Lunes, 27 de septiembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el primer discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?, el? s?bado 11 de septiembre DE 2010, a los obispos recientemente nombrados, que se encuentran estos d?as en Roma, al comienzo de su ministerio, participando en varios seminarios de formaci?n y simposios.

Queridos hermanos en el Episcopado,

Estoy contento de acogeros y os saludo con gran afecto, con ocasi?n de vuestro curso de actualizaci?n que la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos ha promovido para vosotros, obispos recientemente nombrados. Estas jornadas de reflexi?n en Roma, para profundizar en los deberes de vuestro ministerio y para renovar la profesi?n de vuestra fe sobre la tumba de san Pedro, son tambi?n una experiencia singular de colegialidad, fundada en la ordenaci?n episcopal y en la comuni?n jer?rquica. Que esta experiencia de fraternidad, de oraci?n y de estudio en la Sede Apost?lica acreciente en cada uno de vosotros la comuni?n con el Sucesor de Pedro y con vuestros Hermanos, con los que compart?s la solicitud por toda la Iglesia. Doy las gracias al cardenal Ivan Dias por sus cordiales palabras, como tambi?n al monse?or secretario y al monse?or secretario adjunto que, junto con los colaboradores del dicasterio, han organizado este simposio.

Sobre vosotros, queridos Hermanos, llamados desde hace poco al ministerio episcopal, la Iglesia pone no pocas esperanzas, y os sigue con la oraci?n y con el afecto. Yo tambi?n quiero aseguraros mi cercan?a espiritual en vuestro servicio cotidiano al Evangelio. Conozco los desaf?os que ten?is que afrontar, especialmente en las comunidades cristianas que viven su propia fe en contextos dif?ciles, donde, adem?s de las diversas formas de pobreza, se comprueban a veces formas de persecuci?n a causa de la propia fe cristiana. A vosotros toca el deber de alimentar su esperanza, de compartir sus dificultades, inspir?ndoos en la caridad de Cristo que consiste en la atenci?n, ternura, compasi?n, acogida, disponibilidad e inter?s en los problemas de la gente, por la cual se est? dispuesto a empe?ar la vida (cfr Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2008, n. 2).

En cada una de vuestras tareas sois sostenidos por el Esp?ritu Santo, que en la Ordenaci?n os ha configurado a Cristo, sumo y eterno Sacerdote. De hecho, el ministerio episcopal se comprende s?lo a partir de Cristo, la fuente del Sacerdocio ?nico y supremo, del cual el Obispo es hecho part?cipe. Por tanto, ?se esforzar? en adoptar un estilo de vida que imite la k?nosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jes?s, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como ?l, cercano a todos, desde el m?s grande al m?s peque?o? (Juan Pablo II, Exhort. ap. Pastores gregis, 11). Pero, para imitar a Cristo, es necesario dedicar un tiempo adecuado a "estar con ?l" y contemplarlo en la intimidad orante del coloquio coraz?n a coraz?n. Estar frecuentemente en presencia de Dios, ser hombre de oraci?n y de adoraci?n: a esto sobre todo est? llamado el Pastor. A trav?s de la oraci?n ?l, como dice la Carta a los Hebreos (cfr 9,11-14), se convierte en v?ctima y altar, para la salvaci?n del mundo. La vida del Obispo debe ser oblaci?n continua a Dios por la salvaci?n de su Iglesia, y especialmente para la salvaci?n de las almas que le han sido confiadas.

Esta oblatividad pastoral constituye tambi?n la verdadera dignidad del Obispo: ?sta le viene del hacerse siervo de todos, hasta dar la propia vida. El episcopado, de hecho ? como el presbiterado ? nunca debe ser mal entendido seg?n categor?as mundanas. ?ste es servicio de amor. El Obispo est? llamado a servir a la Iglesia con el estilo del Dios hecho hombre, siendo cada vez m?s plenamente siervo del Se?or y siervo de la humanidad. ?l es sobre todo servidor y ministro de la Palabra de Dios, la cual es su verdadera fuerza. El deber primero del anuncio, acompa?ado por la celebraci?n de los sacramentos, especialmente de la Eucarist?a, brota de la misi?n recibida, como subraya la Exhortaci?n Apost?lica Pastores gregis: "Aunque el deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de sus hijos, lo es por un t?tulo especial de los Obispos que, en el d?a de la sagrada Ordenaci?n, la cual los introduce en la sucesi?n apost?lica, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a los hombres y hacerlo 'invit?ndoles a creer por la fuerza del Esp?ritu o confirm?ndolos en la fe viva'? (n. 26). De esta Palabra de salvaci?n, el Obispo debe nutrirse abundantemente, poni?ndose en continua escucha de ella, como dice san Agust?n: ?Aunque somos pastores, el pastor escucha con temblor no s?lo lo que se dirige a los pastores, sino tambi?n lo que se dirige al reba?o" (Discurso 47, 2). Al mismo tiempo, la acogida y el fruto de la proclamaci?n de la Buena Noticia est?n estrechamente ligados a la calidad de la fe y de la oraci?n. Cuantos son llamados al ministerio de la predicaci?n deben creer en la fuerza de Dios que brota de los Sacramentos y que les acompa?a en la tarea de santificar, gobernar y anunciar; deben creer y vivir cuanto anuncian y celebran. Al respecto, resultan actuales las palabras del Siervo de Dios Pablo VI: "Hoy m?s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condici?n esencial con vistas a una eficacia real de la predicaci?n" (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76).

S? que las comunidades a vosotros confiadas se encuentran, por as? decirlo, en las ?fronteras? religiosas, antropol?gicas y sociales y, en muchos casos, son presencia minoritaria. En estos contextos, la misi?n de un Obispo es particularmente comprometida. Pero es precisamente en estas circunstancias en las que, a trav?s de vuestro ministerio, el Evangelio puede mostrar toda su potencia salv?fica. No deb?is ceder al pesimismo y al des?nimo, porque es el Esp?ritu Santo el que gu?a a la Iglesia y le da, con su soplo poderoso, el valor de perseverar y tambi?n de buscar nuevos m?todos de evangelizaci?n, para alcanzar ?mbitos hasta ahora inexplorados. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva precisamente porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de forma convincente que Cristo es el ?nico Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio permanece v?lido hoy como lo fue al principio del cristianismo, cuando se llev? a cabo la primera gran expansi?n misionera del Evangelio.

?Queridos Hermanos en el Episcopado! Es en el poder del Esp?ritu Santo donde vosotros ten?is la sabidur?a y la fuerza de hacer de vuestras Iglesias testigos de salvaci?n y de paz. ?l os guiar? en los caminos de vuestro ministerio episcopal, que conf?o a la intercesi?n maternal de Mar?a Sant?sima, Reina de los Ap?stoles. Por mi parte, os acompa?o con la oraci?n y con una afectuosa Bendici?n Apost?lica, que imparto a cada uno de vosotros y a todos los fieles de vuestras comunidades.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Habla el Papa
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