S?bado, 02 de octubre de 2010

Discurso inaugural del Primer Congreso de Doctrina Social de la Iglesia pronunciado por monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata (16 de septiembre de 2010). (AICA)

ACTUALIDAD Y PROYECCI?N DE NUESTRA ENSE?ANZA SOCIAL

??????????? El Congreso que hoy inauguramos corona una d?cada de pastoral social, orientada y ejecutada por el ?rea arquidiocesana correspondiente con singular empe?o y que alcanz? hasta el presente notable repercusi?n. A las Semanas Sociales y a los seminarios de estudio sigui? el lanzamiento de la Misi?n Social en la solemnidad de Pentecost?s de 2007. La finalidad de estas iniciativas ha sido siempre, en primer lugar, la difusi?n de los principios, contenidos y directrices de la ense?anza social cat?lica tanto en el ?mbito intraeclesial como entre las instituciones representativas de la sociedad local. Una realizaci?n concreta de promoci?n de la cultura del trabajo, el programa de microcr?ditos ?Manos Unidas?, es un fruto apreciable de la aplicaci?n de esa ense?anza.

El mensaje que la Iglesia proclama es el don de la salvaci?n eterna que Dios ofrece a los hombres en Jesucristo, pero es preciso recordar que la salvaci?n se refiere a la totalidad de la vida humana y por tanto incluye su dimensi?n social y la calidad ?tica de la existencia y de la tarea temporal. El sentido y el alcance de la Doctrina Social de la Iglesia son definidos por el Compendio al indicar que se trata de un humanismo integral y solidario cuya finalidad es establecer la civilizaci?n del amor. No se trata s?lo de comunicar un conjunto de conocimientos que tiene su centro en una recta concepci?n de la persona humana, sino tambi?n de procurar que esa teor?a ?que en realidad integra la antropolog?a cristiana y la teolog?a moral- se traduzca en categor?as de acci?n y descienda a la pr?ctica a trav?s de proyectos adecuados que por medio del di?logo se incorporen a la din?mica social en un contexto determinado. Toda acci?n social implica una doctrina; la Doctrina Social de la Iglesia posee una dimensi?n interdisciplinar y sapiencial. En ella ?como lo ha se?alado Benedicto XVI- la fe, la teolog?a, la metaf?sica y las ciencias sociales se conjugan para ofrecer una s?ntesis orientadora que permite ponderar convenientemente todos los t?rminos de los problemas socioecon?micos para encaminar la b?squeda de una soluci?n.

En la enc?clica Deus caritas est el Santo Padre sit?a la doctrina social cat?lica en el punto en que se encuentran la fe y la pol?tica, que tiene por tarea principal el orden justo de la sociedad y del Estado. El objetivo de esa ense?anza es contribuir a la purificaci?n de la raz?n y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aqu? y ahora, pueda ser reconocido y despu?s puesto tambi?n en pr?ctica. Es tarea de la Iglesia servir a la formaci?n de las conciencias, para que cada generaci?n reemprenda la tarea fundamental de edificar un orden social justo. El deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad es m?s bien propio de los fieles laicos. Es ?ste un empe?o de la inteligencia y de la voluntad movida por la caridad. El protagonismo de los laicos se ejerce espont?neamente como participaci?n solidaria en acciones ordenadas a subvenir las necesidades de la poblaci?n, tambi?n mediante la integraci?n en los cuerpos profesionales, en las organizaciones empresarias y sindicales, pero adem?s debe manifestarse en el campo espec?fico de la pol?tica. Es, por desgracia, en este campo donde se echa de menos la presencia de cat?licos cabales, bien formados en la fe y en la cosmovisi?n cristiana. Sin embargo, es precisamente all?, en el mundo turbulento y a menudo sospechoso de la pol?tica, donde tendr?an que expresar con su aporte la piedad para con esta patria nuestra sometida a un proceso de decadencia que por momentos pareciera irreparable.

La Doctrina Social de la Iglesia en su formulaci?n moderna se ha ido actualizando permanentemente de acuerdo a un criterio de desarrollo homog?neo y arm?nico, desde la c?lebre enc?clica Rerum novarum de Le?n XIII ?por indicar s?lo un inicio aproximado- hasta la Caritas in veritate de Benedicto XVI. El n?cleo permanente de verdades y normas, centrado, como hemos dicho, en una consideraci?n del hombre como imagen viva de Dios, en la naturaleza de la persona y de sus actos, sirve de fundamento a una continua apreciaci?n de las situaciones hist?ricas, para prolongarse en juicios pr?cticos y prudenciales de los que pueden surgir directrices para la acci?n. La aplicaci?n de esa ense?anza requiere la elaboraci?n de mediaciones t?cnicas convenientes que pueden facilitar luego las decisiones concretas de ejecuci?n por parte de las autoridades p?blicas y dem?s agentes pol?ticos, econ?micos y sociales.

La a?n reciente crisis financiera internacional, a la cual se refiere la ?ltima enc?clica del actual pont?fice, ha determinado nuevos planteos acerca de la organizaci?n social, sobre todo, acerca de las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, entre el ?mbito p?blico y el privado. Seg?n algunos analistas, con la crisis mundial el Leviat?n, teorizado en 1651 por Thomas Hobbes, es decir aquella concepci?n absolutista del Estado que seg?n el pensador ingl?s nace de un contrato por el cual los individuos se someten irrevocablemente a un ?rbitro que refrena los ego?smos de todos y proporciona el beneficio del orden y la seguridad, valores a los cuales se sacrifica todo lo dem?s. El Estado mastod?ntico e invasor responde al presupuesto de Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre; ?sta es la f?rmula de una antropolog?a negativa, marcada por la desconfianza hacia la persona y su actitud para con el otro, al que no podr?a reconocer como pr?jimo porque en el estado de naturaleza, por hip?tesis, reina el desenfreno del ego?smo. El derecho, el deber, la ley, la sociedad misma surgen, de acuerdo a esta filosof?a, como autodefensa del ego?smo.

En el mundo anglosaj?n se abre paso actualmente una nueva propuesta de reingenier?a social ?por llamarla as?, expresada como un tr?nsito del Big Government a la Big Society. Se promueve un creciente protagonismo de las familias, de las diversas formas asociativas que tienen su origen en las m?s variadas experiencias comunitarias, de las instituciones de la sociedad civil; a partir de ese protagonismo se entabla una mayor colaboraci?n entre el ?mbito p?blico y las iniciativas personales e institucionales de filantrop?a y servicio al bien com?n, en un clima de confianza. La palabra de orden parece ser: menos Estado, m?s sociedad. Lo notable es que la propuesta as? insinuada no recae en los modelos liberales o neoliberales, que dependen en definitiva del principio hobbesiano. Vale a prop?sito recordar que la para nosotros tristemente c?lebre Se?ora Thatcher repet?a con frecuencia que ?la sociedad no existe?. Seg?n se propone ahora, ?m?s sociedad? significa conceder respiro a las comunidades locales, a las asociaciones y movimientos, a los emprendimientos sin fines de lucro. El proyecto de la Big Society podr?a realizarse promoviendo el federalismo y la subsidiariedad. Supone tambi?n como condici?n una cultura pol?tica y un capital social caracterizado por un elevado civismo. Las organizaciones intermedias deber?an volcarse a la resoluci?n de los problemas colectivos renunciando a la r?pida consecuci?n de ventajas corporativas. Algunas reformas institucionales imprescindibles asegurar?an la presencia de un Estado eficiente y capacitador, resuelto a cumplir su misi?n de regular el bien com?n y de establecer pol?ticas de continuidad que resistan los cambios de gobierno y los defectos de la partidocracia.

Estas l?neas de reforma de la organizaci?n social coinciden notablemente con la Doctrina Social de la Iglesia, tal como ha sido expresado m?s recientemente, desde la enc?clica Centesimus annus de Juan Pablo II hasta Caritas in veritate de Benedicto XVI. En el primero de los documentos nombrados se advierte la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil. ?sta se reconoce como el ?mbito m?s apropiado para una econom?a de la gratuidad y de la fraternidad, aunque estos valores no deben faltar tampoco en las otras dos instancias. El actual pont?fice se?ala que otra orientaci?n es posible en la vida econ?mica, pol?tica y social: la que aporta la l?gica del don; no el ego?smo, por lo tanto, sino la solidaridad.

Las relaciones entre el Estado ?habr?a que decir m?s bien los gobiernos- y la sociedad encuentran el punto justo en el respeto y la vigencia del principio de subsidiariedad, que protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores y solicita que ?stas ayuden a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus propias competencias, de cuyo ejercicio tiene mucho que esperar la comunidad. El mismo principio recomienda la mesurada intervenci?n del Estado cuando las situaciones lo requieran, por ejemplo, ante una realidad de grave desequilibrio e injusticia social, caso en que s?lo desde la iniciativa p?blica se puede encaminar la realizaci?n del bien com?n. De la aplicaci?n coherente y sostenida de este viejo principio siempre v?lido, y de las nuevas perspectivas que est?n ensay?ndose en varios pa?ses, podr?amos esperar los argentinos la superaci?n de la cr?nica frustraci?n del federalismo, de los vicios de un asistencialismo clientelista y del avasallamiento de la libertad en la educaci?n y la cultura por parte de un Estado que se entromete donde no debe y descuida en diversas ?reas su obligaci?n fundamental.

Nuestro Primer Congreso Arquidiocesano de Doctrina Social de la Iglesia ha sido ofrecido especialmente a los j?venes como una invitaci?n al estudio, al an?lisis de la realidad social a la luz de la raz?n y la fe y al compromiso en la misi?n que se desarrolla en el ?rea de Pastoral Social. Es ?sta una orientaci?n que deseamos sostener en el tiempo, en coordinaci?n con otros sectores pastorales en los que se incorpora la juventud. Frecuentemente se afirma que entre los j?venes de hoy se impone un clima de marcado desinter?s y falta de motivaci?n, a pesar de que es evidente que no faltan en muchos de ellos sensibilidad, inquietudes sanas y disposiciones a participar en acciones solidarias. El conocimiento de nuestra doctrina social puede servir de catalizador para una transformaci?n espiritual que despierte la aut?ntica vocaci?n de servicio en la que la generosidad espont?nea de los j?venes se manifieste plenamente.

La pertinencia y la oportunidad de esta presentaci?n a los j?venes de un cap?tulo tan importante de la cosmovisi?n cristiana se puede apreciar a la luz de un episodio anecd?tico que me permito referir. En un reciente reportaje se consultaba a seis adolescentes que encabezan organizaciones estudiantiles responsables de la protesta, con ocupaci?n de edificios escolares, que se lleva adelante en la ciudad de Buenos Aires. La mayor?a de los entrevistados se identific? como trotskista y reconoci? como referentes pol?ticos a Marx, Lenin, Trotsky y el Che Guevara. Eran chicos y chicas que tienen entre 15 y 18 a?os y que seguramente no han le?do a Marx y que quiz? consideran auspiciosa la liquidaci?n de m?s de 50 millones de personas en aras de una revoluci?n fracasada. La ideologizaci?n de los j?venes, que tanto da?o ha hecho y ha causado tanto dolor en la Argentina de tres o cuatro d?cadas atr?s, sigue activa no s?lo en las universidades, sino tambi?n en los colegios secundarios. Pues bien, la Doctrina Social de la Iglesia constituye el mejor ant?doto contra la ideologizaci?n, y no s?lo de los j?venes, porque responde con la verdad de la caridad y con la caridad de la verdad al apasionado deseo de justicia que anida en el coraz?n de todo hombre y mujer de buena voluntad.

Quiera el Se?or que este Congreso sea un jal?n importante en el camino que desde hace diez a?os recorremos en la implementaci?n de nuestra pastoral social. Esperamos que, con la bendici?n divina, sirva para que muchos platenses se animen a estudiar la ???Doctrina Social Cat?lica y se comprometan a promover su aplicaci?n.?

Mons H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata??


Publicado por verdenaranja @ 23:45  | Hablan los obispos
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