Martes, 28 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Agust?n Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luj?n (Iglesia catedral, 10 de septiembre de 2010). (AICA)

COLACI?N DE GRADOS DEL INSTITUTO DE PROFESORADO CIUDAD DE MERCEDES

Queridos amigos, hermanas y hermanos todos en el Se?or:

Nos encontramos dando gracias a Jes?s por esta etapa finalizada, como lo es este egreso de alumnos de nuestro Instituto de Profesorado. Tambi?n, sabiendo que comienza ahora una tarea de compromiso desde lo profesional con la sociedad en la que estamos insertos, nos queremos encomendar una vez a la gu?a y sostenimiento de Jes?s nuestro Se?or y de su Santa Madre y Madre nuestra, la Virgen Mar?a.

Nosotros nos preocupamos, como bautizados, como disc?pulos de Jes?s concretamente en un Profesorado cat?lico, de mirar la realidad a luz de la fe. En di?logo con la cultura, entendida no como mera adquisici?n de conocimientos intelectuales, sino como el modo de vida de un pueblo, con sus valores y desvalores, queremos impregnar del Evangelio ese modo de relaci?n de las personas con lo trascendente, consigo mismas, con los dem?s y con la naturaleza. Nos dec?a, a prop?sito el recordado Papa Pablo VI en su carta se?era sobre la evangelizaci?n: ?Lo que importa es evangelizar -no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital en profundidad- y hasta las mismas ra?ces de la cultura y las culturas del hombre?.

Faltar?a a la verdad si no comparto una preocupaci?n, un dolor m?s bien y es que tanto en los lugares donde anteriormente he servido como pastor como aqu? mismo, noto que despu?s de tantos a?os en una instituci?n cristiana, en algunos de ustedes existe una indiferencia a lo religioso e incluso hasta ate?smo expreso.

Muchas veces se imparte la educaci?n como algo centrado en la adquisici?n de conocimientos y habilidades, parcializando y reduciendo la integralidad de la persona humana, guiados preponderantemente por criterios materialistas que privilegian la producci?n, la competitividad y el mercado. Tambi?n, por otra parte, se propician inclusiones de actitudes contrarias a los valores de la vida, de la familia y de una sana sexualidad.

Verdaderamente me siento responsable ante Dios de esto.

Se suman adem?s, nuestras propias desorientaciones como educadores, nuestro poco claro compromiso cristiano expresado vitalmente en una comunidad donde vive Cristo Resucitado y vivimos por lo tanto en el amor rec?proco, testimoniando as? que hemos encontrado el tesoro y entusiasmando con ese estilo de vida a otros. La tibieza o la prescindencia de Dios llevan muchas veces a considerar la tarea educativa como un mero medio de sustento, como fuente laboral, o bien un lugar que me prestigia.

Ante esta realidad, aparece el desaf?o de conocer nuestra identidad como disc?pulos misioneros de Jesucristo en su Iglesia para llevar la Buena Noticia al mundo.

Es imprescindible partir de la conciencia de nuestra propia vocaci?n como evangelizadores. ?M?s que un t?tulo, el egresado de un Instituto Cat?lico adquiere una misi?n! As? lo expresa San Pablo en la primera lectura de hoy: ??Ay de mi si no predicara el Evangelio!?.

Sabiendo que el aut?ntico fin de la escuela cat?lica est? en el llamado a ?transformarse, ante todo en lugar privilegiado de formaci?n y promoci?n integral, mediante la asimilaci?n sistem?tica y cr?tica de la cultura, cosa que se logra mediante un encuentro vivo y vital con el patrimonio cultural5 , hemos de desarrollar dicho sentido cr?tico desde la fe.

Tenemos la irrenunciable responsabilidad de poner de relieve la dimensi?n ?tica y religiosa de la cultura, para desarrollar aquello que es constitutivo de nuestra condici?n humana y la destaca como tal, como lo es la espiritualidad.

Esto permite escapar de las trampas relativistas que dan lugar a una libertad mal entendida: solo confrontando con los valores absolutos logra el hombre la plena libertad ?tica, dando sentido y valor a la vida de la persona.

Tambi?n el subjetivismo, el endiosamiento de lo que me parece, lo que siento, lo que me produce bienestar, es un desaf?o que debemos saber discernir y vencer con el esp?ritu de comuni?n que brota de la dignidad de hijos de Dios, que nos hace hermanos y nos compromete a abrirnos a los dem?s, no solo para realizarnos plenamente como personas, sino para compartir el don que hemos recibido y no nos podemos guardar ego?stamente. ?Hay m?s alegr?a en el dar que en recibir?

Pidamos con humildad a la Virgen que nos consiga de Jes?s la fortaleza para ser coherentes con los valores del Evangelio, capaces de comprometernos con la sociedad actual, para instaurar el Reino de Dios en el mundo, haci?ndolo m?s justo, m?s solidario, m?s pac?fico, en s?ntesis, m?s plenamente humano.??

Mons. Agust?n Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luj?n?


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Hablan los obispos
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