S?bado, 18 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes, para el 23? domingo durante el a?o (5 de septiembre de 2010). (AICA)

CRISTO EN PRIMER LUGAR

Uno podr?a pensar que el evangelio de hoy es para algunos selectos; para religiosas, monjes? y sacerdotes; y que los laicos no est?n en condiciones de poner en pr?ctica lo que Jes?s exige. Posponer la familia y renunciar a todo lo que uno posee, parece imposible para alguien que se ha comprometido en el matrimonio y aceptado la responsabilidad de tener y mantener los hijos.

Seguramente Jes?s no quiso crear dos categor?as de cristianos. M?s bien quiere alertarnos de tomar conciencia que el seguir a ?l trae consecuencias para ?cualquiera que venga a m?. S?lo ?l tiene la autoridad de hablar as?, porque ?l es m?s que un profeta. En ?l habla Dios mismo. Cuando pensamos en el mandamiento principal en su doble dimensi?n: ?amar a Dios por encima de todo, y al pr?jimo como a nosotros mismos?, Jes?s no entra simplemente en la categor?a del pr?jimo, sino en el primer lugar, reservado para Dios. S?lo al amarlo a ?l con todo el coraz?n, con toda el alma y con todas ?las fuerzas, encuentra el hombre la plenitud. Porque nos ha creado orientados hacia ?l, y? nuestro coraz?n est? inquieto hasta que descanse en ?l, como dice San Agust?n.

Los consejos evang?licos de pobreza, castidad y obediencia, que los religiosos aceptan en la profesi?n para su vida, hay que entenderlos como un signo prof?tico para recordarnos, que todo lo que poseemos y somos, es don de Dios, que no debe transformarse en un ?dolo en su reemplazo. Los padres de familia trasmiten esta verdad, cuando rezan con sus? hijos y agradecen a Dios la salud, el trabajo; cuando bendicen la mesa, y cuando llevan una vida austera y comparten con generosidad con los pobres. Y sobre todo, cuando no pierden la confianza en la providencia de Dios en momentos dif?ciles, transformando la cruz en una herramienta de amor. La fidelidad de los esposos en el transcurso del tiempo, la delicadeza de aceptar las limitaciones del otro y de descubrir siempre de nuevo el amor que Dios manifiesta en la entrega mutua, es un modo de reconocer que uno no es propietario de la familia. Es en la familia tambi?n, donde se aprende a no reservarse ni la vida propia, sino a estar humildemente a disposici?n de los dem?s.

La actualidad del esta ense?anza de Jes?s est? a la vista, cuando vemos la merma de los casamientos? y el aumento de las separaciones, con la consecuencia de ?hijos desorientados y abandonados, que no descubren para qu? han venido al mundo.? Sin la contenci?n del hogar, la violencia se traslada al ambiente p?blico, y la pol?tica se practica como lucha por el poder y el dinero. El sentido de la solidaridad, la sensibilidad por los derechos humanos, el respeto por la autoridad, que son fruto de una cultura cristiana, se va perdiendo cuando no se sostienen en la fe en un Dios que nos anima y que un d?a nos pedir? cuentas de nuestra conducta.

Vivir el evangelio en serio, no es cuesti?n solamente de religiosos, sino de todo cristiano. Para poder hacerlo, debemos ayudarnos mutuamente. De ah?, la importancia de las peque?as comunidades, donde se comparte la Palabra de Dios y la experiencia de su vivencia, y donde se despierta tambi?n el compromiso de entrar en los diversos ?mbitos de la sociedad que necesita de la audacia de los que realmente quieren ser fieles a la ense?anza de Jesucristo.

Cuando Jes?s mismo en su momento dej? su familia y la seguridad del trabajo para comenzar una vida de misionero itinerante, su Madre se transform? en su disc?pula y lo sigui? hasta la cruz. Pidamos a Mar?a, a la cual nos dej? como Madre nuestra, que sea ?nuestra Maestra en el seguimiento de su Hijo.?

Mons. Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes?


Publicado por verdenaranja @ 22:37  | Homil?as
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