Mi?rcoles, 29 de septiembre de 2010

Renovaci?n del pacto de fidelidad del pueblo salte?o con sus patronos. Solemnidad del Se?or del Milagro - 15 de setiembre de 2010. (AICA)

PACTO DE FIDELIDAD 2010
Eclesi?stico 2,7-17 / Sal 1,1-2.3.4.6 / Lc 6,43-49?

I monse?or Mario Antonio Cargnello

Jesucristo, Se?or del Milagro, Se?or de la historia, aqu? estamos, te necesitamos.

La fascinaci?n que ejerces sobre nosotros atray?ndonos hacia Ti es la que nos ha tra?do esta tarde hasta este lugar para celebrar la alegr?a de ser tuyos con Mar?a del Milagro, tu madre.

Esa fuerza nos convoca a todos como miembros de una multitud creyente que crece y se congrega. Y para estar m?s cerca de tu imagen y de la imagen de Mar?a hemos caminado hasta este hist?rico lugar de Salta y al llegar aqu? nos parece escuchar desde tu coraz?n, la voz de nuestra historia que fue testigo de entregas generosas, de gestos honorables, de enfrentamientos y de perdones, de vencedores capaces de tender la mano a los vencidos hasta abrazarlos, como lo hizo el General Manuel Belgrano con P?o Trist?n al aceptar el rendimiento de las tropas haciendo prevalecer la amistad por sobre el fr?o protocolo de un doloroso final de batalla.

La cruz que remata el monumento nos recuerda aquella cruz que cubri? con su sombra los restos de todos, de los vencedores y de los vencidos y que hoy se encuentra en la Iglesia de San Juan Bautista de la Merced. El mensaje del monumento que nuestros mayores quisieron ofrecer para perpetuar la memoria de la historia nos advierte que la Naci?n se construye sobre la virtud de sus ciudadanos. La solemnidad del momento que vivimos nos se?ala, andando el tercer siglo de nuestra historia nacional y en el desarrollo del bicentenario, que todos somos herederos y responsables de un momento importante de la vida argentina.

Hace tres a?os contempl?ndote te pregunt?bamos: ?qui?n eres, Se?or? Hoy, inmersos con muchas naciones de Am?rica Latina en el esp?ritu del bicentenario queremos pedirte que nos ayudes a descubrir qui?nes somos para poder dar cada d?a el paso de habitantes a ciudadanos responsables y para asumir en lo hondo de nuestra conciencia el desaf?o de aceptar la Patria como don y de construir la Naci?n como una tarea. Queremos escucharte como Iglesia, para aceptar el don de ser una comunidad experta en humanidad convocada a preanunciar la civilizaci?n del amor por ser en el coraz?n del mundo el sacramento de la unidad del hombre con Dios y de los hombres entre s?. Queremos escucharte como sociedad, para enfrentar nuestra responsabilidad de tejer lazos que la hagan capaz de inclusi?n, de equidad, de fraternidad. ?Se?or, h?blanos!?

II

Los que temen al Se?or, esperen su misericordia
Y no se desv?en para no caer.
Los que temen al Se?or, esperen sus beneficios.
F?jense en las generaciones pasadas?

Hermanos: La Patria es un don. En efecto, hemos nacido en ella o nos ha adoptado con su coraz?n de madre. La tierra, su geograf?a, la riqueza de su suelo, de sus r?os y monta?as, la vastedad de extensi?n, la multiplicidad de posibilidades que ofrece, todo es regalo que tiene a Dios por autor. Pero tambi?n la historia, con su legado de ejemplos, de valores vividos, de dolores y defectos superados o a superar, de ilusiones y de proyectos, es un don que debemos aceptar, reconocer, cultivar, recrear. Si perdemos la conciencia del don recibido o la oscurecemos con miradas sesgadas o interesadas que terminan siendo injustas no podremos enfrentar el presente con libertad. S?lo la verdad nos har? libres. S?lo la gratitud nos har? capaces de proyectar tiempos nuevos. Reconocer humildemente la realidad de nuestra tierra y de nuestra historia es comenzar cada d?a a proyectar un pueblo, una naci?n m?s fraterna, m?s digna del hombre, m?s abierta a todos.

Fundamentalmente, ?la naci?n es la comunidad de hombres congregados por diversos aspectos, pero, sobre todo, por el v?nculo de una misma cultura?, nos recordaba Juan Pablo II ya en 1.980 hablando en la UNESCO. ?Qu? nos re?ne? Una misma concepci?n del hombre y del mundo y una escala de valores que se traducen en actitudes, costumbres e instituciones comunes.

Los valores cristianos impregnaron la vida p?blica desde los inicios de nuestra comunidad nacional. Son valores que se enriquecieron con la sabidur?a de los pueblos originarios y con las inmigraciones posteriores dando lugar a la compleja cultura que nos caracteriza. Si queremos valorar el presente y construir el futuro tengamos en cuenta el camino recorrido y honremos lo bueno de nuestra historia disponi?ndonos a enmendar errores y a potenciar virtudes.

Los obispos argentinos advert?amos que prevalecen en la cultura nacional ?valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la b?squeda del respeto a la dignidad del var?n y la mujer, el esp?ritu de libertad, la solidaridad, el inter?s por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educaci?n de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana?

Estos valores, que tienen su origen en Dios, nos deben ayudar a enfrentar los desaf?os del presente, a superar la violencia verbal y f?sica, la falta de respeto a las personas y a las instituciones, la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delicitiva, frecuentemente vinculada al consumo de drogas, la situaci?n de pobreza que alcanza niveles dram?ticos en muchos hermanos. Estos valores deben fortalecernos para enfrentar la cultura relativista que corroe el sentido de la verdad, que acent?a el individualismo y nos hace indolentes, resignados, capaces de excluir al otro. La fe, valor fundante en el tejido de nuestra patria, nos ha de ayudar a volver a Dios, ?creador y Padre, fundamento de verdadera fraternidad y de toda raz?n y justicia. Sin Dios estamos como hu?rfanos y la sombra del desamparo se expande sobre los que est?n a la intemperie social?.?

III

Feliz el hombre? que se complace en la ley del Se?or
Y la medita de d?a y de noche?
Es como un ?rbol plantado al borde de las aguas
(Sal 1, 1.3)
T? eres nuestro, nosotros somos tuyos.

Al comprobar la grandeza del don de nuestra patria, hermanos, se alimenta en nosotros la percepci?n de nuestra responsabilidad. ?C?mo responder desde nuestro presente marcado por las fiestas del bicentenario a los desaf?os que el Se?or nos ofrece desde el coraz?n de nuestra naci?n? ?C?mo enfrentar la tarea que nos permita alcanzar matas que respondan a la dignidad inviolable de cada ser humano y respete integralmente a la persona?

La experiencia secular de fe de nuestro pueblo de Salta ha madurado su vida cristiana a partir de la celebraci?n del pacto, de la alianza.

En la Sagrada Escritura la alianza es el proceso mediante el cual personas que no son familiares entre s? se convierten en tales, en consangu?neas. As? nos lo indica la escena de las tribus de Israel que le dicen a David ?Nos consideramos de tu sangre? aunque no lo era y por ello, para serlo realmente, establecen una alianza con el rey profeta (2 Sam 5,1.3) La alianza con Dios es una declaraci?n y constituci?n de consanguinidad. Por eso ense?a la primera carta de Juan: ??Miren c?mo nos am? el Padre! Quiso que nos llam?ramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente? (1Jn 3,1).

Estableciendo esta consanguinidad Dios dice al hombre: ?T? eres de mi propia sangre?; y el hombre le puede decir a Dios: ?T? eres de mi propia sangre?. Somos el uno para el otro, y esto no se puede rescindir, debemos solidarizarnos en todo y ni t? me abandonar?s ni yo podr? abandonarte jam?s.

Este misterio de alianza lo reclama Jes?s cuando dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de ?l, dijo: ?Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre? (Mc 3,34-35).

M?s fuerte que la consanguinidad familiar es la consanguinidad de la voluntad de Dios. ?Qu? honor, queridos hermanos, nos ofrece el Se?or al invitarnos a renovar la alianza con ?l, alianza que nace en el bautismo, se ratifica en cada Eucarist?a y que hoy, este pueblo de Salta y todos los devotos del Se?or, hemos de reiterar una vez m?s concientes del regalo que esta alianza nos da y de las responsabilidades que la misma comporta!

Porque la alianza es un don de Dios a favor nuestro, es una fuente de libertad y de fraternidad: Somos hijos de Dios, somos hermanos entre nosotros. A nadie podemos excluir de esta llamada. Al mismo tiempo crea entre Dios y nosotros un v?nculo de reciprocidad que se expresa en la necesidad de vivir en coherencia en todas las dimensiones de nuestra existencia. ?Qu? responsabilidad nos cabe asumir ya que somos hijos, somos responsables de la tierra, de la patria, de los hermanos! Somos familia, somos el Pueblo de Dios. He aqu? la clave de una respuesta a la pregunta por nuestra identidad: somos consangu?neos de Dios en Cristo Jes?s, somos familia de Dios.?

IV

?El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su coraz?n?
Porque de la abundancia del coraz?n habla la boca?

Conscientes de nuestra dignidad asumimos el presente para proyectarnos hacia el futuro. Desde la alianza aprendamos cada d?a a vencer miedos que paralizan y no nos dejan construir un mundo mejor. Porque la alianza es roca firme sobre la que podemos construir una casa com?n para todos.

Como sociedad hemos de vencer el miedo a aceptar la presencia de Dios en medio de los hombres. Dios no nos abstrae de la realidad. Al contrario. Como nos ense?aba el Papa Benito XVI en Aparecida ?Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, s?lo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas. La primera afirmaci?n fundamental es, pues, la siguiente: S?lo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre par?ntesis?. Por ello, y pregunto con el coraz?n en la mano: ?Por qu? temer a la educaci?n religiosa en las escuelas? Estamos convencidos que es a los padres y madres de familia a quienes corresponde el derecho de una educaci?n integral para sus hijos, es al Estado quien ha de asumir el deber de procurarlo respetando el derecho de los padres y es a las diversas confesiones religiosas a quienes toca la responsabilidad y la tarea de proveer con personas capacitadas. Si hay un espacio en el que aprendemos a tolerar y aceptar la diversidad es el espacio religioso en el que la caridad nos impulsa a aceptar la diversidad. La Iglesia no busca poder, s?lo quiere servir a nuestro pueblo ofreciendo la luz del Evangelio que llama al hombre a ser m?s hombre.

Como Iglesia que camina en nuestra arquidi?cesis nos proponemos renovar el entusiasmo misionero en el que est? comprometida en todo nuestro continente. Desde el compromiso evangelizador hemos de encarar la pastoral de la fe. La experiencia bautismal es el punto de partida de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad. La conciencia de la alianza, del pacto es una provocaci?n a crecer en la fe que ilumina la caridad y transforma las personas y las comunidades. Queremos renovar el compromiso de toda la arquidi?cesis con la catequesis en todas sus formas, con la animaci?n b?blica de la pastoral y con el cuidado diligente y constante de la piedad popular. Queremos ser una Iglesia que no se canse de percibirse a s? misma y modelarse seg?n el llamado a ser casa y escuela de comuni?n y de misericordia, faro de inclusi?n y de servicio, taller de trabajo para erradicar las pobrezas, queremos alentar el coraz?n misionero de nuestras comunidades tanto en el anuncio del Evangelio a todos, a?n m?s all? de las fronteras como en el servicio a la sociedad proponiendo el paso de todos desde nuestra condici?n de habitantes al compromiso de ciudadanos.?

V

Celebremos el Pacto. Este marca la espiritualidad del pueblo de Salta y orienta la vida de todos, la de nosotros sacerdotes, de nuestros religiosos y de nuestros laicos. Es una espiritualidad profundamente b?blica que nace del coraz?n mismo de la Sant?sima Trinidad y marca la vida de la Iglesia toda ofreci?ndole a Salta un llamado permanente a crecer personal y comunitariamente hacia lo alto.

En el pacto reconoceremos al Se?or como camino, verdad y vida, as? de los individuos como de las familias, pueblos y naciones.

El Se?or es camino que nos conduce al Padre y por ello es la roca firme en la que se asienta la fraternidad de los pueblos. El Se?or es la Verdad que nos hace libres y por ello es garant?a de dignidad que nada puede destruir. El Se?or es la Vida que nos colma de alegr?a porque nos hace ser familia que promueve y custodia la vida humana.

Mar?a es la mujer del pacto. Ella es Madre que madur? su maternidad en un camino de disc?pula fiel hasta la cruz. En su Coraz?n de Madre nos cobija a todos, entre sus manos nos sostiene y cuida como en su imagen cuida la bella flor.

Se?ora, cuida a tu pueblo, Madre, cob?janos a todos.

Se?or del Milagro, extiende tus brazos sobre este pueblo y la Naci?n Argentina. Prot?genos, defi?ndenos. Am?n.?

Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta?


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Hablan los obispos
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