S?bado, 18 de septiembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que Benedicto XVI dirigi? a los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil (Regi?n Nordeste III), recibidos estos d?as de Septeimbre de 2010, en audiencias separadas, con motivo de la Visita ad Limina Apostolorum.

Se?or cardenal,
amados arzobispos y obispos de Brasil:

Os saludo cordialmente a todos vosotros, con motivo de vuestra visita ad Limina a Roma, donde hab?is venido a reforzar vuestros v?nculos de comuni?n fraterna con el Sucesor de Pedro y a ser animados por ?l en la conducci?n del reba?o de Cristo. Agradezco las amables palabras que Don Ceslau Stanula, Obispo de Itabuna, me ha dirigido en vuestro nombre, y os aseguro mis oraciones por vuestras intenciones y por el amado pueblo del nordeste, de vuestro regional Nordeste 3.

Hace m?s de cinco siglos, justamente en vuestra regi?n, se celebraba la primera Misa en Brasil, haciendo realmente presente el Cuerpo y la Sangre de Cristo para la santificaci?n de los hombres y de las mujeres de esta bendita naci?n que naci? bajo los auspicios de la Santa Cruz. Era la primera vez que el Evangelio de Cristo estaba siendo proclamado a este pueblo, iluminando su vida diaria. Esta acci?n evangelizadora de la Iglesia Cat?lica fue y contin?a siendo fundamental en la constituci?n de la identidad del pueblo brasile?o caracterizada por la convivencia arm?nica entre personas venidas de diferentes regiones y culturas. Pero, mientras los valores de la fe cat?lica han moldeado los corazones y el esp?ritu brasile?os, hoy se observa una creciente influencia de nuevos elementos en la sociedad, que hace algunas d?cadas eran pr?cticamente ajenos. Esto provoca un consistente abandono por parte de muchos cat?licos de la vida eclesial o incluso de la Iglesia, mientras en el panorama religioso de Brasil, se asiste a la r?pida expansi?n de comunidades evang?licas y neopentecostales.

En cierto sentido, las razones que est?n en la ra?z del ?xito de estos grupos son una se?al de la difundida sed de Dios entre vuestro pueblo. Es tambi?n un indicio de una evangelizaci?n, a nivel personal, a veces superficial; de hecho, los bautizados no suficientemente evangelizados son f?cilmente influenciables, pues poseen una fe fr?gil y muchas veces basada en una ingenua devoci?n, aunque, como he dicho, conservan una religiosidad innata. En este contexto emerge, por un lado, la clara necesidad de que la Iglesia cat?lica en Brasil se comprometa en una nueva evangelizaci?n que no escatime esfuerzos en la b?squeda de cat?licos apartados, as? como en la de aquellas personas que conocen poco o nada del mensaje evang?lico, conduci?ndolos a un encuentro personal con Jesucristo, vivo y activo en su Iglesia. Por otro lado, con el crecimiento de nuevos grupos que se dicen seguidores de Cristo, aunque divididos en diversas comunidades y confesiones, se hace m?s necesario, por parte de los pastores cat?licos, el compromiso de establecer puentes de contacto a trav?s de un saludable di?logo ecum?nico en la verdad.

Ese esfuerzo es necesario, antes que nada, porque la divisi?n entre los cristianos est? en contraposici?n con la voluntad del Se?or de que "todos sean uno" (Jn 17,21). Por otra parte, la falta de unidad es causa de esc?ndalo que acaba por socavar la credibilidad del mensaje cristiano proclamado en la sociedad. Y hoy, su proclamaci?n es quiz?s a?n m?s necesaria que hace algunos a?os, pues, como demuestran vuestros relatos, incluso en las peque?as ciudades del interior de Brasil, se observa una creciente influencia negativa del relativismo intelectual y moral en la vida de las personas.

No son pocos los obst?culos que la b?squeda de la unidad de los cristianos tiene por delante. En primer lugar, debe rechazarse una visi?n err?nea del ecumenismo, que induce a una cierta indiferencia doctrinal que procura nivelar, en un irenismo acr?tico, todas las "opiniones" en una especie de relativismo eclesiol?gico. Junto a esto est? el desaf?o de la multiplicaci?n incesante de nuevos grupos cristianos, algunos de ellos utilizando un proselitismo agresivo, que muestra c?mo el paisaje del ecumenismo sigue siendo muy diferenciado y confuso. En ese contexto -como afirm? en 2007, en la Catedral de S? en S?o Paulo, en el inolvidable encuentro que tuve con vosotros, obispos brasile?os- "es indispensable una buena formaci?n hist?rica y doctrinal, que permita el necesario discernimiento y ayude a entender la identidad espec?fica de cada una de las comunidades, los elementos que dividen y los que ayudan en el camino de la construcci?n de la unidad. El gran ?mbito com?n de colaboraci?n deber?a ser la defensa de los valores morales fundamentales, transmitidos por la tradici?n b?blica, contra su destrucci?n en una cultura relativista y consumista; m?s a?n, la fe en Dios creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado" (n. 6). Por esa raz?n, os animo a proseguir dando pasos positivos en esta direcci?n, como es el caso del di?logo con las iglesias y comunidades eclesiales pertenecientes al Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, que con iniciativas como la Campa?a de Fraternidad Ecum?nica ayudan a promover los valores del Evangelio en la sociedad brasile?a.

Apreciados hermanos, el di?logo entre los cristianos es un imperativo del tiempo presente y una opci?n irreversible de la Iglesia. Sin embargo, como recuerda el Concilio Vaticano II, el coraz?n de todos los esfuerzos por la unidad debe ser la oraci?n, la conversi?n y la santificaci?n de vida (cf. Unitatis redintegratio, 8). Es el Se?or quien da la unidad, ?sta no es una creaci?n de los hombres, a los pastores les corresponde obediencia a la voluntad del Se?or, promoviendo iniciativas concretas, libres de cualquier reduccionismo conformista, pero realizadas con sinceridad y realismo, con paciencia y perseverancia que brotan de la fe en la acci?n providencial del Esp?ritu Santo.

Queridos y venerados hermanos, he intentado evidenciar brevemente en este encuentro nuestro algunos aspectos del gran desaf?o del ecumenismo confiado a vuestra solicitud apost?lica. Al despedirme de vosotros, reafirmo una vez m?s mi estima y la certeza de mis oraciones por todos vosotros y por vuestras di?cesis. De manera particular, quiero aqu? renovar la expresi?n de mi solidaridad paterna con los fieles de la di?cesis de Barreiras, recientemente privados de la gu?a de su primer y diligente pastor monse?or Ricardo Jos? Weberberger, que parti? a la casa del Padre, meta de los pasos de todos nosotros. ?Descanse en paz! Invocando la intercesi?n de Nuestra Se?ora Aparecida, os concedo a cada uno de vosotros, a los sacerdotes, a los religiosos, las religiosas, a los seminaristas, a los catequistas y a todo el pueblo confiado a vosotros una afectuosa Bendici?n Apost?lica.?

[Traducci?n del original portugu?s realizada por Patricia Navas
? Librer?a Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Habla el Papa
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