Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010

ZENIT????nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el lunes 4 de Octubre de 2010?a los obispos de las regiones Norte 1 y Noroeste de Brasil, a quienes recibi? con motivo de su visita ad Limina Apostolorum.

Queridos hermanos en el Episcopado,

Con mucha satisfacci?n os doy la bienvenida, Pastores de las regiones Norte 1 y Noroeste de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, con ocasi?n de vuestra visita ad Limina Apostolorum. Agradezco a monse?or Moacyr Grechi por sus amables palabras y por los sentimientos expresados en vuestro nombre, al tiempo que os aseguro que os tengo presente diariamente en mis oraciones, pidiendo al Cielo que sustente y haga fecundos los esfuerzos que hac?is ? muchas veces careciendo de medios adecuados ? para llevar la Buena Nueva de Jes?s a todos los puntos de la selva amaz?nica, conscientes de que "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4).

Dios puede realizar esta salvaci?n por v?as extraordinarias que solamente ?l conoce. Sin embargo, si su Hijo vino, fue precisamente para mostrarnos, con su palabra y su vida, los caminos ordinarios de salvaci?n, y ?l nos mand? a transmitir esta revelaci?n a los dem?s con su propia autoridad. Siendo as?, no podemos eludir este pensamiento: los hombres podr?an salvarse por otras v?as, gracias a la misericordia de Dios, si no se les anuncia el Evangelio; pero ?podr?a yo salvarme si por negligencia, miedo, verg?enza o por seguir ideas falsas, dejara de anunciar?

A veces nos encontramos con esta objeci?n: imponer una verdad, aunque sea la verdad del Evangelio, imponer un camino, aunque sea el de la salvaci?n, no puede ser sino una violaci?n de la libertad religiosa. Me complace transcribir la respuesta pertinente e instructiva que dio a ello el papa Pablo VI: ?Ser?a ciertamente un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evang?lica y la salvaci?n ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer ?sin coacciones, solicitaciones menos rectas o est?mulos indebidos? (131), lejos de ser un atentado contra la libertad religiosa, es un homenaje a esta libertad, a la cual se ofrece la elecci?n de un camino que incluso los no creyentes juzgan noble y exaltante. (...) Este modo respetuoso de proponer la verdad de Cristo y de su reino, m?s que un derecho es un deber del evangelizador. Y es a la vez un derecho de sus hermanos recibir a trav?s de ?l, el anuncio de la Buena Nueva de la salvaci?n? (Exort. ap. Evangelii nuntiandi, 80).

"?Ay de m?, si no anunciase el Evangelio!" (1 Co 9,16) exclamaba el Ap?stol de los gentiles. El deseo de anunciar el Evangelio nace de un coraz?n enamorado de Jes?s, que anhela ardientemente que m?s personas puedan recibir la invitaci?n y participar en el banquete de las Bodas del Hijo de Dios (cf. Mt 22,8-10). De hecho, la misi?n es el desbordamiento de la llama de amor que se inflama en el coraz?n del ser humano, que, al abrirse a la verdad del Evangelio y dejarse transformar por ella, pasa a vivir su vida ? como dec?a san Pablo ? "en la fe del Hijo de Dios que me am? y se entreg? por m?" (Gal 2,20). En consecuencia, la llamada a la misi?n no es algo destinado exclusivamente a un restringido grupo de miembros d la Iglesia, sino un imperativo dirigido a cada bautizado, un elemento esencial de su vocaci?n. Como afirm? el Concilio Vaticano II: la "vocaci?n cristiana es, por su propia naturaleza, vocaci?n al apostolado? (Decr. Apostolicam actuositatem, 2). En este sentido, uno de los compromisos centrales de la V Conferencia del Episcopado Latino-Americano y Caribe?o, que tuve la alegr?a de iniciar en Aparecida, en 2007, fue el de despertar en los cristianos la conciencia de disc?pulos y misioneros, rescatando la dimensi?n misionera de la Iglesia al convocar una ?Misi?n Continental".

Al pensar en los desaf?os que esta propuesta de renovaci?n misionera supone para vosotros, Prelados brasile?os, me viene a la mente la figura del Beato Jos? de Anchieta. A causa de su incansable y generos?sima actividad apost?lica, no exenta de graves peligros, que hizo que la Palabra de Dios se propagase tanto entre los indios como entre los portugueses ? raz?n por la cual desde el momento de su muerte recibi? el ep?teto de Ap?stol de Brasil ? puede servir de modelo para ayudar a vuestras Iglesias particulares a encontrar los caminos para emprender la formaci?n de los disc?pulos misioneros en el esp?ritu de la Conferencia de Aparecida (cf. Documento de Aparecida, 275).

Con todo, los desaf?os del contexto actual podr?an llevar a una visi?n reduccionista del concepto de misi?n. Esta no puede limitarse a una simple b?squeda de nuevas t?cnicas y formas que hagan a la Iglesia m?s atractiva y capaz de vencer la competencia con otros grupos religiosos o con ideolog?as relativistas. La Iglesia no trabaja para ella misma: est? al servicio de Jesucristo; existe para hacer que la Buena Nueva sea accesible para todas las personas. La Iglesia es cat?lica justamente porque invita a todo ser humano a experimentar la nueva existencia en Cristo. La misi?n, por tanto, no es m?s que la consecuencia natural de la propia esencia de la Iglesia, un servicio del ministerio de la uni?n que Cristo quiso llevar a cabo en su cuerpo crucificado.

Esto debe llevar a reflexionar que la desaparici?n del esp?ritu misionero tal vez no se deba tanto a limitaciones y carencias en las formas externas de la acci?n misionera tradicional como al olvido de que la misi?n debe alimentarse de un n?cleo m?s profundo. Este n?cleo es la Eucarist?a. Esta, como presencia del amor humano-divino de Jesucristo, supone continuamente el paso de Jes?s a los hombres que ser?n sus miembros, que ser?n ellos mismos Eucarist?a. En suma, para que la Misi?n Continental sea realmente eficaz, esta debe partir de la Eucarist?a y llevar a la Eucarist?a.

Amados hermanos, al volver a vuestras di?cesis y prelaturas, os pido que transmit?is a vuestros sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, catequistas y fieles, el saludo afectuoso del Papa, que piensa en todos y reza por todos con gran afecto y firme esperanza. A la intercesi?n del Beato Jos? de Anchieta, que encontraba en el Sagrario el secreto de su eficacia apost?lica, conf?o vuestras personas, vuestras intenciones y prop?sitos pastorales, para que el nombre de Cristo est? siempre presente en el coraz?n y en los labios de cada brasile?o. Con estos sentimientos os acompa?an mi oraci?n y mi Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original portugu?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:49  | Habla el Papa
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