Domingo, 19 de septiembre de 2010

Comentario al evangelio del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario, publicado en Diario de Avisos el domingo 19 de Septiembre de 2010 bajo el ep?grafe DOMINGO CRISTIANO.

Poderoso caballero

Daniel Padilla

"No pueden servir a Dios y al dinero". As? termina el Evangelio hoy. Es verdad. Y lo comprobamos a cada paso. El dinero divide a las familias, rompe las amistades y hace que el hombre traicione hasta lo m?s sagrado. Aqu? y en la Conchinchina. Hoy y en tiempo de Am?s. Am?s era un profeta que vivi? ocho siglos antes de Jes?s. Era una ?poca de prosperidad econ?mica y comercial, en la que todos, m?s o menos, cantaban lo de "poderoso caballero es don dinero". Tanto se convirti? Palestina en una sociedad de consumo, que s?lo pensaba en eso: negociar. Ni siquiera respetaban ya las festividades, en las cuales, recordando la liberaci?n de Egipto, deb?an interrumpir todo movimiento de compraventa. Pero Am?s no se callaba; Am?s, en?rgica y valientemente, denunciaba su avaricia: "Disminuyen las medidas, aumentan los precios, usan balanzas con trampa, y compren con dinero del pobre". Y ?sa ha sido la eterna canci?n. El fraude, el enga?o, la estafa, hasta la compra de la libertad de los indigentes que, por subsistir, caen en la zarpa de los poderosos, han sido la constante de todos los tiempos. Lo mismo en la ?poca de Jes?s. Por eso, nos cont? la historia de aquel administrador tramposo, que hizo de todo: derrochar, malversar fondos, falsificar recibos y forrarse para el d?a de ma?ana. Para invitarnos a continuaci?n a "ser fieles en lo peque?o, porque el que es fiel en lo poco, tambi?n ser? fiel en lo mucho". Y porque "no se puede servir a Dios y al dinero". Pues, en eso estamos, amigos. A veintinueve siglos de Am?s, a veinti?n siglos de Jes?s, en eso estamos. El mundo sigue igual. Las palabras de Am?s -"disminuyen las medidas, aumentan los precios"- parecen presidir, en grandes pancartas, la vida de nuestras ciudades. Se multiplican cada d?a los casos de corrupci?n, de especulaci?n en los negocios, de falta de calidad en las mercanc?as, de trampas y adulteraciones en el alimento, de asombrosos narcotr?ficos, caiga quien caiga. Y no s?lo en las altas esferas. Lo mismo a nivel de la calle. Ya el kilo no pesa mil gramos, ni el pollo sabe a pollo, y, al menor descuido, nos dan gato por liebre. Las revistas nos describen con detalle las grandes mansiones, a lo Falcon Crest, que se construyen los famosos. Peor los novios se quedan contando ceros en las cifras astron?micas que marcan las viviendas m?s sencillas. Es decir, Am?s sigue siendo Am?s y la historia del administrador infiel no termina nunca. Pero hay m?s todav?a. Y es que, en todo, hasta en nuestras actitudes m?s sagradas, por ejemplo, en nuestra entrega al deber, en nuestra capacidad de sacrificio, en nuestra profesionalidad, vamos tambi?n disminuyendo las medidas y subiendo los precios. Nada hacemos ya gratis y por amor. Y, cuando no hay m?s remedio que hacer, hacemos, s?, pero muchas veces para ir tirando. Nos educaron en la teolog?a de lo peque?o. Nos pusieron como modelos a Teresita de Lisieux, a Fray Mart?n de Porres, al Santo Hermano Pedro, a San Juan Mar?a Vianney, porque encontraron a Dios en los servicios m?s humildes. Pero al hombre de hoy, abrumado por las modernas t?cnicas mastod?nticas, deben parecerle estas cosas p?rdidas de tiempo. ?Qu? importancia pueden tener las minucias del detalle? Y, sin embargo, el Evangelio va m?s por la calidad que por cantidad. Por la excelencia antes que por la mediocridad. Para Dios nada hay peque?o. A quien Dios presta un talego, le exige, por lo menos, otro.


Publicado por verdenaranja @ 9:40  | Espiritualidad
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