Domingo, 26 de septiembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el lunes?13 de Septiembre de 2010?al nuevo embajador alem?n ante la Santa Sede, Walter J?rgen Schmid, a quien recibi? en audiencia con motivo de la presentaci?n de sus Cartas Credenciales.

Se?or Embajador,

aprovecho con agrado la ocasi?n de la solemne entrega de las Cartas Credenciales que le acreditan como embajador extraordinario y plenipotenciario de la Rep?blica Federal de Alemania ante la Santa Sede, para darle la bienvenida y para expresar mis mejores deseos para su alta misi?n. Le agradezco de coraz?n por las amables palabras que me ha dirigido, tambi?n en nombre del se?or Presidente Federal Christian Wulff y del Gobierno Federal. Extiendo de buen grado mi saludo de bendici?n al Jefe del Estado, a los miembros del Gobierno y a todos los ciudadanos de Alemania, con la esperanza de que las buenas relaciones entre la Santa Sede y la Rep?blica Federal de Alemania perduren en el futuro y puedan desarrollarse ulteriormente.

Muchos cristianos en Alemania se vuelven, con gran atenci?n, a las inminentes celebraciones de las beatificaciones de diversos sacerdotes m?rtires del tiempo del r?gimen nazi. Este domingo, 19 de septiembre, ser? beatificado Gerhard Hirschfelder en M?nster. Durante el a?o pr?ximo seguir?n las ceremonias por Georg H?fner en W?rzburg adem?s de por Johannes Prassek, Hermann Lange y Eduard M?ller en L?beck. Con los capellanes de L?beck se conmemorar? tambi?n al pastor evang?lico Karl Friedrich Stellbrink. La comprobada amistad de los cuatro eclesi?sticos es un testimonio impresionante del ecumenismo de la oraci?n y del sufrimiento, florecido en varios lugares durante el oscuro periodo del terror nazi. Para nuestro camino ecum?nico com?n podemos ver estos testimonios como indicaciones luminosas.

Contemplando estas figuras de m?rtires aparece cada vez m?s claro y ejemplar, c?mo ciertos hombres, a partir de su convicci?n cristiana, est?n dispuestos a dar su propia vida por la fe, por el derecho a ejercer libremente su propio credo y libertad de palabra, por la paz y la dignidad humana. Hoy, por fortuna, vivimos en una sociedad libre y democr?tica. Al mismo tiempo, sin embargo, observamos c?mo entre nuestros contempor?neos, no se da un fuerte apego a la religi?n, como en el caso de estos testigos de la fe. Uno se podr?a preguntar si hay hoy cristianos que, sin compromisos, se hagan garantes de su propia fe. Al contrario, muchos hombres muestran mayormente una inclinaci?n hacia concepciones religiosas m?s permisivas tambi?n para s? mismos. En el lugar del Dios personal del cristianismo, que se revela en la Biblia, se trata de un ser supremo, misterioso e indeterminado, que tiene solo una vaga relaci?n con la vida personal del ser humano.

Tales concepciones animan cada vez m?s la discusi?n dentro de la sociedad, sobre todo respecto al ?mbito de la justicia y de la legislaci?n. Pero si uno abandona la fe hacia un Dios personal, surge la alternativa de un "dios" que no conoce, no escucha y no habla. Y, m?s que nunca, no tiene una voluntad. Si Dios no tiene una voluntad propia, el bien y el mal al final ya no se distinguen; el bien y el mal ya no est?n en contradicci?n entre s?, sino que est?n en una oposici?n en la que uno ser?a complementario del otro. El hombre pierde as? su fuerza moral y espiritual, necesaria para un desarrollo completo de la persona. La actuaci?n social es dominada cada vez m?s por el inter?s privado o por el c?lculo del poder, a costa de la sociedad. Si en cambio Dios es una Persona ? y el orden de la creaci?n, como tambi?n la presencia de cristianos convencidos en la sociedad es un indicio de ello ? se desprende que est? legitimado un orden de valores. Hay se?ales, que pueden encontrarse tambi?n en los tiempos recientes, que dan fe del desarrollo de nuevas relaciones entre Estado y religi?n, tambi?n m?s all? de las grandes Iglesias cristianas hasta ahora determinantes. En esta situaci?n los cristianos tienen por ello la tarea de seguir este desarrollo de modo positivo y cr?tico adem?s de afinar los sentidos para la importancia fundamental y permanente del cristianismo al poner las bases y formar las estructuras de nuestra cultura.

La Iglesia ve sin embargo con preocupaci?n el creciente intento de eliminar el concepto cristiano de matrimonio y familia de la conciencia de la sociedad. El matrimonio se manifiesta como uni?n duradera de amor entre un hombre y una mujer, que se dirige tambi?n a la transmisi?n de la vida humana. Una condici?n suya es la disposici?n de los c?nyuges de relacionarse uno con otro para siempre. Por esto es necesaria una cierta madurez de la persona y una actitud fundamental existencial y social: una "cultura de la persona" como dijo una vez mi predecesor Juan Pablo II. La existencia de esta cultura de la persona depende tambi?n de desarrollos sociales. Puede comprobarse que en una sociedad la cultura de la persona se abaje; a menudo esto deriva parad?jicamente del crecimiento del est?ndar de vida. En la preparaci?n y en el acompa?amiento de los c?nyuges es necesario crear las condiciones b?sicas para levantar y desarrollar esta cultura. Al mismo tiempo debemos ser consciente de que el ?xito de los matrimonios depende de todos nosotros y de la cultura personal de cada ciudadano. En este sentido, la Iglesia no puede aprobar las iniciativas legislativas que impliquen una revaloraci?n de modelos alternativos de la vida de pareja y de la familia. Estas contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y as? a la relativizaci?n de toda la legislaci?n y tambi?n a la confusi?n sobre los valores en la sociedad.

Es un principio de la fe cristiana, anclado en el derecho natural, que la persona humana sea protegida precisamente en la situaci?n de debilidad. El ser humano siempre tiene prioridad respecto a otros objetivos. Las nuevas posibilidades de la biotecnolog?a y de la medicina nos ponen a menudo en situaciones dif?ciles que se parecen a un caminar sobre el filo de la navaja. Tenemos el deber de estudiar diligentemente hasta donde estos m?todos pueden ser de ayuda para el hombre y d?nde en cambio se trata de manipulaci?n del hombre, de violaci?n de su integridad y dignidad. No podemos rechazar estos avances, pero debemos ser muy vigilantes. Una vez que se empieza a distinguir ? y esto sucede ya a menudo en el seno materno ? entre vida digna e indigna de vivir, no estar? a salvo ninguna otra fase de la vida, y a?n menos la ancianidad y la enfermedad.

La construcci?n de una sociedad humana requiere la fidelidad a la verdad. En este contexto, ?ltimamente, hacen reflexionar ciertos fen?menos que est?n operando en el ?mbito de los medios de comunicaci?n p?blicos: estando en una competencia cada vez m?s fuerte, los medios de comunicaci?n se creen empujados a suscitar la m?xima atenci?n posible. Adem?s, est? el contraste que hace la noticia en general, aunque vaya contra la veracidad del relato. El tema se hace particularmente problem?tico cuando personajes autorizados toman p?blicamente postura al respecto, sin haber podido comprobar todos los aspectos de forma adecuada. Se acoge con favor el intento del Gobierno Federal de comprometerse en estos casos, en lo posible, de forma ponderada y pacificadora.

Se?or Embajador, le acompa?an mis mejores augurios para su trabajo y para los contactos que mantendr? con los representantes de la Curia Romana, con el Cuerpo Diplom?tico y tambi?n con los sacerdotes, religiosos y fieles laicos comprometidos en las actividades eclesiales que viven aqu? en Roma. De coraz?n imploro para usted, para su distinguida consorte, para sus colaboradores y colaboradoras en la Embajada la abundante bendici?n divina.

[Traducci?n de la versi?n oficial italiana por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:57  | Habla el Papa
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