Amor divino, que da esperanza, incluso cuando la vida humana es lacerada por el sufrimiento y la muerte.

En su ?ltima carta escrita al padre moribundo, fechada el 4 de abril de 1787, escribe hablando precisamente de la etapa final de la vida sobre la tierra: "...?desde hace alg?n a?o he alcanzado tanta familiaridad con esta amiga sincera y sumamente querida del hombre, [la muerte], que su imagen ya no s?lo no tiene nada de aterrador, sino que me parece incluso muy tranquilizante y consoladora! Y doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte de tener la oportunidad de reconocer en ella la clave de nuestra felicidad. No me acuesto nunca sin pensar que al d?a siguiente quiz? ya no estar?. Y sin embargo nadie que me conozca podr? decir que en compa??a yo sea triste o de mal humor. Y por esta suerte doy las gracias cada d?a a mi Creador y lo deseo de todo coraz?n a cada uno de mis semejantes".

Este escrito manifiesta una fe profunda y sencilla, que aparece tambi?n en la gran oraci?n del R?quiem, y nos lleva, al mismo tiempo, a amar intensamente las vicisitudes de la vida terrena como dones de Dios y a elevarnos por encima de ellas, contemplando serenamente la muerte como una "llave" para atravesar la puerta hacia la felicidad.

El R?quiem de Mozart es una elevada expresi?n de fe, que reconoce el car?cter tr?gico de la existencia humana y que no oculta sus aspectos dram?ticos, y por este motivo es una expresi?n de fe propiamente cristiana, consciente de que toda la vida del hombre est? iluminada por el amor de Dios. Gracias una vez m?s a todos.?

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina
? Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:33  | Habla el Papa
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