Mi?rcoles, 06 de octubre de 2010

Reflexi?n de monse?or Jorge Casaretto, obispo de San Isidro (1 de septiembre de 2010). (AICA)

EL MOMENTO ACTUAL

Hace pocos d?as rele?a un texto escrito por el P. Ren? Voillaume en diciembre de 1956, comentando las palabras de Jes?s ?? si no se hacen como ni?os no entrar?n en el reino de los cielos?.? Al respecto afirmaba ?? podemos hacer mucho en forma de obras de caridad, de actividades, de abnegaci?n, etc., sin disposici?n del coraz?n y del alma de un peque?o? Dios exige de nosotros la humildad, la sencillez y solo ella nos ayudar? a vencer nuestro amor propio, el apego a nuestras ideas personales, a nuestra personalidad orgullosa y ego?sta??

Este texto me sugiri? las siguientes reflexiones.

La Iglesia pasa por un momento de prueba. Convicciones tan profundas como el amor por la vida, por toda la vida ya concebida, por el matrimonio y la familia, son puestas en rid?culo como si fueran concepciones retr?gradas.

Actitudes aisladas, de car?cter transgresor, se presentan como ejemplo de valent?a, autonom?a y de personalidad desarrollada. La desobediencia parece ser una virtud y una vida ordenada se asemeja a lo aburrido y anticuado.

?Podr?amos los miembros de la Iglesia renunciar a nuestras convicciones m?s profundas sin traicionar a Jes?s y el Evangelio? ?Podr?amos parcializar el mensaje de Jes?s tomando de ?l s?lo nuestra preocupaci?n por los pobres porque parecer?a ser que esto es lo ?nico que le cae bien a la cultura actual?. En todo caso esta esencial preocupaci?n nunca deber?a estar motivada por ?el quedar bien?, sino por el amor a Jes?s, presente en la debilidad de cada persona.

Ciertamente ni estamos en el momento m?s dif?cil de la historia ni en el peor tiempo para los miembros de la Iglesia. Pero sin duda son momentos complejos, desafiantes, de ?mucho movimiento? y la tentaci?n de respuestas no-evang?licas puede aparecer frecuentemente.

?Qu? significa en momentos como estos hacernos como ni?os? La primera respuesta puede sonar ?muy espiritual?, pero creo que lo que espont?neamente se le ocurre a un ni?o ante un peligro es refugiarse en los brazos de su padre y de su madre. Esto significa: debemos rezar m?s, buscar m?s a Dios para implorar la luz necesaria para ver, como el ciego le ped?a a Jes?s: ??Se?or que vea?.? Gracias a Dios tenemos fe y esto significa confianza en que ??l estar? siempre con nosotros, hasta el fin del mundo?. Por eso los caminos y las respuestas y sobre todo las actitudes adecuadas para el tiempo, solo ?l nos las puede revelar.

Debemos tambi?n huir de la tentaci?n de enojarnos. ?Qu? f?cil que es victimizarse cuando las cosas no nos salen bien!. En todo caso Benedicto XVI lo ha dicho con toda claridad: los principales problemas de la Iglesia no nos han venido desde afuera sino que han sido primordialmente nuestros propios pecados.

La cultura actual no s?lo nos muestra la adversidad de muchos hacia la Iglesia. Tambi?n se dan dimensiones muy positivas, exigencia de sinceridad y transparencia, un tiempo al que no le gusta el ocultismo, la arrogancia y el hablar con altivez. Es para nosotros un tiempo de purificaci?n. Y esto que normalmente nosotros le pedimos al mundo, hoy estamos llamados particularmente a vivirlo nosotros mismos. Purificaci?n es sin?nimo de conversi?n, de aut?nticos cambios que nos inserten con m?s fuerza en el evangelio.

Y por supuesto, nada m?s alejado del mismo Evangelio que cualquier respuesta que incluya un m?nimo de matiz violento. Lejos de nosotros los tonos hirientes, el desprecio o la iron?a.

?Pero qu? hacer entonces? ?Dejar que lo que consideramos err?neo o falso se imponga contando con nuestra pasividad o indiferencia? ?Callar lo que nosotros consideramos verdades que nos han sido legadas por Jes?s?

Por supuesto que son afirmaciones obvias que de por s? se responden por la negativa. No podemos ser infieles y traicionar nuestros principios. Cristo en su Pasi?n tuvo algunos momentos de fuertes afirmaciones y otros de silencio. Lo que prim? en ?l fue la b?squeda de la voluntad del Padre que lo llev? a ser el humilde servidor de la Humanidad.

La fidelidad a nuestros principios implica no s?lo la proclamaci?n de nuestras verdades, sino tambi?n un estilo evang?lico de proponerlas. Por eso creo que es ante todo tiempo de testimonios. De ser testigos vivos. Esto significa que la respuesta pasa principalmente por encarnar el Evangelio en nuestra vida. No vamos a ser m?s cre?bles por multiplicar nuestras declaraciones (aunque no podamos dejar de emitirlas). El testimonio de sacerdotes entregados, de consagrados serviciales y de familias alegres y gozosas de ser fieles y fecundas, creo que es lo primero.

Y como no podemos dejar de decir lo que creemos, debemos encontrar el modo de proclamar con humildad nuestras verdades. Un estilo donde quede claro que por sobretodo estamos guiados y motivados por el amor, que cristianamente hablando, debe llegar hasta el amor a los enemigos. Un amor lleno de respeto hacia todos, aunque consideremos que est?n equivocados. Un amor que discierne entre la verdad y el error, entre el bien y el mal, pero que nunca deja de amar a todos. Un discernimiento que nos ayude a compatibilizar la valent?a de expresar la verdad con la mansedumbre propia de la aut?ntica caridad.

Sin duda es tiempo para los santos. Por eso volvemos nuestra mirada a Jes?s pues solo ?l sabr? inspirar el camino que cada uno de nosotros y su misma Iglesia debe recorrer.

Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro?


Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Hablan los obispos
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