Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010

Homil?a de monse?or Carlos Jos? N??ez, arzobispo de Rosario, en la Fiesta de la Sant?sima Virgen (3 de octubre de 2010). (AICA)

FIESTA DE LA SANT?SIMA VIRGEN DEL ROSARIO

Queridos hermanos y hermanas:

En el marco de la celebraci?n del bicentenario de nuestra Patria, peregrinamos por las calles de nuestra ciudad honrando a la Sant?sima Virgen, Nuestra Se?ora del Rosario del Milagro, y en el d?a de su fiesta veneramos su hist?rica imagen que nos acompa?a desde hace m?s de cuatrocientos a?os.

Al festejar a la Patrona de nuestra Arquidi?cesis, contemplamos a Mar?a Sant?sima como el espejo y modelo de la Iglesia. Espejo en el que la comunidad eclesial debe procurar mirarse constantemente para verificar en qu? medida se parece a ese celestial modelo.

La Virgen Mar?a es ante todo el lugar del encuentro con Dios nuestro Se?or. Es cierto que dicho encuentro se debe ante todo a la iniciativa divina totalmente gratuita y que constituye un regalo impensado e inesperado para ella; pero es igualmente cierto que ese don divino singular?simo encuentra en Mar?a una acogida humilde, pronta, confiada: ?yo soy la servidora del Se?or...? y al mismo tiempo una acogida totalmente agradecida: ?mi alma canta la grandeza del Se?or...? Es el encuentro entre Dios y la humanidad que gracias a Cristo comienza a ser renovada. Es lo que consideramos con admiraci?n en el primer misterio de gozo del santo rosario: la anunciaci?n del ?ngel.

Mar?a es tambi?n el lugar del encuentro entre los hermanos. Es lo que contemplamos en la hermosa escena de la visitaci?n, cuyo relato acabamos de escuchar. Tambi?n este acontecimiento se debe ante todo a la iniciativa de Dios que inspira a la Virgen la? determinaci?n de ir encuentro de Isabel; pero es igualmente cierto que Mar?a toma esa decisi?n con prontitud y generosidad para acompa?ar y asistir a su pariente en los trabajos de su maternidad. Visita y encuentro que son fuente de profunda alegr?a y sobre todo de bendici?n para todos los que est?n all? involucrados.

La Iglesia que est? en nuestra Patria desde antes de su comienzo como Naci?n independiente, ha sido e intenta ser un lugar de encuentro con Dios nuestro Se?or. Como creyentes y como argentinos debemos alegrarnos por ello a la vez que hacernos cargo de esa historia de encuentro, con sus luces y con sus sombras.

El querido y recordado Papa Juan Pablo II, cuando nos dispon?amos a celebrar los quinientos a?os de la evangelizaci?n de nuestro continente, se?alaba que esa obra de testimonio y anuncio ten?a, como toda obra humana, sus luces y sus sombras, pero que -gracias a Dios- las luces eran m?s que las sombras. Tambi?n nosotros podemos hacer una constataci?n semejante en la historia de la Iglesia en nuestro pa?s.

Por otra parte, las sombras que en algunos momentos aparecen con m?s relevancia en la vida de la Iglesia, parad?jicamente, representan la ocasi?n -m?s a?n- la apremiante invitaci?n para una renovaci?n profunda. No debemos dudar que la Providencia divina se servir? de las circunstancias dolorosas que le tocan atravesar a la comunidad eclesial en todo el mundo y en nuestra Patria, para purificarla y fortalecerla.

Permitiendo y acompa?ando esas circunstancias, Dios hace sentir su paternidad y su se?or?o sobre su Iglesia. En nuestros corazones, debe prevalecer la confianza en esa acci?n divina que engendra esperanza y la debe acompa?ar la necesaria humildad que nos mueva a una permanente conversi?n y renovaci?n; la generosidad y la fidelidad que hagan firmes nuestra adhesi?n y nuestra pertenencia cordial a la comunidad eclesial.

La Iglesia ha sido y es tambi?n en nuestra Patria un lugar de encuentro entre los hermanos. En ella, en su seno,? podemos hacer experiencia de la paternidad de Dios que permite superar toda orfandad. ?En Jes?s somos hijos?, venimos proclamando con insistencia desde el lema pastoral que anima nuestra actividad pastoral y procuramos profundizar y comprender esa afirmaci?n fundamental de nuestra fe. Una paternidad, la divina, que engendra aut?ntica fraternidad. Si todos tenemos un mismo Padre, el que est? en los cielos, entonces todos somos hermanos. Una fraternidad que puede vencer toda soledad y desamparo.

Pero en la Argentina nos hemos caracterizado y nos caracterizamos a?n por dar lugar a agudos conflictos que nos han llevado y nos llevan a dolorosos desencuentros y a enfrentamientos con sus secuelas de heridas, de muerte, de desapariciones injustas e inexplicables, con las inevitables secuelas de sufrimientos y resentimientos dif?ciles de curar y de superar.

Frente a esa realidad, como comunidad eclesial que est? en C?rdoba, con sencillez y humildad, pero tambi?n con convicci?n y coherencia estamos desafiados e invitados a renovar el prop?sito de ser lugar del encuentro con Dios y del encuentro entre los hermanos. Tenemos que procurar vivir con autenticidad y constancia los valores evang?licos que promueven una existencia m?s humana, m?s digna, m?s plena y ofrecer ese testimonio y esa posibilidad como un regalo y un signo de esperanza para nuestra ciudad, para nuestra Patria.

El testimonio de una comunidad que construye diariamente una convivencia respetuosa, arm?nica, una verdadera amistad social -m?s a?n- una verdadera fraternidad. Una comunidad que procura respetar y cuidar la vida, toda vida -especialmente la que es m?s fr?gil y vulnerable- y toda la vida, desde su concepci?n hasta su fin natural.

Con ocasi?n de la pr?xima Navidad y del tiempo de adviento que la prepara queremos vivir en nuestra Arquidi?cesis un gesto que podemos llamar ?misionero?. Quisi?ramos que el mayor n?mero posible de los miembros de las diferentes comunidades y no s?lo los agentes pastorales, nos acerc?ramos efectiva y realmente a nuestros vecinos, parientes y amigos con un saludo, concretado en una sencilla tarjeta y en un breve mensaje, que pretende ser una invitaci?n a establecer y desarrollar aut?nticos v?nculos humanos y de fe y a restablecerlos y fortalecerlos donde se hubieran debilitado o interrumpido.

Se trata de algo muy simple, pero que desde la simpat?a, la calidez, m?s a?n la ternura puede engendrar un nuevo clima entre nosotros que permita ulteriores y m?s profundos desarrollos. No olvidemos las ense?anzas de Jes?s acerca de los comienzos humildes del Reino: es como una semilla de mostaza que siendo peque??sima crece hasta convertirse en un arbusto grande; y del dinamismo interno de ese Reino: es como una semilla sembrada que por s? sola, m?s all? de los cuidados del agricultor, crece y en su momento da fruto abundante.

Queremos adem?s, en el marco de esta celebraci?n y como comunidad arquidiocesana, realizar otro gesto y hondamente sentido. Queremos expresar nuestro reconocimiento y agradecimiento a los Bomberos de la Polic?a de C?rdoba y a los Bomberos Voluntarios de la Provincia de C?rdoba, por su servicio abnegado y muchas veces arriesgado en favor de toda la sociedad, asistiendo a las v?ctimas de accidentes y desgracias y combatiendo el flagelo del fuego cuando ?ste pone en peligro vidas humanas y bienes de las personas y de la sociedad.

En la bandera nacional que les entregaremos antes de la bendici?n final, queremos expresarles nuestro reconocimiento y afecto, y manifestarles nuestro aliento para que contin?en su esforzada entrega que es ejemplo para todos nosotros en orden a trabajar por una Patria para todos, sin exclusiones; una Patria de hermanos que la construyen a trav?s del di?logo y del esfuerzo com?n, procurando cultivar una aut?ntica amistad social.

A lo largo de la novena arquidiocesana que hemos realizado en distintas comunidades parroquiales de la ciudad y del interior, hemos recogido intenciones que se han depositado a los pies de la imagen peregrina de la Sant?sima Virgen. Hoy queremos traerlas y ponerlas a los pies de la imagen hist?rica de nuestra Se?ora del Rosario del Milagro y encomendarlas a su coraz?n de Madre, en la seguridad que tendremos en Ella una intercesora cari?osa y eficaz.

A Mar?a Sant?sima le encomendamos nuestra Patria y nos encomendamos todos nosotros para que desde C?rdoba la construyamos como un Patria de hermanos y una Patria para todos. Que as? sea.?

Mons. Carlos Jos? ???ez, arzobispo de C?rdoba?


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Homil?as
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