Domingo, 17 de octubre de 2010

Comentario al evangelio del domingo veintinueve del Tiempo Ordinario ? C, publicado en Diario de Avisos el domingo 17 de Octubre de 2010 bajo el ep?grafe DOMINGO CRISTIANO?

El silencio de Dios

Daniel Padilla

El evangelio de hoy es verdaderamente reconfortante, Se?or. T? quer?as convencer a tus disc?pulos "de que ten?an que orar siempre, sin desanimarse; y les propusiste una par?bola". Y la par?bola en cuesti?n fue tan a ras de tierra, tan humana, tan comprensiva con nuestras desesperaciones que, aplicada a m?, me llena de ternura y de c?lida serenidad.

No empleaste argumentos magisteriales, sirvi?ndote de la l?gica. Por ejemplo: diciendo que "Dios existe", que "dependemos absolutamente de El", que, por consiguiente, "as? atrapados, no tenemos m?s remedio que acudir a El". No.

Preferiste utilizar un sencillo, atrevido y conmovedor argumento. Para ello, no tuviste ning?n inconveniente en comparar al Padre-Dios con "un juez despreocupado y sordo", y, al que ora, con "una mujer pesada e incansable". Y ese argumento, Se?or, me reconforta grandemente. Porque te dir? que es cierto: los humanos vemos a Dios, m?s de una vez:

Como un juez injusto que parece hacerse el sordo. Ver?s, Se?or. Cada vez m?s, tenemos todos la impresi?n de que, en este mundo, triunfan los malos y son castigados los buenos. Cada d?a se exhiben m?s provocativamente por ah? los que han amasado riquezas y poder vali?ndose de la explotaci?n a los d?biles, promoviendo la enga?osa y apabullante propaganda que conduce al consumismo, jugando con la ingenuidad de los m?s humildes. Cada d?a est? m?s claro que la opulencia de muchos poderosos est? edificada sobre "la sangre del pobre". Y al rev?s, cada d?a son m?s hirientes los clamores "de las viudas de la ciudad del mundo" que gritan desesperadas: "Haznos justicia, Se?or, frente a nuestro adversario".

Y, mientras tanto, ?T? que haces, Se?or?

Perm?teme que te lo diga. Muchas veces tenemos la impresi?n de que "te haces el sordo", como aquel juez que describiste. Es lo que hemos dado en llamar "el silencio de Dios".

He aqu? un tema al que le dan vueltas los sencillos y le dedican muchas p?ginas los estudiosos: Siendo T? el supremo Juez, ?c?mo podemos compaginar el constante e inmenso sufrimiento de los inocentes con tu desconcertante "silencio"?

Pero, al llegar aqu?, quiero refugiarme otra vez en tu par?bola y agradecerte que nos la hubieras contado. Porque entiendo que, en ella, est? la clave.

Esta pobre viuda representa a todos los pobres del mundo, a todos los m?s desvalidos. A los "humillados y ofendidos". Est?n ah?, viven en el mayor desamparo, no son nada, y no tienen tampoco nada.

Pero s?. T? nos dices que tienen una cosa, una sola cosa, un ?nico punto de apoyo: la oraci?n. Y "con este punto de apoyo -como asegur? Arqu?medes- pueden mover el mundo". Es decir, te pueden mover a Ti. Aunque tardes en contestar, aunque parezca "que te hayas alejado de nosotros", como les dec?a El?as a los sacerdotes de Baal.

A esta conclusi?n quiero llegar. A convencerme de que, tarde o temprano, "nos har?s justicia" y nos escuchar?s, aunque parezcas un juez despreocupado. Lo dijiste bien claramente: "?Creen que Dios no har? justicia a sus elegidos que le gritan d?a y noche?".

No nos aconsejaron, por tanto, mal nuestros padres cuando nos repet?an a cada paso: "T? reza siempre, hijo m?o: al levantarte y al acostarte, al salir de casa, al entrar en la iglesia, al comer y al dormir". Su consejo no era otra cosa que concretar lo que ya hab?as dicho T?, Se?or: "Pidan y recibir?n, busquen y hallar?n, llamen y se les abrir?"??


Publicado por verdenaranja @ 9:34  | Espiritualidad
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