Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010

Puntos para la reflexi?n para retiro sacerdotal bajo el tema general Ministros de la Reconciliaci?n.

AMADOS? ?PARA SIEMPRE!????????????????????????????????????????????????????????????????????????

Durante todo el a?o, sentados mensualmente junto al Maestro, se nos ofrece la ocasi?n de convertir al Sacramento de la Reconciliaci?n en el objeto de nuestros retiros. Es una oportunidad no para estudiar sino para convertir en oraci?n lo que sabemos, lo que hemos experimentado y aquello de lo que somos testigos entorno a este Sacramento. Comencemos por entender su nombre fij?ndonos en los n?meros siguientes del C.E.C.:

1423 Se le denomina sacramento de conversi?n porque realiza sacramentalmente la llamada de Jes?s a la conversi?n (cf Mc 1,15), la vuelta al Padre (cf Lc 15,18) del que el hombre se hab?a alejado por el pecado.

Se denomina sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversi?n, de arrepentimiento y de reparaci?n por parte del cristiano pecador.

1424 Es llamado sacramento de la confesi?n porque la declaraci?n o manifestaci?n, la confesi?n de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es tambi?n una "confesi?n", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.

Se le llama sacramento del perd?n porque, por la absoluci?n sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente "el perd?n y la paz" (OP. f?rmula de la absoluci?n).

Se le denomina sacramento de reconciliaci?n porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: "Dejaos reconciliar con Dios" (2Co 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios est? pronto a responder a la llamada del Se?or: "Ve primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5,24).

Pero no podemos referirnos al Sacramento si antes no mencionamos el marco m?s amplio en el que se encuentra y es que no se entiende el pecado y la necesidad de conversi?n si uno, previamente, no se siente amado. S?lo el amor mueve a la responsabilidad, s?lo el amor Hace posible sentir el dolor de la ofensa al ser amado y s?lo el amor vence el miedo a reconocer la culpa y pedir perd?n. Cualquiera otra motivaci?n que no afecte a los sentimientos quedar?a en un foro externo que podr?a cambiar las formas en cuanto a la apariencia pero nunca cambiar?a las actitudes que es de lo que se trata.

Por eso, en este primer retiro, comencemos por sentirnos en la presencia del Amado. San Juan afirma que DIOS ES AMOR (Un 4, 8) y nosotros lo hemos experimentado y predicado en infinidad de ocasiones... iAhora disfrut?moslo!

En su presencia recordemos todo aquello que nos ha regalado en nuestra vida hasta este momento... Ejercitemos la memoria para dar gracias por situaciones, personas, dificultades, alegr?as, logros, proyectos... iY por su llamada a este ministerio!

S?, toda nuestra vida se ha ido conformando a favor de un proyecto primigenio, escondido hasta para nosotros y al que hemos respondido afirmativamente. Todo ha sucedido para nuestro bien e incluso las dificultades seguro que han desvelado el proyecto de Dios sobre nosotros en momentos de rutina y nos han curtido para responder un s? consciente y radical.

En Cursillos de Cristiandad, a este ejercicio, se le denomina la pel?cula de tu vida y, en el fondo se pretende que los cursillistas busquen su verdad y se conozcan m?s y mejor a s? mismos para luego hacerles caer en la cuenta de aquellos episodios que, consciente o inconscientemente, han intentado borrar porque se averg?enzan de ellos, episodios que son sin?nimo de pecado y que por no sanarlos les impide vivir en libertad y experimentar la aut?ntica felicidad que s?lo la gracia de Dios puede dar.

?Podr? pasarnos algo de eso a nosotros? Si en el momento de la Adoraci?n contempl?ramos la pel?cula de nuestra vida sin cortes, ?encontrar?amos secuencias codificadas que los dem?s no conocen porque no se las dejamos ver pero que, en el fondo, est?n condicionando nuestra realizaci?n personal y nuestra entrega como sacerdotes?

Hay pedagogos que hablan del banco de niebla para referirse a una estrategia que consiste en aislar las personas o situaciones adversas que me producen ansiedad y que no consigo cambiar en una especie de niebla que me hace vivir como si no existieran. Pero est? claro que en la vida normal y sobre temas fundamentales este recurso no es v?lido, m?s bien puede resultar peligroso. Sin embargo, a veces caemos en la trampa de aislar lo que hemos hecho o nos ha sucedido de negativo como si consigui?ramos mantenerlo siempre al margen hasta que, casi siempre inoportunamente, flota en la superficie de nuestra vida provocando nuevos da?os que, cada vez, cuesta m?s aislar y disimular.

Es verdad que hemos sido amados, tambi?n lo es que hemos sido reconciliados en el Bautismo pero, como ya indicaba alg?n Santo Padre, necesitamos una "segunda tabla (de salvaci?n) despu?s del naufragio que es la p?rdida de la gracia''', donde agarrarnos cuando nos sentimos perdidos y con miedo a ahogarnos... La experiencia personal y pastoral nos demuestra que existe la concupiscencia de la que habl?bamos en nuestra formaci?n te?rica. Una concupiscencia que nos inclina al pecado y que, a veces, le gana la batalla a nuestra voluntad...

Sin embargo, no debe ser motivo de negatividad tener esta experiencia, antes bien es oportunidad de ser humildes y colaboradores valientes de la Gracia. S?, porque ?qu? valor tendr?a una vida en la que no costase ser fiel? ?Qu? pasi?n tendr?a una existencia en la que no pudi?semos hablar de radicalidad frente a mediocridad? ?Qu? felicidad ofrecer?a un amor que no costara ser correspondido? ?C?mo contemplar el amor crucificado sin tener ning?n sacrificio que ofrecerle? Por eso dice el Catecismo, en el n? 1426 que [...] la vida nueva recibida en la iniciaci?n cristiana no suprimi? la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinaci?n al pecado que la tradici?n llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversi?n con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Se?or no cesa de llamarnos (cf DS 1545; LG 40)."

Los obispos espa?oles en la Instrucci?n Pastoral sobre la Penitencia titulada Dejaos reconciliar con Dios, publicada el a?o 1989, incidiendo en esta misma idea, afirmaron en su n?mero 22b: "Confundidos por la p?rdida del sentido del pecado, los hombres de hoy, tienen necesidad de volver a escuchar, como dirigida personalmente a cada uno, la advertencia de San Juan: `si dij?ramos que no tenemos pecado nos enga?ar?amos a nosotros mismos'. Esto destruye las ilusiones que a veces nos hacemos de nosotros mismos como si fu?semos justos y sin pecado, y nos urge a no eximirnos de nuestra responsabilidad en nuestra propia culpa, a no minimizarla o a exculparla con tanta facilidad como ocurre cuando nuestras culpas las atribuimos a los otros, al medio, a la herencia y predisposiciones, a las estructuras y circunstancias exteriores".

Llegados a este punto, ojal? la humildad haya vencido a la autosuficiencia pues la grandeza de nuestra vocaci?n va en vasijas de barro como afirma 5. Pablo en 2Cor 4, 7.

Sentirnos as? nos capacita para entender el Amor de Dios por nosotros, que siempre ser? lo m?s importante, pues lo contrario nos har?a da?o. ?l nos ama porque conoce nuestro barro (is 29, 16 y Edo 33, 13), al que ?l mismo ha ido dando forma. El C.E.C. en su n?mero 1428 lo describe as?: "Este esfuerzo de conversi?n no es s?lo una obra humana. Es el movimiento del "coraz?n contrito" (Sal 51,19), atra?do y movido por la gracia (cf In 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 In 4,10)."

Pero, adem?s, la humildad unida a la Gracia del Sacramento del Orden, nos capacita para entender y amar a quien peca ?como nosotros! Al pecado se le rechaza y se le combate pero al pecador se le acoge y se le invita a la reconciliaci?n y eso s?lo es posible si, como nos sucede a nosotros, el pecador se siente amado por quien encarna sacramentalmente el Amor de Dios. Por eso, las preguntas son inevitables: ?Somos conscientes de nuestra responsabilidad como "rostro cercano de Dios"? ?C?mo es nuestra acogida con aquellos que "no son, no piensan o no act?an como nosotros"? ?Somos "agentes de reconciliaci?n" en nuestros ambientes dentro y fuera de la Iglesia? ?Podr?amos contarle ejemplos a Quien de verdad nos conoce y sabe lo que hacemos y pensamos? Dejemos, pues, un tiempo de silencio frente al Maestro para que su presencia y su mirada nos afecten.

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CED?MOSLE, UNA VEZ M?S, EL TRONO DE NUESTRO CORAZ?N CONSAGRADO


Publicado por verdenaranja @ 17:44  | A?o Sacerdotal
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