Lunes, 18 de octubre de 2010

Homil?a del Nuncio Apost?lico, monse?or Adriano Bernardini, durante la misa central de los festejos jubilares (2 de octubre de 2010). (AICA)

FESTEJOS JUBILARES DEL PRIMER CENTENARIO DE LA ARQUIDI?CESIS DE CORRIENTES

Se?or Arzobispo,
Se?ores Obispos,
Queridos Sacerdotes y Seminaristas,
Se?or Gobernador y Autoridades Civiles y de Seguridad,
Queridos Religiosos y Religiosas,
Todos ustedes aqu? presentes,?

Es con inmensa alegr?a que, desde hace ya un tiempo, he recibido la invitaci?n de Mons. Arzobispo a venir a Corrientes para estar presente en esta solemne Eucarist?a, en ocasi?n de las Celebraciones del primer Centenario de la Di?cesis.

Perm?tanme ahora algunas reflexiones de ocasi?n, tomando como punto de partida el mandamiento del Amor, escuchado en la Liturgia de la Palabra, en la Carta Pastoral, que su Arzobispo les ha dirigido en la Navidad del a?o pasado.

En el segundo punto del citado documento se lee: ?Hace tres a?os empezamos a preparar el Centenario de la creaci?n de la Di?cesis de Corrientes. Entonces se nos invit? a mirar los ?dos amores? que nos acompa?aron desde los primeros tiempos de la Evangelizaci?n: la Cruz de los Milagros y la tierna Madre de Itat?

Queridos hermanos, toda obra grande tiene uno o m?s elementos inspiradores sobre los cuales fundarse y dar entonces vida a grandes realizaciones. Aplicando esto al caso presente, entiendo hablar de la consigna del Mensaje de Cristo y consecuentemente de la vida divina dada a esta Iglesia que peregrina en Corrientes: a sus Padres Evangelizadores y luego a ustedes.

Y aqu? debo referirme sobre todo a los Institutos Religiosos que realizaron la Evangelizaci?n antes que fuese tomada por el clero diocesano. Pasan ante nuestra consideraci?n Congregaciones Religiosas, en un tiempo particularmente florecientes y benem?ritas, como los Padres Franciscanos, los Padres Mercedarios, los Padres Jesuitas, los Padres Dominicanos y otras Congregaciones integradas ya sea por hombres como por mujeres. En todas estaban presentes los dos tesoros, de los que habla la carta pastoral: ?el profundo amor al Crucifijo y la tierna devoci?n a la Madre del Cielo, a Mar?a! Y todo esto profundamente impreso y luego vivido por los correspondientes fundadores y despu?s en los respectivos Institutos.

Sea de ejemplo, entre todos y para todos, la figura y la vida de San Francisco de As?s y de los Padres Franciscanos contempor?neos del Santo y de cuantos han contribuido tan profundamente al nacimiento y luego al desarrollo de esta Iglesia.

Observando cuanto escribe sobre San Francisco su bi?grafo Tommaso da Celano y, m?s precisamente, acerca de su amor al Crucifijo y luego al sufrimiento, leemos: ??la mano del Se?or se pos? sobre Francisco y la diestra del Alt?simo lo transform? golpeado por una larga enfermedad, comenz? a cambiar su mundo interior formado por los ideales ef?meros del mundo? renuncia a preparativos militares?.

Durante un viaje a la cercana Foligno vende cuanto posee, incluso el caballo. Es su ?no? al pasado, si bien todav?a no tiene en claro a qu? deber? decir su ?si?.

Acerc?ndose a As?s, se encuentra con una iglesia muy antigua y en ruinas, dedicada a San Dami?n. Vi?ndola en aquellas miserables condiciones sinti? que se le estrechaba el coraz?n. Encontrando a su pobre sacerdote, con gran fe le besa las manos consagradas y le ofrece dinero, qued?ndose a vivir con ?l.

El Crucifijo de aquella Iglesia ser? su gran amor y sobre todo ser? su gu?a.

Seguir? la renuncia a todo bien paterno ante el Obispo de As?s, quit?ndose los vestidos, ofreci?ndose ?hermano universal?: la renuncia a toda posesi?n y a todo poder, su ser desnudo e indefenso a la medida de Cristo en la Cruz.

Como bien pueden comprender no se trata de una elecci?n de sobriedad, tan importante y necesaria entonces como hoy, sino de una l?gica ?derivada del Crucifijo- que parece subversiva ante los arribismos y la avidez de este mundo. No es la popularidad lo que cuenta, ni el ?xito o el dinero, ?sino la desnuda verdad de lo que somos ante Dios y para los otros! Y es precisamente esta libertad de lo esencial lo que acerca Francisco y sus seguidores a todos y lo hace ??persona inquietante para todos!?

Y es particularmente en San Dami?n que Francisco recibe del Crucificado la invitaci?n: ??Ve y repara mi casa!?. Una casa que no era ya la iglesita donde se encontraba, sino toda la Iglesia, la cual atravesaba un per?odo signado de mundanidad y pruebas. Era necesario volverla al aut?ntico Mensaje Evang?lico.

Francisco se entrega por completo a la escuela de Jes?s Crucificado y aprende la humildad. L?gicamente la provocaci?n es muy fuerte. Su modo de vivir comenz? a fascinar a los j?venes de As?s, a tal punto que varios de ellos lo siguieron, provocando la reacci?n de los poderosos de As?s que ve?an vaciarse la ciudad.

Ser? precisamente este meterse en la escuela del Crucificado que ?siguiendo siempre a su bi?grafo Tommaso da Celano- se transformar? ?l mismo en crucificado, al punto que, encontr?ndose sobre el monte de la Verna, recibi? los sagrados estigmas: ?El ardor del deseo lo arrebataba en Dios y un tierno sentimiento de compasi?n lo transformaba en Aquel que quiere ser crucificado? rezando a un costado del monte vio la figura de un seraf?n descender de la sumidad de los cielos y lo transform? en el retrato visible de Cristo Jes?s Crucificado?.

La misma transformaci?n fue obrada en Francisco por el amor a Mar?a, hasta llegar a ser el sost?n fundamental de su misi?n: un amor femenino que hab?a comenzado en la vida disoluta de los primeros a?os de juventud y que se hab?a concentrado en la figura de la madre, que lo proteg?a en los momentos de dificultad del padre. Luego se hab?a vuelto religiosamente idealista con la joven Clara. Y finalmente hab?a encontrado en Mar?a la plena realizaci?n y reposo.

En la imitaci?n de estas grandes figuras los evangelizadores de los primeros y de los ?ltimos siglos han vivido estos dos grandes amores: amor al Crucificado y a Mar?a. Y es cuanto desean que hagamos nosotros mismos.

Hoy ?y precisamente en ocasi?n del Centenario? debemos expresar nuestra gratitud. Gracias a Dios y a los operadores de su bondad.

El hombre, beneficiado por Dios, debe abrirse a la alabanza, al agradecimiento y al testimonio. No s?lo quien ha recibido un milagro en el sentido estricto de la palabra. Todos nosotros, de distintas maneras, hemos sido tantas veces visitados por Dios y hemos experimentado tangiblemente su presencia y su poder.

Por otra parte nuestra vida es un continuo milagro y manifestaci?n del amor de Dios. Lo creamos o no lo creamos, nosotros somos seres finitos y, como tales, no podemos subsistir sin recibir nuestro ser, continuamente, de un ?ser infinito?. Dios hace esto, pens?ndonos con amor instante a instante. En el momento que no lo hiciese m?s, ?nosotros volver?amos a la nada! De aqu? podemos comprender con qu? amor nos ama.

Debemos ?dar gracias?. ?C?mo? Jes?s mismo nos ha indicado la manera. Para El agradecer significa decir ?si? al Padre. Y este sentimiento ?ntimo de Jes?s se difunde en todas sus acciones y hace de fondo a cada oraci?n. Antes de cada acci?n importante Jes?s ?da gracias al Padre? (Jn. 6,11; 11, 41).

En la vida de Jes?s hay un particular rendimiento de Gracias, cuando ?Tom? el pan, dio gracias, lo parti? y lo dio a sus disc?pulos diciendo: Esto es mi cuerpo? (Lc. 22,19). Y piensen: en aquel momento estaba por ser traicionado y matado: ??dio gracias?!.

El agradecimiento dado por Jes?s al Padre en aquella noche, al cortar el pan, debe ser tan intenso, tan conmovedor y quiz? tan sufrido que se imprime de manera indeleble en la memoria de los presentes.

La Iglesia recogiendo esta herencia, llam? a aquel rito y a su memoria ?eucarist?a?, es decir acci?n de gracias. De t?rmino com?n ?eucarist?a? se convierte en t?rmino t?cnico, casi como decir que todo agradecimiento a Dios est? contenido en aquel agradecimiento y toma sentido de ?l. Y es lo que ahora estamos haciendo nosotros como momento central de esta solemne celebraci?n del Centenario.

Queridos fieles, despu?s de haber reflexionado sobre la Eucarist?a como ?rendimiento de gracias?, nos es ofrecida la posibilidad de vivirla.

Tambi?n nosotros tomamos el pan y, al celebrar este primer Centenario, damos gracias a Dios: un ?gracias? colectivo, coral como una sola y grande familia ?la verdadera y aut?ntica familia que vive su vida en Cristo- reunida alrededor de la mesa, con los ojos vueltos al Padre y que con reconocimiento le dice:

- ?gracias por el milagro de la vida, nacida de un matrimonio ?como t? mandas?!

- gracias por el gran don de una familia y quiz? de tantos amigos que nos son cercanos como hermanos;

- gracias por el Mensaje de Cristo que has dado a tu Iglesia que peregrina en Corrientes con la obra de tantos Misioneros del Evangelio;

- gracias por habernos hecho comprender que solamente el amor evang?lico puede dar una plena realizaci?n tanto a la persona como a la sociedad: una sociedad cimentada sobre el odio y la venganza, sobre todo entre aquellos que deber?an dar paz y armon?a, terminar? destruy?ndose;

- gracias por habernos dado a Jes?s como hermano y con el todo bien inimaginable;

- gracias por la esperanza y la caridad que has difundido en nuestros corazones mediante el Esp?ritu que nos has donado;

- gracias por los ?dos amores?, que nos has dado: una Madre, en la ?tierna Madre de Itat? y un hermano, que nos ha amado tanto hasta sufrir sobre una cruz para salvarnos y representado en la ?Cruz de los Milagros?;

- gracias, por ?ltimo y simplemente, porque nos permites llamarte ??Abba, Padre!?

As? sea.

Monse?or Adriano Bernardini, Nuncio Apost?lico en la Argentina??


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Homil?as
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