Viernes, 24 de septiembre de 2010

ZENIT?? A pocos d?as de la beatificaci?n del cardenal John Henry Newman, presentamos nuestra traducci?n del discurso pronunciado por el cardenal Joseph Ratzinger el 28 de abril de 1990 con ocasi?n del centenario de la muerte del gran cardenal ingl?s, a quien el actual Papa defini? entonces como "un gran doctor de la Iglesia".?

John Henry Newman, ?gran doctor de la Iglesia?

Yo no me siento competente para hablar de la figura o la obra de John Henry Newman, pero tal vez puede ser interesante que me detenga un poco sobre mi acercamiento personal a Newman, en el que se refleja tambi?n algo de la actualidad de este gran te?logo ingl?s en las controversias espirituales de nuestro tiempo.

Cuando en enero de 1946 pude comenzar mi estudio de la teolog?a en el seminario de la di?cesis de Freising, que finalmente hab?a vuelto a abrir sus puertas despu?s de los desastres de la guerra, se decidi? que nuestro grupo tuviera como prefecto a un estudiante m?s veterano, que ya antes de empezar la guerra hab?a comenzado a trabajar en una disertaci?n sobre la teolog?a de la conciencia de Newman. Durante los a?os de su ocupaci?n en la guerra no hab?a abandonado este tema, que ahora volv?a a retomar con nuevo entusiasmo y nuevas energ?as. Desde el primer momento nos uni? una amistad personal, que se concentraba completamente alrededor de los grandes problemas de la filosof?a y la teolog?a. No hace falta decir que Newman estaba siempre presente en este intercambio. Alfred L?pple, ?l era el prefecto antes mencionado, public? luego en 1952 su disertaci?n, con el t?tulo?"El individuo en la Iglesia".

La doctrina de Newman sobre la conciencia se convirti? entonces para nosotros en el fundamento de aquel personalismo teol?gico que nos atrajo a todos con su encanto. Nuestra imagen del hombre, as? como nuestra concepci?n de la Iglesia, se vieron marcadas por este punto de partida. Hab?amos experimentado la pretensi?n de un partido totalitario que se consideraba la plenitud de la historia y que negaba la conciencia del individuo. Hermann Goering hab?a dicho de su jefe: "?Yo no tengo ninguna conciencia! Mi conciencia es Adolf Hitler". La inmensa ruina del hombre que deriv? de esto, estaba ante nuestros ojos.

Por eso, para nosotros era un hecho liberador y esencial saber que el "nosotros" de la Iglesia no se basaba en la eliminaci?n de la conciencia sino que s?lo pod?a desarrollarse a partir de la conciencia. Precisamente porque Newman explicaba la existencia del hombre a partir de la conciencia, es decir, en la relaci?n entre Dios y el alma, era tambi?n claro que este personalismo no representaba ninguna concesi?n al individualismo y que el v?nculo con la conciencia no significaba ninguna concesi?n a la arbitrariedad - m?s a?n, que se trataba precisamente de lo contrario.

De Newman aprendimos a comprender el primado del Papa: la libertad de conciencia - as? nos ense?aba Newman con la Carta al Duque de Norfolk - no se identifica, de hecho, con el de derecho de "dispensarse de la conciencia, de ignorar al Legislador y Juez, y de ser independientes de los deberes invisibles". De este modo, la conciencia, en su significado aut?ntico, es el verdadero fundamento de la autoridad del Papa. De hecho, su fuerza viene de la Revelaci?n, que completa la conciencia natural iluminada de manera s?lo incompleta, y "su?raison d'?tre?es la de ser el campe?n de la ley moral y de la conciencia".

Esta doctrina sobre la conciencia se ha vuelto para m? cada vez m?s importante en el desarrollo sucesivo de la Iglesia y del mundo. Me doy cuenta, cada vez m?s, de que s?lo se manifiesta de modo completo haciendo referencia a la biograf?a del Cardenal, la cual supone todo el drama espiritual de su siglo.

Newman, como hombre de la conciencia, se transforma en un converso; fue su conciencia que lo condujo desde los antiguos v?nculos y las antiguas certezas dentro del mundo para ?l dif?cil e inusual del catolicismo. Pero precisamente esta v?a de la conciencia es algo distinto a una v?a de la subjetividad que se afirma a s? misma: es, en cambio, una v?a de la obediencia a la verdad objetiva.

El segundo paso del camino de conversi?n que dur? toda la vida de Newman fue, de hecho, la superaci?n de la posici?n del subjetivismo evang?lico en favor de una concepci?n del cristianismo basada en la objetividad del dogma. Al respecto, siempre encuentro muy significativa, pero particularmente hoy, una formulaci?n tomada de una de sus pr?dicas de la ?poca anglicana:

"El verdadero cristianismo se demuestra en la obediencia, y no en un estado de conciencia. As?, todo el deber y el trabajo de un cristiano se organiza en torno a estos dos elementos: la fe y la obediencia; ?mira a Jes?s? (Heb. 2, 9)... y act?a seg?n su voluntad. Me parece que hoy corremos el peligro de no dar el peso que deber?amos a ninguno de los dos elementos. Consideramos cualquier verdadera y cuidadosa reflexi?n sobre el contenido de la fe como est?ril ortodoxia, como sutileza t?cnica. En consecuencia, hacemos consistir el criterio de nuestra piedad en la posesi?n de una as? llamada disposici?n de ?nimo espiritual".

En este contexto, se han vuelto para m? importantes algunas frases del libro "Los arrianos del siglo IV", que a primera vista me han parecido m?s bien sorprendentes: "el principio puesto por la Escritura como fundamento de la paz es reconocer que la verdad en cuanto tal debe guiar tanto la conducta pol?tica como la privada... y que el celo, en la escala de las gracias cristianas, tiene la prioridad por sobre la benevolencia".

Para m? es siempre fascinante darme cuenta y reflexionar c?mo precisamente as?, y s?lo as?, a trav?s del v?nculo a la verdad, a Dios, la conciencia recibe valor, dignidad y fuerza. En este contexto, quisiera a?adir s?lo otra expresi?n tomada de la "Apolog?a pro vita sua", que demuestra el realismo de esta concepci?n de la persona y de la Iglesia: "Los movimientos vivos no nacen de comit?s".

Quisiera volver una vez m?s brevemente al hilo autobiogr?fico. Cuando en 1947 prosegu? mis estudios en Munich, encontr? en el profesor de teolog?a fundamental, Gottlieb S?hngen, mi verdadero maestro en teolog?a, un culto y apasionado seguidor de Newman. ?l nos inici? en la "Gram?tica del Asentimiento"?y, con ella, en la modalidad espec?fica y la forma de certeza propia del conocimiento religioso.

A?n m?s profundamente actu? sobre m? la contribuci?n que Heinrich Fries public? con ocasi?n del Jubileo de Calcedonia: all? encontr? el acceso a la doctrina de Newman sobre el desarrollo del dogma, que considero, junto a su doctrina sobre la conciencia, su contribuci?n decisiva a la renovaci?n de la teolog?a. Con esto, puso en nuestras manos la clave para insertar en la teolog?a un pensamiento hist?rico, o m?s bien, nos ense?? a pensar hist?ricamente la teolog?a y, precisamente de ese modo, a reconocer la identidad de la fe en todos los cambios. Debo abstenerme de profundizar, en este contexto, tal idea. Me parece que la contribuci?n de Newman no ha sido todav?a aprovechada del todo en las teolog?as modernas. Ella a?n contiene en s? posibilidades fruct?feras que esperan ser desarrolladas.

En este momento, s?lo quisiera volver una vez m?s al trasfondo biogr?fico de esta concepci?n. Es sabido c?mo la concepci?n de Newman sobre la idea del desarrollo ha marcado su camino hacia el catolicismo. Sin embargo, no se trata aqu? s?lo de un desarrollo carente de ideas. En el concepto de desarrollo est? en juego la misma vida personal de Newman. Pienso que esto se hace evidente en su conocida afirmaci?n, contenida en el famoso ensayo sobre "El desarrollo de la doctrina cristiana": "aqu? sobre la tierra vivir es cambiar, y la perfecci?n es el resultado de muchas transformaciones". Newman ha sido, a lo largo de toda su vida, alguien que se ha convertido, alguien que se ha transformado, y de este modo ha seguido siendo siempre ?l mismo y ha llegado a ser cada vez m?s ?l mismo.

Aqu? me viene a la mente la figura de san Agust?n, tan cercana a la figura de Newman. Cuando se convirti? en el jard?n de?Casiciacum, Agust?n hab?a comprendido la conversi?n seg?n el esquema del venerado maestro Plotino y de los fil?sofos neoplat?nicos. Pensaba que la vida pasada de pecado estaba ahora definitivamente superada; el convertido ser?a de ahora en m?s una persona completamente nueva y diversa, y su camino sucesivo habr?a consistido en un continuo ascenso hacia las alturas cada vez m?s puras de la cercan?a de Dios, algo parecido a lo que describi? Gregorio de Nisa en?De vita Moysis: "As? como los cuerpos, apenas han recibido el primer impulso hacia abajo, se hunden por s? mismos sin ulteriores impulsos... as?, pero en sentido contrario, el alma que se ha liberado de las pasiones terrenas, se eleva constantemente con un veloz movimiento de ascenso... en un vuelo que apunta siempre hacia lo alto".

Pero la experiencia real de Agust?n era otra: tuvo que aprender que ser cristiano significa, m?s bien, recorrer un camino cada vez m?s fatigoso, con todos sus altibajos. La imagen de la ascensi?n es sustituida por la de un camino, en cuyas fatigosas asperezas nos consuelan y sostienen los momentos de luz que de vez en cuando podemos recibir. La conversi?n es un camino, un camino que dura toda una vida. Por eso, la fe es siempre desarrollo y, precisamente de este modo, maduraci?n del alma hacia la Verdad, que "es m?s ?ntima a nosotros que nosotros mismos".

Newman expuso en la idea del desarrollo la propia experiencia personal de una conversi?n nunca dada por concluida, y as? nos ha ofrecido la interpretaci?n no s?lo del camino de la doctrina cristiana sino tambi?n de la vida cristiana. El signo caracter?stico del gran doctor de la Iglesia es, en mi opini?n, que ?l no ense?a s?lo con su pensamiento y sus discursos sino tambi?n con su vida, ya que en ?l pensamiento y vida se compenetran y se determinan rec?procamente. Si esto es cierto, entonces realmente Newman pertenece a los grandes doctores de la Iglesia porque, al mismo tiempo, ?l toca nuestro coraz?n e ilumina nuestro pensamiento.

[Fuente:?Sitio de La Santa Sede?

Traducci?n:?La Buhardilla de Jer?nimo]


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Hablan los obispos
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