Lunes, 18 de octubre de 2010

ZENIT? publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI?el domingo, 3 de Octubre de 2010, ?al presidir la santa misa en el Foro It?lico de la capital siciliana con la participaci?n de 200 mil personas.

?Queridos hermanos y hermanas!
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Es muy grande mi alegr?a al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucarist?a. ?Os saludo a todos con afecto y os agradezco por vuestra calurosa acogida! Saludo en particular a vuestro Pastor, el arzobispo monse?or Paolo Romeo; le agradezco por las expresiones de bienvenida que ha querido dirigirme en nombre de todos, y tambi?n por el significativo don que me ha ofrecido. Saludos tambi?n a los arzobispos y obispos presentes, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los representantes de las asociaciones y de los movimientos eclesiales. Dirijo un deferente saludo al alcalde, el se?or Diego Cammarata, agradecido por el cort?s saludo, a los representantes del Gobierno y a las autoridades civiles y militares, que con su presencia han querido honrar nuestro encuentro. Un agradecimiento especial a quienes ha ofrecido generosamente su colaboraci?n para la organizaci?n y preparaci?n de esta jornada.
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?Queridos amigos! Mi visita se realiza en ocasi?n de una importante reuni?n eclesial regional de los j?venes y de las familias, a quienes encontrar? en la tarde. Pero he venido tambi?n a compartir con vosotros alegr?as y esperanzas, fatigas y compromisos, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. Cuando los antiguos griegos atracaron en esta zona, como lo ha recordado el alcalde en su saludo, la llamaron "Panormo", es decir, "todo puerto": un nombre que quer?a indicar seguridad, paz y serenidad. Viniendo por primera vez entre vosotros, mi augurio es que en verdad, esta Ciudad, inspir?ndose en los valores m?s aut?nticos de su historia y su tradici?n, sepa siempre realizar para sus habitantes, as? como para toda la Naci?n, el auspicio de serenidad y de paz sintetizado en su nombre.
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S? que en Palermo, as? como en toda Sicilia, no faltan las dificultades, los problemas y las preocupaciones: pienso, en particular, en quienes viven concretamente su existencia en condiciones de precariedad, a causa de la falta de trabajo, de la incertidumbre por el futuro, del sufrimiento f?sico y moral y, como ha recordado el arzobispo, a causa del crimen organizado. Hoy estoy en medio de vosotros para dar testimonio de mi cercan?a y de mi recuerdo en la oraci?n. Estoy aqu? para daros un fuerte aliento para no tener miedo de testimoniar con claridad los valores humanos y cristianos, tan profundamente enraizados en la fe y en la historia de este territorio y de su poblaci?n.
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Queridos hermanos y hermanas, cada asamblea lit?rgica es espacio de la presencia de Dios. Reunidos para la Sagrada Eucarist?a, los disc?pulos del Se?or son sumergidos en el sacrificio redentor de Cristo, proclaman que ?l ha resucitado, est? vivo y es dador de la vida, y dan testimonio que su presencia es gracia, fuerza y alegr?a. ?Abramos el coraz?n a su palabra y acojamos el don de su presencia! Todos los textos de la liturgia de este domingo nos hablan de la fe, que es el fundamento de toda la vida cristiana. Jes?s ha educado a sus disc?pulos para crecer en la fe, a creer y a confiar siempre en ?l, para construir sobre la roca la propia vida. Por esto ello le piden: "Aum?ntanos la fe" (Lc 17,6). Es una bella petici?n que dirigen al Se?or, es la demanda fundamental: los disc?pulos no piden dones materiales, no piden privilegios, sino que piden la gracia de la fe, que oriente e ilumine toda la vida; piden la gracia de reconocer a Dios y poder estar en relaci?n ?ntima con ?l, recibiendo de ?l todos sus dones, inclusive los del coraje, el amor y la esperanza.
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Sin responder directamente a su petici?n, Jes?s recurre a una imagen parad?jica para expresar la incre?ble?vitalidad de la fe. Como una palanca mueve mucho m?s que su propio peso, as? la fe, inclusive una pizca de fe, es capaz de realizar cosas impensables, extraordinarias, como sacar de ra?z un ?rbol grande y transplantarlo en el mar (Ibid.). La fe - fiarse de Cristo, acogerlo, dejar que nos transforme, seguirlo sin reservas - hace posibles las cosas humanamente imposibles, en cualquier realidad. Nos da testimonio el profeta Habacuc en la primera lectura. ?l implora al Se?or a partir de una situaci?n tremenda de violencia, de iniquidad, de opresi?n; y precisamente en esta situaci?n dif?cil y de inseguridad, el profeta introduce una visi?n que ofrece una visi?n del proyecto que Dios est? trazando y realizando en la historia: "El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivir? por su fe" (Hab 2,4). El imp?o, aqu?l que no act?a seg?n la voluntad de Dios, conf?a en el propio poder, pero se apoya en una realidad fr?gil e inconsistente, por ello se doblar?, est? destinado a caer; el justo, en cambio, conf?a en una realidad oculta pero s?lida, conf?a en Dios y por ello tendr? la vida.
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En los siglos pasados la Iglesia que peregrina en Palermo estuvo enriquecida y animada por una fe ferviente, que encontr? su m?s alta y acabada expresi?n en los Santos y Santas. Pienso en Santa Rosal?a, que vosotros vener?is y honr?is y que, desde el monte Pellegrino, vela sobre vuestra Ciudad, de la que es Patrona. No se debe olvidar como vuestro sentido religioso haya siempre inspirado y orientado la vida familiar, alimentando valores, como la capacidad de donaci?n y de solidaridad hacia los otros, especialmente los que sufren, y el innato respeto por la vida, que constituyen una preciosa herencia que se debe custodiar celosamente y se debe impulsar a?n m?s en nuestros d?as. Queridos amigos, ?conservad este precioso tesoro de fe de vuestra Iglesia; que sean siempre los valores cristianos los que gu?en vuestras decisiones y vuestras acciones!
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La segunda parte del Evangelio de hoy presenta otra ense?anza, una ense?anza de humildad, que est? estrechamente ligada a la fe. Jes?s nos invita a ser humildes y pone el ejemplo de un siervo que ha trabajado en los campos. Cuando regresa a casa, el patr?n le pide todav?a de trabajar. Seg?n la mentalidad el tiempo de Jes?s, el patr?n ten?a todo el derecho de hacerlo. El siervo deb?a al patr?n una disponibilidad completa, y el patr?n no se sent?a obligado hac?a ?l porque hab?a cumplido las ?rdenes recibidas. Jes?s nos hace tomar conciencia que, frente a Dios, nos encontramos en una situaci?n semejante: somos siervos de Dios; no somos acreedores frente a ?l, sino que somos siempre deudores, porque debemos todo a ?l, porque todo es un don suyo. Aceptar y hacer su voluntad es la actitud que debemos tener cada d?a, en cada momento de nuestra vida. Ante Dios no debemos presentarnos nunca como quien cree haber hecho un servicio y por ello merece una gran recompensa. Esta es una ilusi?n que puede nacer en todos, tambi?n en las personas que trabajan mucho en el servicio del Se?or, en la Iglesia. Debemos, en cambio, ser conscientes que, en realidad, no hacemos nunca bastante por Dios. Debemos decir, como sugiere Jes?s: "Somos pobres siervos, hemos hecho lo que ten?amos que hacer" (Lc 17,10). Esta es una actitud de humildad que nos pone verdaderamente en nuestro puesto y permite al Se?or ser muy generoso con nosotros. En efecto, en otra parte del Evangelio ?l nos promete que "se ce?ir?, los har? ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servir?" (cfr. Lc 12, 37). Queridos amigos, si hacemos cada d?a la voluntad de Dios, con humildad, sin pretender nada de ?l, ser? Jes?s mismo quien nos sirva, quien nos ayude, quien nos anime, quien nos done fuerza y serenidad.
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Tambi?n el ap?stol Pablo, en la segunda lectura de hoy, habla de la fe. Timoteo es invitado a tener fe y, por medio de ella, a ejercitar la caridad. El disc?pulo es exhortado a reavivar en la fe el don de Dios que hay en ?l por la imposici?n de las manos de Pablo, es decir, el don de la Ordenaci?n, recibido para desarrollar el ministerio apost?lico como colaborador de Pablo (cfr. 2Tim 1,6). ?l no debe dejar apagar este don, sino que debe hacerlo siempre m?s vivo por medio de la fe. Y el Ap?stol a?ade: "Dios no nos ha dado un esp?ritu cobarde, sino un esp?ritu de energ?a, amor y buen juicio" (v. 7).
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?Queridos palermitanos y queridos sicilianos! Vuestra bella isla ha sido una de las primeras regiones de Italia que acogi? la fe de los ap?stoles, recibi? el anuncio de la Palabra de Dios, y adhiri? a la fe de una manera tan generoso que, incluso en medio de las dificultades y persecuciones, ha siempre germinado en ella la flor de la santidad. Sicilia ha sido y es tierra de santos, pertenecientes a toda condici?n de vida, que ha vivido el Evangelio con sencillez e integridad. A vosotros, fieles laicos, os repito: ?no teng?is temor de vivir y testimoniar la fe en los diversos ambientes de la sociedad, en la m?ltiples situaciones de la existencia humana, sobretodo en la m?s dif?ciles!?La fe os da la fuerza de Dios para tener siempre confianza y aliento, para seguir adelante con nuevas decisiones, para emprender las iniciativas necesarias para dar un rostro siempre m?s bello a vuestra tierra. Y cuando encontr?is la oposici?n del mundo, escuchad las palabras del Ap?stol: "No tengas miedo de dar la cara por nuestro Se?or" (v. 8).?Hay que avergonzarse del mal, de lo que ofende a Dios, de lo que ofende al hombre; hay que avergonzarse del mal que se produce a la comunidad civil y religiosa con acciones que buscan quedar ocultas!?La tentaci?n del des?nimo, de la resignaci?n, afecta a quien es d?bil en la fe, a quien confunde el mal con el bien, a quien piensa que ante el mal, con frecuencia profundo, no haya nada que hacer. En cambio, quien est? s?lidamente fundado en la fe, quien tiene plena confianza en Dios y vive en la Iglesia, es capaz de llevar la fuerza sorprendente del Evangelio. As? se comportaron los santos y las santas, florecidos en el curso de los siglos, en Palermo y en toda Sicilia, as? como laicos y sacerdotes de hoy, bien conocidos a vosotros, como por ejemplo el padre Pino Puglisi. Que sean ellos quienes os custodien siempre unidos y alimenten en cada uno el deseo de proclamar, con las palabras y las obras, la presencia y el amor de Cristo. Pueblo de Sicilia, ?mira con esperanza tu futuro! ?Haz emerger en toda su luz el bien que quieres, que buscas y que tienes! ?Vive con valent?a los valores del Evangelio para hacer resplandecer la luz del bien! ?Con la fuerza de Dios todo es posible! Que la Madre de Cristo, la Virgen Odigitria, tan venerada por vosotros, os asista y os conduzca al conocimiento profundo de su Hijo.?
?Amen!?

[?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Habla el Papa
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