Mi?rcoles, 29 de septiembre de 2010

ZENIT ? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigi?el mi?rcoles 15 de Septiembre de 2010?a los peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano para la audiencia general, tras la cual el Pont?fice regres? a Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas,

una de las santas m?s amadas es sin duda santa Clara de As?s, vivida en el siglo XIII, contempor?nea de san Francisco. Su testimonio nos muestra c?mo toda la Iglesia es deudora a mujeres valientes y ricas de fe como ella, capaces de dar un decisivo impulso para la renovaci?n de la Iglesia.

?Qui?n era por tanto Clara de As?s? Para responder a esta pregunta poseemos fuentes seguras: no s?lo las antiguas biograf?as, como la de Tom?s de Celano, sino tambi?n las Actas del proceso de canonizaci?n promovido por el Papa s?lo pocos meses despu?s de la muerte de Clara, y que contiene los testimonios de aquellos que vivieron junto a ella durante mucho tiempo.

Nacida en 1193, Clara pertenec?a a una familia aristocr?tica y rica. Renunci? a la nobleza y a la riqueza para vivir pobre y humilde, adoptando la forma de vida que Francisco de As?s propon?a. Aunque sus parientes, como suced?a entonces, estaban proyectando un matrimonio con alg?n personaje de importancia, Clara, a los 18 a?os, con un gesto audaz inspirado por el profundo dese de seguir a Cristo y por la admiraci?n por Francisco, dej? la casa paterna y, en compa??a de una amiga suya, Bona di Guelfuccio, alcanz? secretamente a los frailes menores en la peque?a iglesia de la Porci?ncula. Era la tarde del Domingo de Ramos de 1211. Ante la conmoci?n general, se realiz? un gesto altamente simb?lico: mientras sus compa?eros ten?an en la mano antorchas encendidas, Francisco le cort? el cabello y Clara visti? un basto h?bito penitencial. Desde aquel momento se hab?a convertido en la virgen esposa de Cristo, humilde y pobre, y se consagraba a ?l totalmente. Como Clara y sus compa?eras, innumerables mujeres en el transcurso de la historia han sido fascinadas por el amor por Cristo que, en la belleza de su Divina Persona, llena sus corazones. Y la Iglesia entera, por medio de la vocaci?n nupcial m?stica de las v?rgenes consagradas, muestra lo que ser? para siempre: la Esposa bella y pura de Cristo.

En una de las cuatro cartas que Clara envi? a santa In?s de Praga, la hija del rey de Bohemia, que quiso seguir sus huellas, habla de Cristo, su amado Esposo, con expresiones nupciales, que pueden sorprender, pero que conmueven: ?Am?ndolo, sois casta, toc?ndolo, ser?is m?s pura, dej?ndoos poseer por ?l sois virgen. Su poder es m?s fuerte, su generosidad m?s elevada, su aspecto m?s bello, el amor m?s suave y toda gracia m?s fina. Ahora est?is estrechada entre sus brazos por ?l, que ha adornado vuestro pecho de piedras preciosas... y os ha coronado con una corona de oro marcada con el signo de la santidad? (Carta primera: FF, 2862).

Sobre todo al principio de su experiencia religiosa, Clara tuvo en Francisco de As?s no s?lo un maestro cuyas ense?anzas seguir, sino tambi?n un amigo fraterno. La amistad entre estos dos santos constituye un aspecto muy bello e importante. De hecho, cuando dos almas puras e inflamadas por el mismo amor por Dios se encuentran, sacan de su amistad rec?proca un est?mulo fort?simo para recorrer la v?a de la perfecci?n. La amistad es uno de los sentimientos humanos nobles y elevados que la Gracia divina purifica y transfigura. Como san Francisco y santa Clara, tambi?n otros santos vivieron una profunda amistad en el camino hacia la perfecci?n cristiana, como san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal. Y es precisamente san Francisco de Sales quien escribe: ?Es hermoso poder amar en la tierra como se ama en el cielo, y aprender a quererse en este mundo como haremos eternamente en el otro. No hablo aqu? del simple amor de caridad, porque ?ste debemos tenerlo por todos los hombres; hablo de la amistad espiritual, en el ?mbito de la cual, dos, tres o m?s personas se intercambian la devoci?n, los afectos espirituales, y llegan a ser realmente un solo esp?ritu? (Introducci?n a la vida devota III, 19).

Tras haber transcurrido un periodo de algunos meses en otras comunidades mon?sticas, resistiendo a las presiones de sus familiares que al principio no aprobaban su elecci?n, Clara se estableci? con sus primeras compa?eras en la iglesia de san Dami?n, donde los frailes menores hab?an preparado un peque?o convento para ellas. En ese monasterio vivi? durante m?s de cuarenta a?os hasta su muerte, que tuvo lugar en 1253. Nos ha llegado una descripci?n de primera mano de c?mo viv?an estas mujeres en aquellos a?os, en los inicios del movimiento franciscano. Se trata del informe lleno de admiraci?n de un obispo flamenco de visita en Italia, Santiago de Vitry, el cual afirma haber encontrado un gran n?mero de hombres y mujeres, de toda clase social, que ?dejando todo por Cristo, hu?an del mundo. Se llamaban frailes menores y hermanas menores y son tenidos en gran consideraci?n por el se?or Papa y por los cardenales? Las mujeres... moran juntas en diversos hospicios no lejanos de las ciudades. No reciben nada, sino que viven del trabajo de sus propias manos. Y les duele y les turba profundamente porque son honradas m?s de lo que quisieran, por cl?rigos y laicos? (Carta de octubre de 1216: FF, 2205.2207).

Santiago de Vitry hab?a captado con perspicacia un rasgo caracter?stico de la espiritualidad franciscana a la que Clara fue muy sensible: la radicalidad de la pobreza asociada a la confianza total en la Providencia divina. Por este motivo, ella actu? con gran determinaci?n, obteniendo del papa Gregorio IX o, probablemente, ya del papa Inocencio III, el llamado Privilegium Paupertatis (cfr FF, 3279). En base a ?ste, Clara y sus compa?eras de san Dami?n no pod?an poseer ninguna propiedad material. Se trataba de una excepci?n verdaderamente extraordinaria respecto al derecho can?nico vigente y las autoridades eclesi?sticas de aquel tiempo lo concedieron apreciando los frutos de santidad evang?lica que reconoc?an en la forma de vivir de Clara y de sus hermanas. Esto demuestra tambi?n que en los siglos medievales, el papel de las mujeres no era secundario, sino considerable. A prop?sito de esto, es oportuno recordar que Clara fue la primera mujer en la historia de la Iglesia que compuso una Regla escrita, sometida a la aprobaci?n del Papa, para que el carisma de Francisco de As?s se conservara en todas las comunidades femeninas que se iban estableciendo en gran n?mero ya en sus tiempos, y que deseaban inspirarse en el ejemplo de Francisco y de Clara.

En el convento de san Dami?n Clara practic? de modo heroico las virtudes que deber?an distinguir a cada cristiano: la humildad, el esp?ritu de piedad y de penitencia, la caridad. A?n siendo la superiora, ella quer?a servir en primera persona a las hermanas enfermas, someti?ndose tambi?n a tareas humild?simas: la caridad, de hecho, supera toda resistencia y el que ama realiza todo sacrificio con alegr?a. Su fe en la presencia real de la Eucarist?a era tan grande que en dos ocasiones se comprob? un hecho prodigioso. Solo con la ostensi?n del Sant?simo Sacramento, alej? a los soldados mercenarios sarracenos, que estaban a punto de agredir el convento de san Dami?n y de devastar la ciudad de As?s.

Tambi?n estos episodios, como otros milagros, de los que se conservaba memorial, empujaron al papa Alejandro IV a canonizarla s?lo dos a?os despu?s de su muerte, en 1255, trazando un elogio de ella en la Bula de canonizaci?n en la que leemos: ?Cu?n v?vida es la fuerza de esta luz y cu?n fuerte es la claridad de esta fuente luminosa. En verdad, esta luz estaba encerrada en el escondite de la vida claustral, y fuera irradiaba resplandores luminosos; se recog?a en un peque?o monasterio, y fuera se expand?a por todo el vasto mundo. Se custodiaba dentro y se difund?a fuera. Clara de hecho se escond?a; pero su vida se revelaba a todos. Clara callaba, pero su fama gritaba? (FF, 3284). Y es precisamente as?, queridos amigos: son los santos los que cambian el mundo a mejor, lo transforman de forma duradera, inyect?ndole las energ?as que s?lo el amor inspirado por el Evangelio puede suscitar. ?Los santos son los grandes benefactores de la humanidad!

La espiritualidad de santa Clara, la s?ntesis de su propuesta de santidad est? recogida en la cuarta carta a santa In?s de Praga. Santa Clara utiliza una imagen muy difundida en la Edad Media, de ascendencias patr?sticas, el espejo. E invita a su amiga de Praga a mirarse en ese espejo de perfecci?n de toda virtud que es el mismo Se?or. Escribe: ?Feliz ciertamente aquella a la que se le concede gozar de esta sagrada uni?n, para adherirse con lo profundo del coraz?n [a Cristo], a aquel cuya belleza admiran incesantemente todas las beatas multitudes de los cielos, cuyo afecto apasiona, cuya contemplaci?n restaura, cuya benignidad sacia, cuya suavidad colma, cuyo recuerdo resplandece suavemente, a cuyo perfume los muertos volver?n a la vida y cuya visi?n gloriosa har? bienaventurados a todos los ciudadanos de la Jerusal?n celeste. Y dado que ?l es esplendor de la gloria, candor de la luz eterna y espejo sin mancha, mira cada d?a este espejo, oh reina esposa de Jesucristo, y escruta en ?l continuamente tu rostro, para que puedas adornarte as? toda por dentro y por fuera... en este espejo resplandecen la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad? (Carta cuarta: FF, 2901-2903).

Agradecidos a Dios que nos da a los santos que hablan a nuestro coraz?n y nos ofrecen un ejemplo de vida cristiana a imitar, quisiera concluir con las mismas palabras de bendici?n que santa Clara compuso para sus hermanas y que a?n hoy las Clarisas, que llevan a cabo un precioso papel en la Iglesia con su oraci?n y con su obra, custodian con gran devoci?n. Son expresiones de las que surge toda la ternura de su maternidad espiritual: ?Os bendigo en mi vida y despu?s de mi muerte, como puedo y m?s de cuanto puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias bendice y bendecir? en el cielo y en la tierra a sus hijos e hijas, y con las cuales un padre y una espiritual bendice y bendecir? a sus hijos y a sus hijas espirituales. Amen? (FF, 2856).

[Tras los saludos]

Deseo ahora saludar con particular afecto a los j?venes, a los enfermos y a los reci?n casados. Hagamos hoy memoria de la Beata Virgen Mar?a de los Dolores, que con fe permaneci? junto a la cruz de su Hijo. Queridos j?venes, no teng?is miedo de permanecer tambi?n vosotros como Mar?a junto a la Cruz. El Se?or os infundir? el valor para superar todo obst?culo en vuestra existencia cotidiana. Y que vosotros, queridos enfermos, pod?is encontrar en Mar?a consuelo y apoyo para aprender del Se?or Crucificado el valor salv?fico del sufrimiento. Vosotros, queridos reci?n casados, dirig?os con confianza en los momentos de dificultad a la Virgen de los Dolores, que os ayudar? a afrontarlos con su intercesi?n maternal.

[Llamamiento]

Sigo con preocupaci?n los acontecimientos que han tenido lugar en estos d?as en varias regiones de Asia meridional, especialmente en India, en Paquist?n y en Afganist?n. Rezo por las v?ctimas y pido que el respeto de la libertad religiosa y la l?gica de la reconciliaci?n y de la paz prevalezcan sobre el odio y sobre la violencia.

[Traducci?n del original en italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Habla el Papa
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