Martes, 19 de octubre de 2010

Carta del Papa Benedicto XVI enviada ?a los seminaristas de todo el mundo, el18 de Octubre, ?d?a en que la Iglesia recuerda a San Lucas el evangelista y tras la conclusi?n del A?o Sacerdotal.?
Lunes 18 de octubre de 2010?

En la Fiesta de San Lucas el Evangelista en la conclusi?n del A?o Sacerdotal
18 de octubre 2010

Queridos seminaristas:

En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compa??a nos pregunt? a cada uno qu? quer?amos ser en el futuro. Respond? que quer?a ser sacerdote cat?lico. El subteniente replic?: Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas. Yo sab?a que esta "nueva Alemania" estaba llegando a su fin y, que despu?s de las devastaciones tan enormes que aquella locura hab?a tra?do al Pa?s, habr?a m?s que nunca necesidad de sacerdotes. Hoy la situaci?n es completamente distinta. Pero tambi?n ahora hay mucha gente que, de una u otra forma, piensa que el sacerdocio cat?lico no es una "profesi?n" con futuro, sino que pertenece m?s bien al pasado. Vosotros, queridos amigos, hab?is decidido entrar en el seminario y, por tanto, os hab?is puesto en camino hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia cat?lica, en contra de estas objeciones y opiniones. Hab?is hecho bien. Porque los hombres, tambi?n en la ?poca del dominio tecnol?gico del mundo y de la globalizaci?n, seguir?n teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos re?ne en la Iglesia universal, para aprender con ?l y por medio de ?l la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera. Donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vac?a; todo es insuficiente. El hombre busca despu?s refugio en el alcohol o en la violencia, que cada vez amenaza m?s a la juventud. Dios est? vivo. Nos ha creado y, por tanto, nos conoce a todos. Es tan grande que tiene tiempo para nuestras peque?as cosas: "Hasta los pelos de vuestra cabeza est?n contados". Dios est? vivo, y necesita hombres que vivan para ?l y que lo lleven a los dem?s. S?, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, ma?ana y siempre.

El seminario es una comunidad en camino hacia el servicio sacerdotal. Con esto, ya he dicho algo muy importante: no se llega a ser sacerdote solo. Hace falta la "comunidad de disc?pulos", el grupo de los que quieren servir a la Iglesia de todos. Con esta carta quisiera poner de relieve -mirando tambi?n hacia atr?s, a mis d?as en el seminario- algunos elementos importantes para estos a?os en los que os encontr?is en camino.

1. Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un "hombre de Dios", como lo describe san Pablo (1 Tm 6,11). Para nosotros, Dios no es una hip?tesis lejana, no es un desconocido que se ha retirado despu?s del "big bang". Dios se ha manifestado en Jesucristo. En el rostro de Jesucristo vemos el rostro de Dios. En sus palabras escuchamos al mismo Dios que nos habla. Por eso, lo m?s importante en el camino hacia el sacerdocio, y durante toda la vida sacerdotal, es la relaci?n personal con Dios en Jesucristo. El sacerdote no es el administrador de una asociaci?n, que intenta mantenerla e incrementar el n?mero de sus miembros. Es el mensajero de Dios entre los hombres. Quiere llevarlos a Dios, y que as? crezca la comuni?n entre ellos. Por esto, queridos amigos, es tan importante que aprend?is a vivir en contacto permanente con Dios. Cuando el Se?or dice: "Orad en todo momento", l?gicamente no nos est? pidiendo que recitemos continuamente oraciones, sino que nunca perdamos el trato interior con Dios. Ejercitarse en este trato es el sentido de nuestra oraci?n. Por esto es importante que el d?a se inicie y concluya con la oraci?n. Que escuchemos a Dios en la lectura de la Escritura. Que le contemos nuestros deseos y esperanzas, nuestras alegr?as y sufrimientos, nuestros errores y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello, y que de esta manera est? siempre ante nuestros ojos como punto de referencia en nuestra vida. As? nos hacemos m?s sensibles a nuestros errores y aprendemos a esforzarnos por mejorar; pero, adem?s, nos hacemos m?s sensibles a todo lo hermoso y bueno que recibimos cada d?a como si fuera algo obvio, y crece nuestra gratitud. Y con la gratitud aumenta la alegr?a porque Dios est? cerca de nosotros y podemos servirlo.

2. Para nosotros, Dios no es s?lo una palabra. En los sacramentos, ?l se nos da en persona, a trav?s de realidades corporales. La Eucarist?a es el centro de nuestra relaci?n con Dios y de la configuraci?n de nuestra vida. Celebrarla con participaci?n interior y encontrar de esta manera a Cristo en persona, debe ser el centro de cada una de nuestras jornadas. San Cipriano ha interpretado la petici?n del Evangelio: "Danos hoy nuestro pan de cada d?a", diciendo, entre otras cosas, que "nuestro" pan, el pan que como cristianos recibimos en la Iglesia, es el mismo Se?or Sacramentado. En la petici?n del Padrenuestro pedimos, por tanto, que ?l nos d? cada d?a este pan "nuestro"; que ?ste sea siempre el alimento de nuestra vida. Que Cristo resucitado, que se nos da en la Eucarist?a, modele de verdad toda nuestra vida con el esplendor de su amor divino. Para celebrar bien la Eucarist?a, es necesario tambi?n que aprendamos a conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresi?n concreta. En la liturgia rezamos con los fieles de todos los tiempos: pasado, presente y futuro se suman a un ?nico y gran coro de oraci?n. Por mi experiencia personal puedo afirmar que es entusiasmante aprender a entender poco a poco c?mo todo esto ha ido creciendo, cu?nta experiencia de fe hay en la estructura de la liturgia de la Misa, cu?ntas generaciones con su oraci?n la han ido formando.

3. Tambi?n es importante el sacramento de la Penitencia. Me ense?a a mirarme con los ojos de Dios, y me obliga a ser honesto conmigo mismo. Me lleva a la humildad. El Cura de Ars dijo en una ocasi?n: Pens?is que no tiene sentido recibir la absoluci?n hoy, sabiendo que ma?ana cometer?is nuevamente los mismos pecados. Pero -nos dice- Dios mismo olvida en ese momento los pecados de ma?ana, para daros su gracia hoy. Aunque tengamos que combatir continuamente los mismos errores, es importante luchar contra el ofuscamiento del alma y la indiferencia que se resigna ante el hecho de que somos as?. Es importante mantenerse en camino, sin ser escrupulosos, teniendo conciencia agradecida de que Dios siempre est? dispuesto al perd?n. Pero tambi?n sin la indiferencia, que nos hace abandonar la lucha por la santidad y la superaci?n. Cuando recibo el perd?n, aprendo tambi?n a perdonar a los dem?s. Reconociendo mi miseria, llego tambi?n a ser m?s tolerante y comprensivo con las debilidades del pr?jimo.

4. Sabed apreciar tambi?n la piedad popular, que es diferente en las diversas culturas, pero que a fin de cuentas es tambi?n muy parecida, pues el coraz?n del hombre despu?s de todo es el mismo. Es cierto que la piedad popular puede derivar hacia lo irracional y quiz?s tambi?n quedarse en lo externo. Sin embargo, excluirla es completamente err?neo. A trav?s de ella, la fe ha entrado en el coraz?n de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir com?n. Por eso, la piedad popular es un gran patrimonio de la Iglesia. La fe se ha hecho carne y sangre. Ciertamente, la piedad popular tiene siempre que purificarse y apuntar al centro, pero merece todo nuestro aprecio, y hace que nosotros mismos nos integremos plenamente en el "Pueblo de Dios".

5. El tiempo en el seminario es tambi?n, y sobre todo, tiempo de estudio. La fe cristiana tiene una dimensi?n racional e intelectual esencial. Sin esta dimensi?n no ser?a ella misma. Pablo habla de un "modelo de doctrina", a la que fuimos entregados en el bautismo (Rm 6,17). Todos conoc?is las palabras de san Pedro, consideradas por los te?logos medievales como justificaci?n de una teolog?a racional y elaborada cient?ficamente: "Estad siempre prontos para dar raz?n (logos) de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 P 3,15). Una de las tareas principales de los a?os de seminario es capacitaros para dar dichas razones. Os ruego encarecidamente: Estudiad con tes?n. Aprovechad los a?os de estudio. No os arrepentir?is. Es verdad que a veces las materias de estudio parecen muy lejanas de la vida cristiana real y de la atenci?n pastoral. Sin embargo, es un gran error plantear de entrada la cuesti?n en clave pragm?tica: ?Me servir? esto para el futuro? ?Me ser? de utilidad pr?ctica, pastoral? Desde luego no se trata solamente de aprender las cosas meramente pr?cticas, sino de conocer y comprender la estructura interna de la fe en su totalidad, de manera que se convierta en una respuesta a las preguntas de los hombres, que aunque aparentemente cambian en cada generaci?n, en el fondo son las mismas. Por eso, es importante ir m?s all? de las cuestiones coyunturales para captar cu?les son precisamente las verdaderas preguntas y poder entender tambi?n as? las respuestas como aut?nticas repuestas. Es importante conocer a fondo la Sagrada Escritura en su totalidad, en su unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento: la formaci?n de los textos, su peculiaridad literaria, la composici?n gradual de los mismos hasta formar el canon de los libros sagrados, la unidad de su din?mica interna que no se aprecia a primera vista, pero que es la ?nica que da sentido pleno a cada uno de los textos. Es importante conocer a los Padres y los grandes Concilios, en los que la Iglesia ha asimilado, reflexionando y creyendo, las afirmaciones esenciales de la Escritura. Podr?a continuar en este sentido: llamamos dogm?tica a la comprensi?n de cada uno de los contenidos de la fe en su unidad, o mejor, en su simplicidad ?ltima: cada detalle particular, en definitiva, desarrolla la fe en el ?nico Dios, que se manifest? y que sigue manifest?ndose. No es necesario que diga expresamente lo necesario que es estudiar las cuestiones esenciales de la teolog?a moral y de la doctrina social de la Iglesia. Es evidente la importancia que tiene hoy la teolog?a ecum?nica, conocer las diversas comunidades cristianas; es igualmente necesario una orientaci?n fundamental sobre las grandes religiones y, sobre todo, la filosof?a: la comprensi?n de la b?squeda y de las preguntas del hombre, a las que la fe quiere dar respuesta. Pero tambi?n aprended a comprender y -me atrevo a decir- a valorar el derecho can?nico por su necesidad intr?nseca y por su aplicaci?n pr?ctica: una sociedad sin derecho ser?a una sociedad carente de derechos. El derecho es una condici?n del amor. Prefiero no continuar enumerando m?s cosas, pero s? deseo deciros una vez m?s: amad el estudio de la teolog?a y continuadlo con especial sensibilidad, para anclar la teolog?a en la comunidad viva de la Iglesia que, con su autoridad, no es un polo opuesto a la ciencia teol?gica, sino su presupuesto. Sin la Iglesia que cree, la teolog?a deja de ser ella misma y se convierte en un conjunto de disciplinas diversas sin unidad interior.

6. Los a?os de seminario deben ser tambi?n un periodo de maduraci?n humana. Para el sacerdote, que deber? acompa?ar a otros en el camino de la vida y hasta el momento de la muerte, es importante que haya conseguido un equilibrio justo entre coraz?n y mente, raz?n y sentimiento, cuerpo y alma, y que sea humanamente "?ntegro". La tradici?n cristiana siempre ha unido las "virtudes teologales" con las "virtudes cardinales", que brotan de la experiencia humana y de la filosof?a, y ha tenido en cuenta la sana tradici?n ?tica de la humanidad. Pablo dice a los Filipenses de manera muy clara: "Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o m?rito, tenedlo en cuenta" (4,8). En este contexto, se sit?a tambi?n la integraci?n de la sexualidad en el conjunto de la personalidad. La sexualidad es un don del Creador, pero tambi?n una tarea que tiene que ver con el desarrollo del ser humano. Cuando no se integra en la persona, la sexualidad se convierte en algo banal y destructivo. En nuestra sociedad actual se ven muchos ejemplos de esto. Recientemente, hemos constatado con gran dolor que algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de ni?os y j?venes. En lugar de llevar a las personas a una madurez humana y ser un ejemplo para ellos, han provocado con sus abusos un da?o que nos causa profundo dolor y disgusto. Debido a todo esto, muchos podr?n preguntarse, quiz?s tambi?n vosotros, si vale la pena ser sacerdote; si es sensato encaminar la vida por el celibato. Sin embargo, estos abusos, que son absolutamente reprobables, no pueden desacreditar la misi?n sacerdotal, que conserva toda su grandeza y dignidad. Gracias a Dios, todos conocemos sacerdotes convincentes, forjados por su fe, que dan testimonio de c?mo en este estado, en la vida celibataria, se puede vivir una humanidad aut?ntica, pura y madura. Pero lo que ha ocurrido, nos debe hacer m?s vigilantes y atentos, examin?ndonos cuidadosamente a nosotros mismos, delante de Dios, en el camino hacia el sacerdocio, para ver si es ?sta su voluntad para m?. Es tarea de los confesores y de vuestros superiores acompa?aros y ayudaros en este proceso de discernimiento. Un elemento esencial de vuestro camino es practicar las virtudes humanas fundamentales, con la mirada puesta en Dios manifestado en Cristo, dej?ndonos purificar por ?l continuamente.

7. En la actualidad, los comienzos de la vocaci?n sacerdotal son m?s variados y diversos que en el pasado. Con frecuencia, se toma la decisi?n por el sacerdocio en el ejercicio de alguna profesi?n secular. A menudo, surge en las comunidades, especialmente en los movimientos, que propician un encuentro comunitario con Cristo y con su Iglesia, una experiencia espiritual y la alegr?a en el servicio de la fe. La decisi?n tambi?n madura en encuentros totalmente personales con la grandeza y la miseria del ser humano. De este modo, los candidatos al sacerdocio proceden con frecuencia de ?mbitos espirituales completamente diversos. Puede que sea dif?cil reconocer los elementos comunes del futuro enviado y de su itinerario espiritual. Precisamente, por eso, el seminario es importante como comunidad en camino por encima de las diversas formas de espiritualidad. Los movimientos son una cosa magn?fica. Sab?is bien cu?nto los aprecio y quiero como don del Esp?ritu Santo a la Iglesia. Sin embargo, se han de valorar seg?n su apertura a la com?n realidad cat?lica, a la vida de la ?nica y com?n Iglesia de Cristo, que en su diversidad es, en definitiva, una sola. El seminario es el periodo en el que uno aprende con los otros y de los otros. En la convivencia, quiz?s a veces dif?cil, deb?is asimilar la generosidad y la tolerancia, no simplemente soport?ndoos mutuamente, sino enriqueci?ndoos unos a otros, de modo que cada uno pueda aportar sus cualidades particulares al conjunto, mientras todos serv?s a la misma Iglesia, al mismo Se?or. Ser escuela de tolerancia, m?s a?n, de aceptarse y comprenderse en la unidad del Cuerpo de Cristo, es otro elemento importante de los a?os de seminario.

Queridos seminaristas, con estas l?neas he querido mostraros lo mucho que pienso en vosotros, especialmente en estos tiempos dif?ciles, y lo cerca que os tengo en la oraci?n. Rezad tambi?n por m?, para que pueda desempe?ar bien mi servicio, hasta que el Se?or quiera. Conf?o vuestro camino de preparaci?n al sacerdocio a la maternal protecci?n de Mar?a Sant?sima, cuya casa fue escuela de bien y de gracia. A todos os bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Esp?ritu Santo.

Vaticano, 18 de octubre de 2010, Fiesta de San Lucas, evangelista.

Vuestro en el Se?or

BENEDICTUS PP. XVI?


Publicado por verdenaranja @ 0:26  | Habla el Papa
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