Viernes, 17 de septiembre de 2010

?Homil?a de monse?or Agust?n Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luj?n en la misa de cierre del Encuentro de Agentes de Pastoral de la Arquidi?cesis (Iglesia catedral, 4 de septiembre de 2010). (AICA)

ENCUENTRO DE AGENTES DE PASTORAL

Queridos hermanos:

Nos encontramos en la iglesia Catedral, celebrando los 75 a?os de vida de nuestra arquidi?cesis de Mercedes-Luj?n. Es significativo estar en este templo como familia de Dios, ya que es la iglesia madre en la arquidi?cesis; desde ella se derrama el Esp?ritu santificador a todo el pueblo de Dios que peregrina en el territorio encomendado al Obispo como pastor, sucesor leg?timo de los ap?stoles; se ense?a la Palabra de vida y se va conduciendo, con la colaboraci?n de los sacerdotes, di?conos, religiosos/as, laicos, para formar juntos el reba?o del Se?or: ?nico Pastor de su pueblo.

El recordado y querido papa Pablo VI dec?a ?por la majestad de su construcci?n, es signo de aquel templo espiritual, que se edifica en las almas y que resplandece por la magnificencia de la gracia divina, seg?n dice el Ap?stol Pablo: ?Ustedes son templo de Dios vivo? (2 Co 6, 16). Adem?s debe ser manifestaci?n de la imagen expresa y visible de la Iglesia de Cristo que predica, canta y adora en toda la extensi?n de la tierra. Debe ser considerada ciertamente como imagen del Cuerpo m?stico de Cristo, cuyos miembros se unen mediante un ?nico v?nculo de caridad, alimentados por los dones que descienden como el roc?o del cielo?.[1]?

Un trabajo juntos

Nuestra arquidi?cesis est? signada por la presencia de la Madre de Dios, las Sant?sima Virgen. De su mano, los que nos han precedido en la fe han hecho historia. Ustedes han trabajado durante estos ?ltimos meses en las comunidades parroquiales, en las zonas pastorales y rescataron el camino andado, atesorando los signos de vida y perdonando y pidiendo perd?n por tantos errores u omisiones de bien que encontramos. Tambi?n han mirado el momento presente y se han planteado desaf?os que hoy han trabajo para concretar en acciones que muestren a Jesucristo vivo en cada una de las comunidades. S? que me har?n llegar las conclusiones de este trabajo - compromiso en el momento de las ofrendas de esta santa misa. No tengan dudas que ser?n luminosos aportes para ponernos juntos a trabajar, tambi?n de la mano de Mar?a y en sinton?a con toda la Iglesia de Am?rica Latina y del Caribe, lanz?ndonos a la misi?n continental, que pide Aparecida [2]?

Construyendo Iglesia: casa y escuela de comuni?n

Cada encuentro ha significado construir la Iglesia, es decir la casa y escuela de comuni?n, donde ayud?ndonos y fundamentalmente am?ndonos unos a otros fuimos haciendo el ?templo vivo?. Hemos experimentado la presencia de Jes?s y sabemos con claridad que queremos ser disc?pulos fieles. No es tarea f?cil, ni depende de nuestras capacidades o fuerza de voluntad, m?s bien se trata de una muerte a uno mismo, una especie de vaciamiento, para que sea ?l quien lo? llene todo. Es ?l quien da la fuerza, es ?l quien da Vida Nueva, es El qui?n enciende en nosotros el deseo de su rostro, es ?l quien nos hace hermanos y nos une.

Si el Se?or no construye la casa en vano trabaja el obrero, dice el salmo 126. Por eso pedimos al Se?or que nos regale ser casa y escuela de comuni?n. Casa para cobijar a todos, para recibir, para dar lugar, para entusiasmar. Escuela para que, acerc?ndonos a la Palabra, ella forme en nosotros el rostro de Cristo y nos infunda sus sentimientos ?Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jes?s? (Flp. 2, 5). Escuela que nos haga humildes oyentes y fieles operadores de la Voluntad del Padre. La comuni?n es el fruto de la presencia de Jes?s. Es el restablecimiento de la relaci?n con Dios, nuestro Padre y la vivencia efectiva y afectiva de la fraternidad entre nosotros. No podemos pretender ser disc?pulos solos, no podemos ser cristianos sin Iglesia [3].

Quiz? este esfuerzo por mirar hacia atr?s y proyectarnos hacia delante nos ha hecho tomar conciencia de estar insertos en una historia de Salvaci?n, que no comienza con nosotros, ni se acaba con nosotros. Hemos de ser humildes y dejar que brille la luz de Cristo, siendo nosotros simples obreros de su vi?a, aunque tambi?n tenemos que ser responsables y poner a producir los talentos que el Se?or nos encomienda, para que crezca su Reino en el mundo.?

Disc?pulos misioneros.

El empe?o misionero es algo que nos debe ocupar en los pr?ximos a?os. La misi?n nace de una experiencia del Resucitado. Nos hemos encontrado con Cristo y El nos ha cambiado la vida. Y es tal la felicidad que experimentamos que no podemos callar lo que hemos visto y o?do. Desde esta perspectiva queremos ubicarnos.

Si somos comunidad, si somos familia, si somos hermanos estamos creando el clima para acercar a otros a la fe. Pero ?a qui?nes? A todos, y solo amando en serio, como Jes?s, d?ndonos, podremos asumir los desaf?os del tiempo presente, sintetizados en el imperio de la subjetividad: cada cual atiende su juego y, el relativismo: todo depende en orden a mi bienestar.

La atenci?n particular tendr? que dirigirse a los rostros sufrientes que nos duelen [4]: los que viven en la calle, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los presos, teniendo en cuenta que los m?s sufrientes son los que no tienen a Dios [5].

Esta es nuestra Iglesia, una Iglesia aut?ntica, evang?lica, fraterna y misionera, que vive la comuni?n entre los hermanos y anuncia que el Se?or resucit?.

Que la Virgen, disc?pula misionera nos gu?e para dar a Jes?s a todos. Am?n.?

Notas:

[1] Pablo VI Const Apost Mirificus eventos 7 de diciembre de 1965
[2] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida n? 551
[3] Aparecida n? 156
[4] Aparecida n? 407-430
[5] Aparecida n? 405

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Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Homil?as
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